Opinión

23 de febrero de 2019 14:00

La pavada de lenguas oficiales en Bolivia

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Me intrigó que un lector indicase que mis artículos le enseñaban frases y vocablos que no conocía, de esa mayor parte del territorio boliviano al este de la Cordillera de los Andes. “Es que Bolivia ha sido siempre un país andinocéntrico”, pensé. Es opinión que no me gana simpatías en el medio “colla” donde resido, en que el beniano es el camba bueno, prejuicio contra cambas malos cruceños que no comparto. El bolsillo no me da para un Etiqueta Azul de Evo; igual prefiero el whisky a la chicha valluna o al “chapunato” beniano (coctel de toronja y alcohol Caimán –“ron Lacoste”). 

Divagué sobre las 36 lenguas nativas que fueron declaradas “oficiales” en la Constitución Política del Estado, después de enterarme que 3 lenguas indígenas –Kumsa del norte potosino y las benianas Paunaka y Joaquiniano— gestionan su “reconocimiento oficial” ante el Instituto Plurinacional de Estudio de Lenguas y Culturas (IPELC), para tramitar en la Asamblea Legislativa Plurinacional (APL) y ser incluidas con “una ley corta” a la Carta Magna.

Tres preguntas me inquietaron: ¿será que el capo del IPELC es doctorado lingüista, como el padre Xavier Albó?; ¿será el IPELC otra creación masista para dar pegas a sus leales?; ¿cuántos “padres de la patria” dormirán la digestión del platito de la mañana, durante doctas reuniones de la APL para oficializar otras 3 lenguas a las 36 existentes? Es como tirar plata al pedo.

Es una pavada de este Gobierno, quizá para justificar pegas, que más de 10 países probaron llajua, choclo y chicharrón en el Seminario Internacional Revitalización de Lenguas Indígenas en América Latina”, realizado en Cochabamba en octubre 2018. Su objetivo era “revitalizar las 420 lenguas indígenas que se hablan en Latinoamérica y el Caribe y proteger otras 111 que se encuentran en peligro de desaparecer”. No sirve para nada, pero estará en el libraco fantasioso de logros de Evo.

En 2017 anotaba que hasta el quechua y el aymara están entre las 2.500 lenguas en peligro de extinción, por el auge de los celulares que tiene ocupada a la gente mandando mensajitos. Están en serio peligro Araona, Machineri, Mosetén, Movima, Sirionó, Tapieté, Yaminawa y Yuki; en el borde del precipicio Bésiro, Cavineño, Chácobo, Esse Ejja, Guarayu, Mojeño-ignaciano, Mojeño-trinitario, Puquina, Tacana, Yuracaré y Zamuco. Dos lenguas “oficiales” están extintas: Canichana y Pacahuara.

Sin Harold y Mary Key del Instituto Lingüístico de Verano, no sabría que los “chamas” de mi niñez en Riberalta son los Esse-Ejja de hoy. ¿Es el inglés el lenguaje oficial de ese país de inmigrantes que es EE.UU?; no señor: sus fundadores inferían que era necio oficializar lo que hablaba la mayoría, fueran arrieros españoles, germanos muertos de hambre, o hugonotes proscritos en Francia por su religión. Hace años que el español es la “lingua franca” del país, como aglutina el inglés a la Europa variopinta. Lo habla más del 84 por ciento de Bolivia, así se haya involucionado de un gringo de acento turístico a un indígena atravesado que ni domina su lengua materna.

Las lenguas son medios de comunicación. Tienen sentido si vinculan a varios seres humanos. Son ejemplo de aculturación, del mestizaje que no solo es biológico sino también cultural. Según el uso, permite asimilar palabras como “canoa” del taíno caribeño, que es el idioma nativo que más ha aportado al español, según la British Broadcasting Corporation (BBC). El quid del asunto es que las lenguas son dinámicas, cambiantes. Para difundir la variedad boliviana del español latinoamericano importa más hacer conocer los aportes de nuestra diversidad de lenguas. Hasta hay simbiosis del quechua en el hablar camba; por ejemplo, “puquio”, “sullo”, “pascana”, “caracha” citados por el sabio vallegrandino Hernando Sanabria Fernández. En el habla popular de Santa Cruz, resalta el peso del chané, lengua de los dominados por los belicosos Chiriguanos: “chío”, “curichi”, “tutumo”.

En el dudoso “proceso de cambio” enarbolado por el presente Gobierno, se usa la lengua –no el mayoritario quechua, que ni siquiera sirvió en la Guerra del Chaco como el guaraní, sino el aymara, como medio de dominación política en el medio pluricultural boliviano. Lo que resalta en Bolivia es el plurilingüísmo, donde el español es la “lingua franca”. ¿Acaso en la diversidad boliviana no hay entronque del español con lenguas indígenas? Lo que importa es el habla popular de la variedad boliviana de español, una de media docena de lenguas “hiperconectadas” las llama el lingüista húngaro András Kornai.

En vez de perder tiempo y dinero imponiendo lenguas moribundas, un sistema educativo cibernético debería enfocar singularidades regionales de la variedad boliviana del español.

¿Será que en las espaldas bolivianas se pueden sembrar nabos?

Winston Estremadoiro

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