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7 de agosto de 2020 11:33

Idiotas y malvados

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La estupidez es peor que la maldad, publicaba hace poco la BBC, porque al menos el malvado obtiene algún beneficio para sí mismo. Después de revisar textos de filósofos e historiadores, Antonio Fernández muestra que “si la Humanidad se halla en un estado deplorable, repleto de penurias, miseria y desdichas es por causa de la estupidez generalizada que conspira contra el bienestar y la felicidad. La estupidez es la forma de ser más dañina”.
           
En la semana que concluye los habitantes de varios países de América Latina contemplamos estupefactos medidas, discursos y decisiones asumidas por lo gobernantes o por los partidos políticos en oposición que son estúpidos y también malvados.
           
El caso de Nicaragua es el más patético. Los sandinistas, así se autonombran, han cumplido sus amenazas contra la Iglesia Católica que hace dos años asiló a los jóvenes manifestantes y ayunadores contra el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
           
Asesinaron a sacristanes y a fieles, asaltaron parroquias, cercaron templos para forzar al hambre y la sed de sacerdotes y monjas. Hostigaron a instituciones ligadas a la fe y al servicio social, incluyendo aquellas que son las únicas que socorren a los más hambrientos.
           
En los últimos meses, como parte del extravío de los dos insanos que gobiernan esa nación centroamericana, sandinistas ingresaron a iglesias en lugares emblemáticos como Masaya para pisotear las hostias, romper íconos y defecar en los altares. No es un rito satánico sino una orden política de quienes se nombran “socialistas”.
           
El pasado viernes se atrevieron a lo más idiota y perverso. Alguien arrojó una bomba molotov a la Capilla de la Sangre de Cristo, en plena Catedral de Managua, que calcinó una imagen de 382 años y que había resistido terremotos y guerras. Ahí también está expuesto el Santísimo en su Sagrario.
           
¿Podemos imaginar que algún terrorista, de esos que convocan a la guerra civil en Bolivia, se podría atrever a quemar la imagen de la Vírgen de Copacabana? Existen imágenes, templos y cultos que trascienden lo político y también lo religioso por su altísimo significado espiritual para los pueblos.
           
Murillo intentó culpar a las velas que prenden los devotos al Cristo. La Iglesia Católica calificó la acción como “acto de sacrilegio y profanación totalmente condenable” ante los ojos atemorizados por la lluvia de cenizas y llorosos de miles de creyentes. El cardenal Leopoldo Brenes había alertado a religiosos y laicos estar vigilantes ante la ola de atentados.
           
La dictadura de Ortega intentó apropiarse de procesiones y otros actos masivos de los católicos y se proclama creyente, mientras persigue y exilia a sacerdotes y obispos acusándolos de preparar un golpe de estado con respaldo de Estados Unidos.
           
La serie de actos vandálicos son estúpidos porque, como dice la nota de la BBC, se emparenta con la intolerancia y la ausencia de diálogo; la idiotez se expande mediante consignas engreídas y sin fundamento, coreadas en un clamor colectivo esperpéntico. El estúpido es un ciego que se cree clarividente. El idiota ve el mundo desde su minúscula óptica personal.
           
Así son los actos organizados por el Movimiento al Socialismo; cada vez pierde más y no recuperará nunca el apoyo de las capas medias ilustradas. No gana con bloqueos y amenazas, sólo se perjudica. A costa de la agonía de una población desvalida.

Lupe Cajías es periodista
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