Opinión

11 de junio de 2018 17:35

Dos cartas a favor de Gustavo Gutiérrez


El 9 de marzo de 1984, el teólogo alemán Karl Rahner de 80 años, tuvo que ser hospitalizado en Innsbruck por una grave deficiencia circulatoria. Allí desde el hospital dirigió un escrito  a la Conferencia Episcopal Peruana a favor de Gustavo Gutiérrez y de la teología de la liberación. El día 30 de marzo Rahner falleció. Este escrito último es como su testamento teológico.

Meses después, el 6 de agosto de1984, el Cardenal Josef Ratzinger, Prefecto de la Doctrina de la fe, publicó un documento muy crítico sobre las teología de la liberación, en el cual, aunque no se citaban nombres, la figura de Gustavo Gutiérrez, su iniciador, quedaba seriamente cuestionada.

Han pasado 34 años y el Papa Francisco el 29 de mayo de 2018 escribe una carta a Gustavo Gutiérrez para felicitarle con ocasión de cumplir 90 años el 8 de junio de este año. En esta carta Francisco agradece a Dios y a Gustavo “por cuanto has contribuido a la Iglesia y a la humanidad a través de tu servicio teológico y de tu amor preferencial por los pobres y descartados”.  

¿Qué ha sucedido en este lapso de tiempo? Gustavo- ahora dominico- durante estos años ha respondido a los cuestionamientos  y acusaciones que le hacían sobre el uso de las ciencias sociales, y en especial del marxismo, en su teología, ha explicado sus afirmaciones, pero no ha hecho marcha atrás de sus intuiciones  y ha ido profundizando su pensamiento sobre el Dios de la vida, la opción por los insignificantes, la inhumana y antievangélica pobreza actual, se ha preguntado dónde dormirán hoy los pobres, ha presentado la figura ejemplar de Bartolomé de Las Casas que fue en busca de los pobres de Jesucristo, ha procurado beber del propio pozo de la realidad de lágrimas y sangre de los pobres y ha orientado su teología a la evangelización y a la Iglesia.

A pesar de ello hay quienes siguen sospechando de la ortodoxia de la teología de la liberación, a Gustavo no se le ha permitido pronunciar conferencias en su Lima natal, otros opinan que afortunadamente la teología  de la liberación ya ha muerto, aunque Gustavo responde con humor que a él que es su padre, no le han invitado al entierro…

¿Qué pensaran ahora estos críticos después de este testimonio positivo y fraterno de Francisco sobre Gustavo Gutiérrez y su obra teológica al servicio de la Iglesia y de la humanidad? ¿Se habrá enterado de esta carta rehabilitadora de Gustavo el anciano Benedicto XVI, recluido en un monasterio contemplativo de la Ciudad del Vaticano?

En todo caso hay que afirmar que el viejo Rahner fue muy lúcido y noble, aunque la teología de Gustavo era muy diferente de la suya y en el fondo la cuestionaba. Y que la Iglesia, en medio de sus noches oscuras y de sus inviernos eclesiales y aunque parezca que Jesús duerme en la barca, es conducida  por el Espíritu del Señor a una verdad cada vez más plena. Y que el escuchar el clamor de los pobres es una señal de garantía evangélica para la teología.

Gracias, Francisco y felicidades, Gustavo.

Víctor Codina, S.J.