Opinión

9 de julio de 2018 12:41

Evo Morales y los signos de la impopularidad


No es aconsejable creer en la propaganda de uno mismo porque se corre el riesgo de terminar preso del mundo ficticio que uno ha creado. La impopularidad de Evo Morales es un hecho inocultable, excepto para los miembros del gobierno. Esta pérdida de popularidad es llamativa si se recuerda la votación alcanzada por Morales en las elecciones de hace sólo cinco años atrás; aunque resulta previsible a la luz de los métodos de gobierno ejercido.

Decir que el método de gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) tiene en la mentira, el engaño y la prepotencia sus técnicas preferidas no es una exageración. Paralelamente a estos métodos, las fundadas constantes denuncias de corrupción en todas las esferas de gobierno, son minimizadas por el Poder Ejecutivo, los Medios estatales y para-estatales. Ello, claro, no anula los actos de corrupción y ni siquiera alcanza para modificar la imagen de gobierno corrupto, instalado en el imaginario colectivo. Además de la corrupción debe sumarse el nepotismo (denunciado con fundamentos por parte de los partidos de oposición) como otra de las formas de gobernar del MAS y el uso de bienes del Estado para fines privados (como lo demostró nada menos que el Fiscal General, organizando una fiesta privada en las instalaciones de la Fiscalía de la Nación). La manera de gobernar del MAS falta el respeto a todo el país y se complementa con la desinstitucionalización llevada a cabo, la politización de la Justicia para perseguir a opositores y asaltar gobiernos municipales adversos al MAS y (como si se tratara de wasch and clean) cubrir con un manto de impunidad a militantes, altos funcionarios y aliados. Desde el punto de vista de los principios que -demagógicamente, claro- pregonaba el MAS hace década y media, resulta claro que destacan el engaño, la traición y la mentira como características de esta manera de gobernar.

¿Alguien puede poner en duda ahora las razones por las cuales, en apenas una década el MAS despilfarrara la alta disponibilidad social, transformando la popularidad de Morales en impopularidad? En lo que interesa en política, hay que señalar que una primera consecuencia de la manera prepotente y antidemocrática de gobernar, es la pérdida de confianza de la ciudadanía en el gobierno. Como se sabe, la confianza es en política un bien demasiado valioso, que cuando se la pierde, resulta casi imposible de recuperarla. Es como un vaso de cristal que se quiebra; no se lo recupera jamás. Puede reemplazárselo con un nuevo vaso, pero ya no será el mismo. Desde una perspectiva positiva, la confianza es el cemento que consolida todo movimiento social de envergadura nacional y sostiene liderazgos políticos, con viabilidad de ser gobierno. El invisible hilo entre confianza y desconfianza marca en gran medida la diferencia entre aceptación y rechazo, entre popularidad e impopularidad. Por ello, en política, la confianza es una de las condiciones para lograr adhesiones.

Algo que debería tenerse presente es que la política es la ciencia de la agregación; se agregan sectores sociales, demandas sociales, actores políticos. Estas agregaciones, a la vez, no serían posible sin el consenso alcanzado entre los agregados, entre los adheridos. Consenso que se logra por medio de acuerdos y no silenciando la opinión de quienes se pretende congregar. Hablamos de los supuestos democráticos de la política, entendida ésta como la práctica de crear permanentemente consensos. Sencillamente todas estas consideraciones se encuentran ausentes en la práctica del gobernante MAS y, al contrario, lo que este partido pretende a título de “nueva democracia”, es el control vertical de sindicatos, agrupaciones ciudadanas, instituciones defensoras de los Derechos Humanos, como ya lo hicieran las viejas prácticas ensayadas, a lo largo de la historia, por todos gobiernos totalitarios del mundo. En el colmo de la falta de sentido democrático y como si estuvieran empecinados por incrementar su impopularidad, al gobierno de Evo Morales no se le ha ocurrido ahora nada mejor que solidarizarse con Rafael Correa, ex-presidente del Ecuador y prófugo de la justicia de su país. Esta absurda solidaridad ha provocado innecesarios -y desde todo punto de vista evitables- roces con el gobierno de Lenin Moreno. El resultado de ese manotazo al vacío es el incremento del aislamiento internacional del actual gobierno boliviano.

Así, al final tenemos por tanto, según dijimos, la pérdida de popularidad de Evo Morales. A tal punto es este hecho notorio que, en su desesperación, el gobierno se lanza a la tarea de forzar “invitaciones” para que Morales acuda a cualquier evento internacional, como la inauguración del campeonato mundial de fútbol en Rusia o la consagración de nuevos cardenales, en el Vaticano. Para bien de la democracia, esta suerte de virtuales auto-invitaciones no logran recuperar la popularidad de Morales dentro del país y, al contrario, incrementan precisamente su impopularidad. A nadie se le pasa por alto que aquellas auto-invitaciones tienen lugar precisamente en los momentos en que cualquier conflicto social pone contra las cuerdas al gobierno.

Omar Qamasa Guzman Boutier