Opinión

16 de octubre de 2018 10:28

Santa Nazaria Ignacia

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El Papa Francisco, el 14 de octubre de 2018, ha proclamado Santa a la Beata Nazaria Ignacia March, fundadora de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia. Aunque nacida en Madrid, España, el 10 de enero de 1889, se la considera boliviana de corazón, ya que fue en Oruro donde sintió el llamado de Jesús a fundar una congregación religiosa, solidaria con la población boliviana, especialmente con las mujeres pobres y desamparadas.

Nazaria era la cuarta hija, de un total de 11 hermanos, de Don José, empresario, y de Doña Nazaria. A los seis años la familia se trasladó a Sevilla. Allí ella y su hermana melliza ingresaron en el Colegio de las Agustinas Comendadoras del Espíritu Santo, despertándose en Nazaria el deseo de ser “misionero jesuita” para ir a lejanas tierras siguiendo el ejemplo de San Francisco Javier.

A los nueve años recibió la Primera Comunión. En la víspera quiso pasar la noche en vela orando, pero se durmió y en sueños vio a Jesús cargando con la cruz que la llamaba a caminar con Él. Nazaria le respondió: “Te seguiré Señor lo más cerca que pueda una humana criatura”, marcando así la trayectoria de toda su vida. En octubre de 1902 ingresó como laica a la Tercera Orden de San Francisco.

En 1905 por razones económicas la familia March se trasladó a México. Allí en 1908 Nazaria ingresó en la Congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. Volvió a España para hacer el noviciado y los primeros votos. Regresó a México y a finales de 1912 fue destinada con algunas hermanas a Oruro, ciudad minera de Bolivia, para fundar un asilo de ancianos. Allí emitió sus votos perpetuos el 1 de enero de 1915.

Nazaria, según la costumbre las Hermanitas, salía a la calle para pedir limosna y poder atender a los ancianitos internos. En estas salidas Nazaria vio la lacerante situación en la que vivía la gran parte de la población orureña, especialmente las mujeres, a causa de la pobreza: el analfabetismo, la desocupación y la marginación que afectaba. A todo eso se añadía la ignorancia religiosa.

Nazaria, durante unos ejercicios espirituales en 1920, sintió el llamado del Señor crucificado que le llamaba para fundar una nueva congregación religiosa femenina, la primera en Bolivia. En una visita al Beaterio de las Nazarenas, que era una antigua propiedad de los jesuitas, expatriados en 1767, ella experimentó una gran repugnancia interior y deseos de salir pronto de la casa en ruinas. Pero escuchó que Jesús Nazareno le decía: “Nazaria, tú serás fundadora y esta casa será tu primer convento”.

Durante unos años ella se resistió a ese llamado, pensando que era una tentación, pero el Señor la fue guiando hacia el nuevo camino. El carisma fundacional, inspirado por el mismo Jesús y también por Santa Catalina de Siena y San Ignacio de Loyola, impulsó a Nazaria a iniciar una cruzada de amor con la finalidad de defender a la Iglesia bajo la autoridad del Papa “el dulce Cristo en la tierra”. Con la aquiescencia del Sr. Internuncio Apostólico y de los Obispos de Oruro y de La Paz, Nazaria dejó a las Hermanitas de los Ancianos Desamparados e inició la fundación de una nueva congregación religiosa con el nombre de Misioneras de la Cruzada Pontificia.

En esta nueva congregación, además del amor a Cristo y a la Virgen María, sobresale el amor a la Iglesia, a su cabeza visible, el Papa, traducido en la acción evangelizadora, expresada en la fórmula de la profesión religiosa. A los tres votos clásicos de pobreza, castidad y obediencia, se añaden los votos de obediencia al Papa para mayor unión con él y de trabajar por la unión y extensión del Reino. El objetivo y las metas propuestas por Nazaria fueron audaces: “Buscar la gloria de Dios y la salvación de las almas mediante la propagación del Evangelio, en cuanto sea permitido al sexo femenino, formando un nuevo sacerdocio, un nuevo apostolado o diaconado femenino”.

El nuevo instituto era “esencialmente misionero” y no estaba limitado a un sólo campo de acción, sino que las hermanas cumplirán lo que los Obispos diocesanos les ordenen para mejor servir a la Iglesia. De esta manera Nazaria lanzó la consigna de “salir a la calle”, lema novedoso en las congregaciones religiosas femeninas, hasta entonces más centradas en la vida conventual y en obras concretas de educación o de atención sanitaria.

Con la aprobación de la Santa Sede, el Obispo de Oruro, Mons. Abel Antezana, erigió canónicamente el nuevo instituto en 1927. Las hermanas atendían a las niñas y daban clase a las mujeres pobres en una escuela nocturna y en un taller de costura. También enseñaban el catecismo en las parroquias y en las cárceles, Para paliar el hambre fundaron la “Olla del Pobre”. En 1934 Nazaria impulsó la creación del primer “Sindicato de obreras” en Latinoamérica bajo el nombre de “Liga Católica de Damas Bolivianas” que tenía como finalidad el mejoramiento religioso, moral, cultural y económico de las mujeres obreras empobrecidas.

La nueva congregación religiosa comenzó a crecer, abriéndose comunidades en La Paz, Cochabamba, Potosí y Santa Cruz de la Sierra. Luego Nazaria viajó a Buenos Aires y Uruguay, abriendo allí nuevas casas. A pesar de su quebrantada salud en 1935 viajo a España en 1935, formando nuevas comunidades en Málaga, en Madrid y en otros lugares. En 1936, año en que estalló la guerra civil española, Ella y otras compañeras estuvieron a punto de ser fusiladas por los soldados republicanos, pero gracias a Dios fueron acogidas en la Legación de Bolivia donde permanecieron siete meses retornando luego a Buenos Aires, donde Nazaria fue reelegida como Superiora General, trasladando allí la Casa General.

En 1939, terminada la guerra civil española, retornó de nuevo a España consolidando la fundación en ese país. En 1942 retorna a Buenos Aires a celebrar el Capítulo General. Pero su salud se fue deteriorando y tuvo que ser hospitalizada ya que se agravó su enfermedad cardiaca crónica, complicada con una pulmonía, que le obligó a quedarse en cama lagos meses. Rodeada de sus religiosas y novicias murió santamente el 6 de julio de 1943, a los 54 años de edad. La nueva Congregación fue reconocida por la Santa Sede en 1947 con el nombre de “Misioneras Cruzadas de la Iglesia”.

Los restos de la Madre Nazaria permanecieron en Buenos Aires y en 1972 fueron trasladados a Oruro a la casa donde Jesús la había llamado para seguirle. Su cadáver permaneció incorrupto muchos años, siendo un lugar de incesante peregrinación. Las Misioneras iniciaron el proceso de canonización de Nazaria en 1985. El Papa Juan Pablo II en 1988 aprobó la vida de Nazaria como ejemplo de virtudes heroicas, tanto teologales como cardinales y religiosas. Después de ser aprobado una primera curación milagrosa, atribuible a la intercesión de Nazaria, el Papa la proclamó Beata en Roma el 27 de septiembre de 1992, celebrándose su festividad el 6 de julio.

En 2015 se inició en Cochabamba el examen de un presunto milagro atribuible a la intercesión de la Beata, enviada a Roma toda la documentación, la Congregación para la Causa de los Santos dio su parecer positivo. El Papa Francisco ha procedido a canonizarla el 14 de octubre de 2018. Con ello tenemos la inmensa alegría de venerar a Santa Nazaria Ignacia quien con su vida ejemplar santificó las tierras bolivianas, sudamericanas, españolas con proyección a la India y a África, donde también se ha expandido la Congregación de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia.

Miguel Manzanera, S.J.

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