La Paz, 12 de marzo de 2026 (ANF).- La aprobación del evento de soya transgénica HB4 en Bolivia ha generado preocupación entre investigadores y especialistas en salud, medio ambiente y economía agraria. Tres expertos consultados por ANF advirtieron que, más allá de la promesa de mayor resistencia a la sequía, esta tecnología podría profundizar el uso de herbicidas altamente tóxicos, incrementar la degradación de los suelos y generar riesgos para la salud humana.
El investigador emérito del Instituto Servicios de Laboratorio de Diagnóstico e Investigación en Salud (Seladis) de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), Roger Carvajal, sostuvo que el evento HB4 —desarrollado por la empresa argentina Bioceres— consiste en la inserción de un gen de girasol en la soya para otorgarle tolerancia al estrés hídrico.
Sin embargo, el especialista advirtió que el beneficio técnico es limitado. Según explicó, esta modificación genética apenas incrementa la tolerancia a la sequía en aproximadamente un 15%. “En escenarios de sequías prolongadas de varios meses, ese porcentaje resulta insuficiente para garantizar la supervivencia de los cultivos”, señaló.
Tanto Carvajal como el economista e investigador de la Fundación Tierra, Gonzalo Colque, coincidieron en que el principal riesgo del evento HB4 no reside necesariamente en el gen insertado, sino en el llamado “paquete tecnológico” que acompaña a estas semillas.
Este paquete incluye la resistencia a dos herbicidas: glifosato y glufosinato de amonio. De acuerdo con Carvajal, este último presenta niveles de toxicidad considerablemente mayores.
“El glufosinato actúa como disruptor endocrino y en modelos experimentales se ha asociado con alteraciones reproductivas e incluso abortos”, advirtió el investigador del Seladis. También explicó que el glifosato puede alterar el microbioma intestinal, afectando el equilibrio de bacterias beneficiosas y generando vínculos con enfermedades como cáncer, autismo o insuficiencia renal crónica.
El especialista añadió que los residuos de estos químicos pueden permanecer en la soya y en sus derivados, como el aceite, y llegar indirectamente a la población a través del consumo de carne de animales alimentados con estos granos.

Colque coincidió en que la resistencia al glufosinato es uno de los aspectos menos discutidos del evento HB4. Según explicó, esta característica responde a un problema creciente en los cultivos industriales: la aparición de malezas resistentes a herbicidas utilizados durante años.
“Los productores buscan esta tecnología porque el uso prolongado de semillas transgénicas ha generado malezas cada vez más resistentes a los químicos actuales”, afirmó.
Intereses económicos y degradación ambiental
Desde una perspectiva económica y política, Colque consideró que la aprobación del evento responde más a intereses empresariales que a una estrategia de seguridad alimentaria.
A su juicio, el objetivo principal es reducir costos de producción y aumentar los márgenes de ganancia del sector agroindustrial. “No se trata de mejorar la calidad de los alimentos ni de garantizar la alimentación del país”, señaló.
El investigador también advirtió que el modelo basado en transgénicos tiende a intensificar la explotación de los recursos naturales, acelerando la degradación de los suelos y comprometiendo la productividad a largo plazo.
En una línea similar, el director de Productividad Biosfera Medio Ambiente (Probioma), Miguel Ángel Crespo, afirmó que la expansión de este tipo de eventos está asociada a un incremento sostenido en el uso de agroquímicos.
Según sus estimaciones, el consumo de estos insumos se habría incrementado hasta en un 500% en las últimas décadas, con efectos acumulativos sobre la salud humana y los ecosistemas.
Otro punto de coincidencia entre los especialistas es la falta de evidencia de mejoras sustanciales en el rendimiento agrícola.
Crespo sostuvo que, desde la introducción de la soya transgénica en Bolivia en 2005, los rendimientos se han mantenido en alrededor de dos toneladas por hectárea e incluso han disminuido en algunos casos a 1,8 toneladas.
“Con variedades convencionales se llegaron a obtener rendimientos superiores a tres toneladas por hectárea”, afirmó.
Carvajal atribuyó parte de esta baja productividad a la expansión de cultivos en suelos amazónicos poco aptos para la agricultura intensiva, los cuales tienden a degradarse rápidamente.

Cuestionamientos legales y falta de estudios
Además de las preocupaciones sanitarias y ambientales, los expertos plantearon cuestionamientos sobre el proceso de aprobación del evento.
Crespo sostuvo que autorizar el HB4 mediante decreto o resolución ministerial podría contradecir disposiciones de la Constitución Política del Estado y de la Ley 300 de la Madre Tierra, que establecen restricciones o la reducción progresiva de transgénicos.
Colque, por su parte, advirtió que el procedimiento podría buscar evitar un debate legislativo más amplio. Según señaló, también existiría la intención de validar protocolos internacionales sin realizar estudios propios de bioseguridad en el país.
Ambos especialistas coincidieron en que la ausencia de investigaciones locales limita la capacidad de evaluar los impactos reales del evento en las condiciones ecológicas y productivas de Bolivia.
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