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Opinión

17 de enero de 2020 08:32

Desafíos para Bolivia II


Recordé al colombiano Orlando Fals Borda y su telesis, la  proyección al futuro, leyendo a Beatriz “Beby” Avalos Ribera y sus “Desafíos para Bolivia” a partir de 2020. Insisto en que positivo es abordar el tema en sí; lo negativo es centrarlo en Santa Cruz de la Sierra. Algún cruceño llega al extremo de clamar por un presidente oriundo de esa ciudad, como si tal fuese una panacea que solucionaría todo. Los bolivianos no quieren ningún centralismo.

La mayoría de los problemas de la babilónica ciudad quizá pueden extrapolarse al país entero. Pero no todos. Ni al país y ni siquiera a su departamento. Para empezar, el prejuicio étnico y la discriminación ocasiona, de ida y vuelta, el desprecio racionalizador en unos, y el rencor divisionista en otros. Debe aminorarse y la clave es la educación.

El calificativo de “bolivianidad” debe reemplazar a otros que identifican regiones como en la España original, y son origen de nuestra invertebrada y vacía Bolivia, plagada por el regionalismo y la defensa a ultranza del campanario local. Como en la madre patria, que al fusionarse con etnias indígenas en lo que se vino a llamar la Audiencia de Charcas, dio origen al país que se llamaría Bolivia, en honor al Libertador Bolívar.

Recuérdese que en el inicio de la República de Bolivia, la capital fue Sucre. Era una alternativa a la inhóspita Potosí, entonces quizá la urbe mundial más variopinta motivada por la ambición de hacer fortuna con el Sumac Orkho del que manaba el mineral plateado como para construir un puente a Madrid, decían, y la explotación inmisericorde de mitayos indígenas. Potosí es la real cuna de la “bolivianidad”, adjetivo preferible a otros localistas. La Ciudad de los 4 Nombres fue desdeñada por el creador de Bolivia, el Mariscal de Ayacucho que prefería Cochabamba, tal vez impelido por criterio geopolítico de su ubicación central en el inmenso territorio de la Audiencia de Charcas, con sus posteriores manchas negras de territorio perdido a países vecinos. La llamada Guerra Civil de fines del siglo 19 fue una pugna entre Sucre y La Paz, cuyas burguesías blandían banderas de dos tipos de minería: plata y estaño.     

La capital oriental es hoy “la locomotora” del país. Así fuera a grosso modo, se disciernen algunos de los factores de la transformación. Su planificación urbana y regional; su conexión carretera con el resto del país, que hoy se conoce como “carretera antigua”, así fuera corrupta en trazo y ejecución; su gobierno regional priorizó también los caminos vinculando sus regiones a su capital; se enfatizaron los servicios básicos, en especial la electricidad. Se acogieron migrantes de todo el país, además de japoneses y menonitas: campeaba su dicho regional “es ley del camba la hospitalidad”.

Fuera incompleta la enumeración de factores del éxito cruceño, sus resultados excedieron toda expectativa. Santa Cruz de la Sierra es hoy la urbe más poblada y pujante de Bolivia. La demanda de servicios en salud, educación y transporte, ha rebasado toda previsión. ¿Mejorarán las deficiencias con un presidente cruceño? No lo creo.

Los reclamos médicos fueron portaestandarte original de la “revolución de las pititas” que hizo escapar a un Evo Morales megalómano. ¿Dejarán de morir los pacientes hacinados en pasillos de hospitales sin camas, remedios y equipos? Se necesita la voluntad de un Gobierno electo limpiamente, con ayuda internacional para disminuir los alarmantes índices de morbilidad y mortalidad.

La construcción de caminos es otra olla podrida. Aun no están identificados y entre rejas “Cotapati”, “Alvarín”, “M. Estenssoro”, etc., y  sus secuaces en la repartija delincuencial de “coimisiones” por tramos carreteros, evidenciada en emails. ¿A cuánto asciende el perjuicio al país por los sobreprecios en la mayoría de obras camineras adjudicadas “a dedo” a nuevos “bandeirantes” brasileños y chinos? Si Bolivia es un país pobre, ¿por qué engordar un transporte caminero con vías asesinas, teniendo miles de kilómetros de ríos navegables?
           
Hay salidas portuarias por Ilo y Matarani, por Arica y Antofagasta. Una vía transcontinental que vincule el Océano Pacífico con el Atlántico es una prioridad continental. Sin embargo, una gran salida marítima por la Hidrovía Paraguay-Paraná necesita a Puerto Busch, que ni países ni empresas tienen amigos, solo intereses.
           
Tal vez es otro el nudo gordiano que deba cortar la espada alejandrina. No es aplacando a los ladrones que mermarán los robos. Aplacar es otra forma de postergar. Para curar tumor canceroso hay que extirparlo. La condescendencia simplemente pospone para el futuro la confrontación de un régimen autoritario basado en negociados grandes, corruptelas menores, contrabando y narcotráfico, y un modelo democrático donde el objetivo es el bien de la gente, de todos los bolivianos.

Winston Estremadoiro

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