Opinión

29 de noviembre de 2019 13:54

No poner el cascabel al gato

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Tanto hablar de que los bolivianos somos pacíficos. Fue después del despertar abrupto de la gente en que terminó el resbalón de Evo Morales. Escapó el dizque “primer presidente indígena de América Latina”, hasta que alguien le “soplara” que fue el mexicano Benito Juárez, que además no era burro ni vivillo. Resbaló de la humilde “chompita” a rayas, a las chaquetas ornadas de adornos, dicen que indígenas de una exclusiva boutique paceña, pasando por estampillas y monedas con su efigie, y el museo ególatra en Orinoca. Encima quería prorrogarse.
           
Varias preguntas quedaron colgando. Como el gallego que en un careo con Jesucristo, le preguntaba “¿qué pasó con la carpintería de José: la vendieron, la alquilaron?, quedé intrigado con una que no era linda como la heroína de Jorge Amado y su novela; tampoco la que hizo pingües negocios con chinos, gracias, tal vez, a revolcones con Evo. Me refería a la ex ministra de Salud, gestora de un servicio universal de salud que ya existía pero que ni camas tenía. Integró el trío que acompañó al fugitivo en el avión militar mexicano: ¿se alojará en la mansión del barrio residencial de Naucalpan, a pesar de la renuencia de sus vecinos de acoger “al delincuente y dictador”? ¿Cuántos guardaespaldas le tocarán?, ¿cuánto le darán si al otrora jefazo le dan pensión de casi $9.000 dólares mensuales?

Lo preocupante es que se conocen varios otros personajillos con nombre y apellido. No hablo del familiar gatillero de un terrorista impostor, ni del monje siniestro formado en aula de milicos leales al “imperio”. Tampoco “queridas” de pollera, falda o alcurnia, que dizque le dieron diez hijos al rijoso mandamás  Ni siquiera las allegadas que estafaron al Estado Plurinacional o robaron a sus congéneres en el Fondo Indígena. La lista es larga, pero dicen que es buena política no “sunchar petos” e imputarles, ya que el Gobierno interino tiene que andar pisando huevos. Sin embargo, como a los perros mal enseñados, si más debilidad se muestra, mayor la saña. A fanáticos interesados no les importan cartas y espadas delictuosas: declaran que el fugitivo prorroguista es su Presidente. No aluden a su presidencia de los cocaleros del Chapare.         
           
Me refiero a una ex ministra, que de cultura del terror debe haber sido al ensamblar bombas en su despacho; a un presunto pirómano de residencias, cuyos dueños se deben preguntar que cuernos tenía que ver la casa de la abuela, u otra que perdió la suya quizá incendiada por leer noticias; a uno de antecedentes de narcotráfico, que se le dio por telefonear a México, quizá al Cartel de Sinaloa ya que habían liberado al hijo del Chapo; ¿Qué tal la ex candidata a diputada de Movimiento al Socialismo (MAS), supuesta instigadora de los despelotes en Montero que ocasionaron la muerte de dos ciudadanos? ¿Llevarán en helicóptero mexicano a la cancha de club de segunda, como a Maradona, al relator deportivo que brincó a embajador en Brasil y representante en la OEA?
           
Encima, los bolivianos gustamos del olor a coca mezclado con falso perfume francés. Los unos son militantes que arrean montoneras de ignorantes. Los otros son politiqueros que insisten a jugar el partido con sesgadas, pero jugosas, reglas. Como siempre, se soslayará la cuestión medular del país: el abismo entre pobres y ricos que divide Bolivia desde antes de que fuera una república.

El candidato del MAS será otro cocalero “originario”. La oposición estará igual de atomizada, como antes del 20-O, ya que la ambición por el poder es mayor que el bien público. ¿Sera que se viene otra pulseta de sándwich bloqueador de militantes masistas y motoqueros “hailones”? Entre medio estarán ciudadanos hambreados e industrias que no pueden llegar con sus productos a las ciudades sitiadas por bloqueos
           
Preocupa que el Presidente electo de Argentina, petitero obediente de impune ladrona, ofrezca allí alojo complaciente al asilado, ya que tal vez la Plaza Garibaldi del D.F. mexicano no agrada la competencia de un grupo boliviano de mariachis, con una ex ministra de solista. En cambio, un gueto de suburbio bonaerense quizá agruparía a sus adláteres como “gobierno en el exilio”, para complotar en contra de quienes no sean afines al Foro de São Paulo, o que no hayan depositado sus riquezas mal habidas en un Banco del Vaticano.

Entonces Chile distraería la atención de sus despelotes, y ocuparía la Casa Rosada (a los uniformados nuestros cualquier turba le quita las armas). Luego vendrían los peruanos, que al igual que el Chile porteliano no deseaba un Alto y Bajo Perú dominantes en el Pacifico, cobrarían agravios pendientes desde 1879. ¿Adónde puede crecer el descuartizado Paraguay sino hacia el Norte? Intervendría Brasil, fagocitando territorios del viejo Antisuyo. Esa fue mi pesadilla de anoche, aclaro.   
           
¿Será que en las espaldas bolivianas se pueden sembrar nabos?

Winston Estremadoiro

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