Opinión

12 de julio de 2018 15:56

El "fiscalato" contra Mesa


Hace algunos años escribí en este periódico que el “fiscalato” era el instrumento más canallesco que había creado el MAS para cometer sus fechorías. El “fiscalato” no es otra cosa que un aparato represor que no deja heridas, ni magulladuras, ni viudas, sino la muerte civil. El fiscal es el personaje de mayor poder que ha creado el MAS, pero para que le obedezca en todo, sin chistar, sin revisar códigos, ni menos la Constitución.

Bolivia había sido un país de matones cuando se trataba de hacer política. Las dictaduras militares y civiles se valieron de esbirros que sacaban a los opositores de la cama, les daban reverendas palizas, y los menos afortunados iban a dar con sus huesos a campos de concentración o se quedaban presos en las mazmorras de la represión. Ahora, no pegan patadas ni puñetazos, no rompen huesos torturando, no invaden domicilios en la noche; ahora quiebran la moral o tratan de hacerlo. Hoy reducen al enemigo con la ley en la mano, a través de los incondicionales fiscales designados a dedo por el régimen.

Muchos bolivianos padecen el terror impuesto por el “fiscalato”, dentro y fuera del país, y ahora le ha tocado el turno al expresidente Carlos Mesa, vocero de la causa marítima para mayor bochorno internacional. ¿Por qué Carlos Mesa? ¿Qué delito ha cometido durante su administración? Sin duda porque S.E. considera que puede ser un rival de riesgo en su carrera electoral para el 2019. Porque S.E. no piensa, ni en broma, respetar el referéndum que perdió el 21 de febrero del 2016, pese a su carácter vinculante y de cumplimiento obligatorio.

Mesa ha afirmado varias veces que no pretende ser candidato a la Presidencia. Pero S.E. no le cree. Es terco el hombre. Y por eso vemos a Rubén Costas con más de 30 juicios incoados por los fiscales del régimen. Y a Tuto Quiroga, Doria Medina, Ernesto Suárez, Revilla, Soledad Chapetón, Leyes, y muchos más a quienes el “fiscalato”, siempre sumiso y obediente con el poder, los tiene sin vida. Para no mencionar al apreciado amigo Leopoldo Fernández a quien el MAS encerró hace 9 años de manera vil.

Y no es solo que S. E. le tenga temor a Mesa, sino rabia, porque él, como la mayoría de los bolivianos, ha manifestado que se debe respetar el resultado del 21-F. “Bolivia dijo NO”, ahora se escucha por todo el mundo, y de ahí renació el caso Quiborax. Si Mesa no declaraba que respetaba la decisión popular del 21-F, no había nada. Hubiera quedado sepultado como un negociado más del régimen. Porque Quiborax nos hace recordar todos los juicios que el Estado perdió con YPFB, COMIBOL, Banco Central, y demás, debido a que quienes debían defender al Estado hacían que perdiera, para que el Tesoro erogara millonarias sumas, que los abogados estatales, jugando sucio, se repartieran con las empresas extranjeras demandadas.

Los ministros de Justicia y Minería, el Procurador, el Fiscal General, pueden decir lo que quieran y hasta recibir ovaciones del oficialismo, pero el hecho de no pactar con Quiborax por 3 millones de U$, ni por 27, y llegar hasta los 42.6 millones, significa que ahí hubo gato encerrado. Existió una suprema imbecilidad e ineficiencia o un turbio negociado. Actas falsificadas, computadoras abiertas al demandante, suciedad en suma, es lo que se ve. Sin embargo, el montaje propagandístico del MAS es tan activo que la gente sólo observa cómo quieren liquidar a Mesa, pero no parece importarle entre cuántos y quiénes se repartieron los 42 millones de U$.

Y todo porque S.E. no le cree a Carlos Mesa que no va a ser candidato y quiere ahogarlo antes. Y debido a que Mesa dijo que había que respetar el 21-F. Se confirma que lo de “Bolivia dijo NO”, está produciendo una psicosis de derrota en S.E. y que hoy está desesperado.  

Manfredo Kempff