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Opinión

20 de mayo de 2021 15:29

Noticias y recuerdos agridulces

ESCRITORIO 1

No hay derecho. Ni siquiera puedo ventear desánimo que las noticias mueven hacia la sardonia. Imagínense, Superlucho amenaza con declarar la guerra a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), porque se atrevieron a sugerir que revisen la Ley de la Coca, hoja sagrada que no hay que tocar con una pestaña, sino amontonar en el cachete para que fluya la droga. Preocupa la epidemia de hidrofobia por las mordeduras de perros rabiosos. Como no, si cada año aparecen 50.000 canes callejeros más, dicen los titulares. La solución tal vez la dieron comunarios ‘originarios’ del altiplano, que los ahorcaban para asustar a sus enemigos; los rusos los entrenaban para volar los Pánzer alemanes metiéndose entre sus orugas. Una ignorante insta a un ataque demoledor contra los tanques chilenos por apropiar la Diablada en un film. En la andanada de rifles Mauser antiguos que todo aimara tiene bajo la payasa, que es un magro colchón que tiene paja en vez de plumas, deberían incluir al Perú por apropiarse de la danza con máscaras diabólicas. 

Desde que me intrigaron avisos de cholitas “apretitas” de los viernes, no me sorprendió que una red de pervertidos se gane la vida pregonando polleras de trenzas ‘apretitas’, porque lo otro debe estar tan trajinado como la cuesta del santuario de Urkupiña. No sé si es buena o mala noticia, pero autoridades ediles apresuran un contrato de drones para la entrega (‘delivery’) de chicha punateña, sin aclarar si en baldes o tutumas. 

No lo entiendo. En Estados Unidos ya no es obligatorio usar barbijos ni adentro ni afuera. Me confundió porque casi simultáneamente ampliaron la vacunación a grupos de edad de mozalbetes antes inmunes. ¡Pucha!, ahora que disminuyeron las infecciones por besos con lengua (‘kissing disease’), quizá porque el “chunqueo” a través de barbijos es tan insípido como chupar teta con sostén, coinciden bebes y adultos del Movimiento ¡Abajo el Biberón!: (MAB, no confundir con el MAS, que son otros mamones).

Me sumió en depresión la celebración del Día Mundial del Reciclaje, yo que fracasé con una fábrica para convertir papel usado en cartón gris. La precedió el esfuerzo de un periodista optimista que hurgó temas en los que Bolivia está a la cabeza. ¡Dios mío, que mezcolanza! Ya en 1984 un diario español nos situó en la cúspide mundial de golpes de Estado, arriba de Argentina, Haití y Ecuador. Menos de un año después, teníamos la inflación más alta del mundo, apenas superada por la actual Venezuela. En 1997, Transparencia Internacional nos premió en el segundo país más corrupto del mundo, ratificado después por el Índice de Competitividad del Foro Económico Mundial. La ilustre compañía de Nicaragua y Honduras nos ubicó entre los 5 países menos desarrollados de América Latina, con la lejanía de Estados Unidos, será difícil contratar un ‘coyote’ para cruzar el río Grande.

Así como disfrutamos de una tierra de contrastes, se encimó la realidad de coronar a los malnutridos de Latinoamérica, con el liderazgo de la producción de quinua, cacao y castaña. Podemos tener la mayor radiación solar en el altiplano, pero en vez de captar energía solar nos empecinamos en buscar nuevos campos de gas natural. ¿Puede subsistir la mayor biodiversidad de aves en selvas de muñones de árboles quemados para sembrar coca? ¿De qué nos sirve el hierro del Mutún y el litio de salares?: tanto como la plata del Cerro Rico de Potosí. ¿Sabían que el mercurio usado para cosechar oro en los ríos de la Amazonía es veneno? Yo que añoraba una cimbreante carioca, me cuidaré de la variante brasileña del Covid-19. 

Con lo que me cuesta emigrar de mi tristeza, estaba a la pesca de contrastes truculentos, cuando me enteré del deceso de mi amigo Juan Carlos Trigo Loubiere. Tantos recuerdos nos unían, en tiempos de fotos de nuestros niños chapoteando en aguas cristalinas de Los Arroyitos y carne en la parrilla; vellocinos de oro como sembrar piña y encargar a un voluntario a tratar de vender miles de enormes Cayena Lisa en el puente de Calacala. “No puede ser que pasemos los días contando muertas”, dice Paola Barriga, hablando de feminicidios y violaciones devaluadas. Yo extrañare a mi amigo y lo veré, tal vez más temprano que tarde. Eso sí, vestiré luto en el alma y no la ‘giubba’ del payaso de I Pagliacci de la inmortal aria final atribuida a Leoncavallo. ‘Aria’ tiene un origen griego, significando “muy santa”, algo que no distinguía a la esposa del cornudo. Los romanos la trocaron en “melodía” o “canción”, algo más afín con la dulzura de la ‘canzone’ italiana. Recordando al ‘cumpita’, me conmoveré con Andrea Bocelli y su versión de “Me Manque”, porque le echaré de menos y me hará falta.

Winston Estremadoiro

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