Opinión

24 de julio de 2017 19:00

La peste de los bloqueos


La peste de los bloqueos de caminos ha sido uno de los aportes más importantes con que ha contribuido el Movimiento al Socialismo (MAS) a la política nacional. Antes de su nacimiento como partido, el MAS ya tenía como arma contundente bloquear la economía nacional y S.E. – por entonces desconocido diputado cocalero – iba perfeccionando, día a día, los métodos para hacer efectivos los cercos camineros y provocar enfrentamientos con la fuerza pública, que pudiera darle réditos políticos. Los réditos no eran otros que las muertes de ambos lados en las carreteras, lo que producía conmoción en la opinión y críticas contra los gobiernos de turno y no contra sus promotores.

Pero los inventores han tenido que probar de su propio veneno y resulta que ahora que la popularidad del gobierno de  S.E. está en caída libre, hay bloqueos y marchas todos los días, como esta que provocan los productores de coca de la comunidad de Colomi, que han obstruido, desde el lunes pasado, las dos vías carreteras entre Santa Cruz y Cochabamba y que la noche del jueves ha sido abierta al tráfico una de ellas, sólo por unas cuantas horas, porque se anuncian nuevos cercos. Con la tregua se salvan de morir de hambre quienes estaban atrapados desde hace cuatro días. Un favor temporal que hacen los cocaleros de Colomi y que, seguramente, habrá que pagarlo otorgándoles, al final, permiso para que se agreguen al rentable negocio de la coca, que es lo que anhelan con desesperación.

El muerto en la carretera a raíz del impacto de una “canica” que le perforó órnanos vitales ya no cuenta ante el éxito del bloqueo. Bolivia debe ser el único país en el mundo – herencia del MAS – donde se habla de bloqueos exitosos, marchas victoriosas, y huelgas de hambre absolutas (aunque nadie ha perecido de hambre hasta ahora). Esos son nuestros únicos grandes triunfos políticos internos en lo que va del siglo, donde el debate y el conocimiento están ausentes y sólo vale la capacidad de movilización, la resistencia, y la pasividad de un gobierno acorralado, acobardado, que se sabe inspirador y culpable de estos métodos salvajes para que el país se paralice periódicamente. ¿Cómo se van a abrir paso con autoridad en los cercos si ellos, los masistas, los han alentado y santificado?

Es imposible entender cómo una nación puede progresar a este paso. A nadie en el exterior le cabe en la cabeza que un país pueda subsistir con bloqueos diarios. Si se levanta una estadística veremos que todos los días hay o un bloqueo o una marcha o una huelga de hambre. Lo absurdo es que los llamados movimientos sociales (algunos partidarios del gobierno) paralizan una ciudad pero también las exportaciones nacionales por exigencias de grupo, por intereses que no tienen nada que ver con el progreso de la nación. Se bloquea, se marcha, o se realizan los paros “movilizados”, por cuestiones mezquinas y abusivas.

En el caso cruceño, por ejemplo, durante estos últimos días hemos estado absolutamente cercados en nuestras vías carreteras hacia el occidente del país y por tanto hacia los puertos del Pacífico. Y sitiados, por el sur, en la única ruta de transporte pesado hacia la Argentina y los puertos del Atlántico. En Colomi, más de mil camiones y furgones con mercadería y buses con pasajeros, detenidos a la fuerza, produjeron una cola de tres kilómetros en la carretera nueva Santa Cruz-Cochabamba. No sabemos cuántos serían los tractos y buses entrampados en la zona de Camiri, al sur. 

Si tanto nos quejamos porque la Aduana chilena se declara en huelga y nuestro transporte tiene que sufrir las graves consecuencias de no poder llevar su cargamento hasta los barcos que esperan en los muelles, ¿cómo es posible que admitamos que en nuestro propio territorio unos cocaleros ambiciosos de dinero fácil o algunas personas descontentas que exigen el cambio de un alcalde nos produzcan el mismo daño? Según nuestros gobernantes, los chilenos violan el Tratado de 1904, lo que es inaceptable por supuesto, pero tanto los cocaleros chapareños como los alborotadores de Camiri están violando la Constitución Política del Estado. Lo primero escapa a las manos del Gobierno, pero lo segundo, no. El orden interior está en sus manos. 

El vicepresidente viene a Santa Cruz a sus periódicas reuniones con los empresarios privados para contarles cuentos y ofrecerles todo tipo de garantías. Y por supuesto para manifestar la novedad de que los chilenos nos hacen perder sumas fabulosas de dinero con sus huelgas, pero no dice nada de las pérdidas que ocasionan los cocaleros con sus bloqueos. Un país sumido en tan terrible caos no puede aspirar a ser la primer economía latinoamericana ni ejemplo para nadie, como afirma el oficialismo.

Por Manfredo Kempff