Opinión

16 de agosto de 2021 10:24

Asunción de la Virgen María

ANF-728x90px-Inscripciones (1)

Al leer los evangelios muchas personas cristianas nos preguntamos: ¿Qué sucedió con la Virgen María, después de que su hijo Jesús muriese en la muerte en la cruz de su hijo Jesús? Tal como narra Juan en su Evangelio,  Jesús crucificado, ya cercano a la muerte, viendo desolados al pie de la cruz a María y a Juan, éste todavía jovencito, les anexó como su nueva familia. María, a la que llamaba “Mujer”, quedó constituida como la Madre de Juan, mientras que éste, su discípulo amado, será ahora también hijo de María. Este breve diálogo se cierra declarando que desde ese momento el apóstol Juan la acogió en su casa (Juan 19, 27).

Esta última frase nos hace preguntar: ¿Cómo se explica que Juan, quien con su hermano Santiago y su padre Zebedeo eran pescadores en el lago de Galilea, tuviesen una casa en Jerusalén? Cabe explicar que los Zebedeo vendían el pescado sobre todo en Jerusalén, un lugar adecuado debido a los numerosos peregrinos que allí acudían durante todo el año.

En los cuatro evangelios se narra cómo Jesús, la víspera de su pasión y muerte en la cruz, quiso celebrar en esa casa la “última cena”,  donde consagraría el pan y el vino, convirtiéndolos en su Cuerpo y su Sangre que dio a comer y beber a sus apóstoles. Después de la muerte de Jesús allí se reunirían los apóstoles con la Virgen María, con algunas mujeres y con los llamados “hermanos”, más bien hermanastros,  de Jesús, formando una nueva comunidad espiritual sobre la cual descendió la Rúaj Divina (Espíritu Santo) el día de Pentecostés a los 50 días de la Pascua, para iluminarles y fortalecerlos para formar la primera comunidad cristiana apostólica (Hechos 1,12-14).

Lógicamente  esa casa donde se reunieron pasó a ser un importante lugar de reunión y de evangelización. María, la madre de Jesús, habría vivido allí juntamente con Juan, tal como el mismo Jesús les encargó. Pero poco tiempo después, hacia el año 42, el Rey Herodes Agripa I para congraciarse con los judíos recrudeció la persecución contra los cristianos e hizo decapitar a Santiago, el hermano de Juan, y tomó preso a Pedro (Hechos 12,1-9).

Según algunos relatos creíbles, ante esa cruenta persecución, Juan y María  salieron de Jerusalén y marcharon a Éfeso, ciudad cultural pujante del Asia Menor, actualmente Turquía, a orillas del Mediterráneo.  Éfeso tenía fama en la antigüedad por vivir algunos filósofos griegos, entre ellos Parménides y Heráclito. Éste último subrayó la importancia del Logos divino, al cual se refiere Juan en el prólogo a su evangelio (Juan 1), como el Hijo Unigénito de Dios Padre. También el apóstol Pablo evangelizó en Éfeso,  formándose allí  una vigorosa comunidad cristiana a quien dirige su valiosa Carta a los Efesios

Según otros documentos antiguos, la Virgen María hacia el año 47, unos 14 años después de la muerte de su Hijo Jesús, presintiendo el final de su vida en la tierra, quiso regresar a  Jerusalén, el lugar de la crucifixión y muerte de su hijo Jesús. Se conservan antiguos escritos que narran el final de la vida terrena de María en una casa en el Monte Sión de Jerusalén donde luego se construyó la llamada “Basílica de la Dormición”.

En Jerusalén, no lejos del huerto de los Olivos, se venera también una capilla con una sepultura vacía, donde relatos antiguos fue depositado el cuerpo de la Virgen, aunque luego desapareció. Ya desde tiempos antiguos, la Iglesia Católica comprendió que la Virgen María no murió, sino que fue llevada en cuerpo y alma a los cielos por el mismo Jesús con sus ángeles.

Siglos después en el año 431, Éfeso fue la sede de un importante concilio cristiano que reconoció a la Virgen María como la “Theotokos”, literalmente la “Deipara” o sea “la que parió a Dios”, que popularmente era llamada la “Madre de Dios”. Ya en tiempos recientes se fueron descubriendo en las afueras de Éfeso valiosos restos arqueológicos cristianos, incluyendo dos iglesias cristianas del siglo IV, dedicadas una a Juan y otra a María. También se encontró la Casa donde vivió la Virgen María con el apóstol Juan, que luego ha pasado a ser un importante lugar  de peregrinación  para los cristianos e incluso también para los mahometanos quienes  según el mismo Corán, veneran con gran devoción a María, la Madre de Jesús.

Merece destacar que Ana Catalina de Emmerich, gran mística alemana, nacida en 1774,  fallecida en 1824 y declarada “Beata” por el Papa Juan Pablo II el 3 de octubre de 2004. Años antes de morir dictó a un escritor muchas revelaciones milagrosas sobre la Virgen en Éfeso, que luego han podido ser reconocidas como valiosas por los investigadores.  

Ante la petición de muchos creyentes católicos el Papa Pío XII en 1950 proclamó el dogma de la Asunción de María a los cielos: “La Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”. El Papa Benedicto XVI, retomando el Concilio Vaticano II, afirmó en el año 2012: "María asunta al cielo, con su múltiple intercesión continúa a obtener para nosotros los dones de la salvación eterna. Con su maternal caridad cuida de los hermanos de su Hijo que todavía peregrinan y se debaten entre peligros y dificultades, hasta que no sean conducidos a la patria bienaventurada". En un próximo artículo veremos cómo la Iglesia Católica celebra actualmente  el día 22 de agosto a la Virgen María Asunta como Reina.

Miguel Manzanera, S.J.

Opinión

Noticias