Opinión

7 de agosto de 2019 18:48

Minas, balas, gringos y candidatos


En época de Feria del Libro hay que recomendar sin ambages la extraordinaria investigación del estadounidense Thomas C. Field Jr. que con el título en castellano “Minas, balas y gringos – Bolivia y la Alianza en la era de Kennedy”,  disecciona de manera implacable, por la rigurosidad de los datos en los que se sustenta, lo secuestrada que estuvo la Revolución del 52 con un Paz Estenssoro, sobre todo a partir de la década de los 60,  absolutamente sometido a los direccionamientos del gobierno del legendario J.F.K. que condicionó la ayuda económica a nuestro país, a la penetración sin límites de la llamada Alianza para el Progreso, aparato con el que se activó el Plan Triangular, en plena Guerra Fría y el pretexto-argumento geopolítico de evitar que nos convirtiéramos en un estratégico satélite del comunismo que “estaban trabajando duro para subvertir el gobierno y convertir a Bolivia en un Estado de obreros y campesinos” (pag. 105, capítulo 2, El desarrollo como anticomunismo). 

Paz Estenssoro fue el arquetípico caudillo modernizador autoritario que usó el tenebroso Control Político para acallar a la derecha falangista y a la izquierda sindical minera de los históricos Juan Lechín Oquendo, Federico Escóbar e Irineo Pimentel. Y vaya que logró en gran medida su cometido, instalando campos de concentración y pertrechándose militarmente con la ayuda gringa para reprimir a los revoltosos de los centros mineros que querían una Bolivia soberana,  liberada de las ataduras impuestas por el imperio del norte, imperio que por supuesto existe y no es el producto del delirio de unos cuantos idealistas empecinados con cerrar sus puertas al mundo exterior para que nuestros recursos naturales no fueran aprovechados para beneficio propio antes que para saqueo ajeno como ha sucedido a lo largo y ancho de nuestra historia. 

“Minas, balas y gringos…” fue publicado en mayo de 2016 por el Centro de Investigaciones Sociales (CIS) dependiente de la Vicepresidencia de nuestro Estado, y cuenta con la versión original en inglés editada por Cornell University Press.  El autor es profesor asociado y jefe de facultad de Estudios Globales en el Embry-Riddle College of Security y en el prólogo del libro, James Dunkerley ha definido esta monumental investigación  como “una valiosísima contribución a nuestra comprensión de la historia boliviana moderna y abre nuevas perspectivas sobre la Revolución Nacional , proporcionando un apasionante ejemplo de investigación forense que puede y debe ser emulado”. 

Si hay un libro acerca de la historia sobre la Bolivia del siglo XX que se debe leer en quinto y sexto de secundaria es éste, porque con su solidez argumentativa y sus datos,  hecha abajo un sistema de creencias acerca de los mitos, los lugares comunes y las bondades per se de la Revolución movimientista que influyó en el acontecer nacional y en las administraciones gubernamentales, con Paz Estenssoro posteriormente asociado a Banzer en dictadura y democracia, entronizando el neoliberalismo (1985 -2005) y con Lechín Oquendo en frente, desde la izquierda, encabezando la resistencia obrera a la injerencia de los Estados Unidos en las decisiones sobre el aparato de poder y en las políticas económicas. 

En “Minas, balas y gringos…” no hay párrafo que  tenga desperdicio. Nombres, lugares, hechos, planes estratégicos, situaciones de altísima conflictividad social, incluída una signficativa anécdota acerca de las sardinas podridas con fideo que le dieron de comer un grupo de mujeres mineras, al presidente de la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL) de entonces, Guillermo Bedregal Gutiérrez, ponen en evidencia cuan genuflexo fue “el Doctor Paz” con el gobierno de Kennedy y cuan resistentes y luchadores  fueron los mineros de la época, perseguidos y reprimidos cuando las violaciones a los derechos humanos estaban a la orden del día, en tiempos en los que de verdad existía persecución política a cargo de amos foráneos y peones criollos de la estrategia norteamericana anticomunista. 

Se trata, además, de un perfecto mapa en el cuál podríamos realizar el ejercicio de extrapolar a los candidatos presidenciales de hoy al contexto de ese tiempo. Así tendríamos que Evo Morales sería Irineo Pimentel o Federico Escóbar, líderes de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) identificado por trayectoria con una auténtica causa nacional popular de las mayorías desposeídas, Carlos Mesa quedaría perfectamente mimetizado en cualquiera de los cargos ostentados por la alta jerarquía movimientista de entonces y Oscar Ortíz podría ser fácilmente un burócrata puntual y disciplinado, contratado por la embajada de Estados Unidos como parte del personal local. 

 Hay que leer “Minas, balas y gringos”. Será una buena manera de conseguir que algunos puedan quitarse la venda prejuiciosa de los ojos, esa que consagra la ignorancia, el desconocimiento  y la inconciencia acerca de lo que en realidad está hecho este país, nuestro país, esta Bolivia que en seis años cumplirá doscientos años de “independencia” de vida republicana, y que sin dejar esa condición y cualidad, es desde hace diez años, en primer lugar, Estado Plurinacional.

Julio Peñaloza es periodista

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