Opinión

10 de octubre de 2018 10:02

Post La Haya: Con el resultado puesto


Forman parte del comemierdismo  --para algunos toda una corriente filosófica—aquellos que juegan a estupendos, insinuando siempre el “te lo dije”, cuando antes de que sucediera lo peor, callaran la boca por ser políticamente incorrecto ir a contracorriente del sacrosanto patrioterismo en el que propios y extraños, izquierdas y derechas, dicen coincidir en que el regreso soberano al Oceano Pacífico es un bien mayor, por tratarse de la reparación de una injusticia y de la puerta hacia el mercado internacional que ayudaría a modificar en positivo las relaciones económicas de Bolivia con el mundo.

Insisto en que la demanda presentada ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) fue impecable. Que se trabajó con denuedo desde 2013, cuando ni imaginábamos que algún día llegaría un 21F o un fallo controvertido del Tribunal Constitucional. Se emprendió esta suerte de estrategia y aventura para intentar sacudir a Chile, el “adversario indolente” según Jaime Paz Zamora (1993), frase que precipitó la renuncia de su Canciller, Ronald MacLean Abaroa, a diez días de la finalización del gobierno del Acuerdo Patriótico. El sacudón internacional se prolongó por un lustro y con el fallo emitido el pasado 01 de octubre hay un explícito reconocimiento, en la parte introductoria del documento de 178 párrafos, que nuestro país nació a la vida independiente con 400 kms. de costa marítima, contenido central astutamente invisibilizado por la estrategia celebratoria de comunicación política del gobierno de Sebastián Piñera.

Sin duda que perdimos, que el objetivo de que la Corte conminara a Chile a la obligatoriedad de un diálogo negociador para una salida soberana no se cumplió porque el conservadurismo de la mayoría de los jueces, la correlación de fuerzas entre el país demandante y el país demandado, y un presunto lobby pudieron más, pero esa derrota no es lo catastrófica que pretenden los militantes del comemierdismo, esos que en lugar de cerrar filas en nombre de los intereses bolivianos, utilizan el tema para conectarlo con los ímpetus prorroguistas del presidente Evo Morales en sentido de que el fallo, si va a ser reconocido por ganador y perdedor, debe serlo en todos sus alcances y no solamente por lo que dice el artículo 177, porque Chile tendrá claro ahora que hay una instancia jurídica internacional que acepta que Bolivia tuvo Litoral, que éste fue arrebatado por una invasión y una guerra sucia, y lo más importante: Que no haya obligatoriedad, a pesar de los varios y consistentes antecedentes presentados por nuestro país, no significa que el problema pendiente haya desaparecido, hecho que la misma CIJ reconoce en el artículo 176, y por lo tanto, los chilenos saben que Bolivia jamás renunciará su derecho a regresar a lo que ese eslogan militar llama “los puertos del progreso”.

Candidatos fracasados siempre con menos del 10 por ciento en las encuestas, oportunistas con un pie adentro y otro afuera --utilizando el problema marítimo para beneficiar imagen y proyección estrictamente individuales-- tránsfugas que dan lecciones de democracia desde el derecho y la ciencia política, operadores-opinadores que le pegan en el palo apostando al candidato equivocado para generar una unidad opositora que no va a producirse, columnistas que redactan a coro “la derrota de Evo” como si no se tratara de un emprendimiento en que todos jugábamos con la misma camiseta, conforman el patético escenario público clasemediero obsesionado con que “el indio tiene que irse”, como si Bolivia comenzara y terminara con su presencia o su ausencia en el poder, luego de doce años de una abrumadora acumulación de hechos demostrables acerca de cómo este país es bastante diferente del que teníamos hasta diciembre de 2005.

Hablar con el resultado puesto, pontificar desentendiendose del involucramiento que pocas horas antes les era útil, pone en evidencia que los fantasmas del pasado quieren ahora llegar hasta los últimos pisos de la Casa Grande del Pueblo, cuando las reglas de juego dicen que el orden de los factores sí altera el producto porque una cosa era el neoliberal trípode Mercado-Estado-Sociedad y otra muy distinta es el triángulo Estado-Sociedad/Mercado. Con esos jugadores que usan el “resultado puesto” para operar en favor de ciertos intereses, muy lejanos a las aspiraciones y demandas de las mayorías nacionales, no hay caso: Hace mucho que viven con respiradores artificiales. 

Julio Peñaloza es periodista