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Opinión

9 de julio de 2020 13:28

Antesala de la Última Recesión

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La década de 1970, estuvo marcada por un expectable crecimiento económico del 4.88% promedio anual, con dos picos de 6.82% en 1973 y 1976. Se hicieron notorios los síntomas de desgaste del modelo económico, capitalismo de estado con el enfoque cepalino de industrialización por sustitución de importaciones y de diversificación económica propuesto por el Programa Alianza para el Progreso, que no lograron sus cometidos porque no tuvieron consistencia interna ni correlato social ni político. 



Dicho ritmo económico estaba manchado por fuertes procesos inflacionarios de hasta el 62.84% como en 1974. La razón de semejante inflación se debía a la enorme masa monetaria circulando, que básicamente provenía de 5 fuentes. La primera, la renta generada por los buenos precios internacionales de los minerales hasta principios de los 80 y la exportación de gas al Argentina que comenzó en 1972. La segunda, por la facilidad y cantidad de préstamos internacionales de fuentes multilaterales, bilaterales y banca privada internacional, en especial los petrodólares, aprovechados principalmente por los gobiernos de facto que incrementaron la deuda externa discrecionalmente. La tercera, una política monetaria supeditada a los requerimientos de financiamiento del sector público. La cuarta, la política financiera con bajas tasas de interés para créditos en apoyo la sustitución de importaciones. La quinta, por el circulante generado por el narcotráfico, magnitud que no hubiera alcanzado sin la venia de los gobiernos de turno.

El Estado demostró no estar a la altura de la situación, además no ser un buen administrador de los recursos, como el nivel de inflación, semejante flujo monetario no se tradujo en mejora de la capacidad productiva, know how, búsqueda de nuevos yacimientos, reposición de maquinaria y equipo depreciado de las principales empresas estratégicas del país, COMIBOL y YPFB, sino que se las sobredimensionó con personal por cuestiones político/corporativistas.

Mientras que la mayoría de la población, aún rural, por tanto agropecuaria, no accedían a los beneficios de los excedentes ni a política económica, lo que profundizó el flujo migratorio campo-ciudad iniciado décadas atrás, que nunca pudo ser absorbido por la insipiencia de la industria, a diferencia de otros países de la región, la producción nacional fue insuficiente, las necesidades de la población fueron autoabastecidas en muy pocos sectores, en la mayoría dependemos de aún hoy de importaciones.

Los migrantes tuvieron que abrirse espacio por sí solos en el mercado informal, principalmente comercio, construcción y transporte, que a su vez demandaban empleo, educación, salud, vivienda, etc., mientras que los procesos inflacionarios hacían perder capacidad adquisitiva de estratos cada vez más amplios y de menores ingresos, exacerbando sus ánimos.

La crisis política que dejó la dictadura de Banzer, se refleja en 7 gobiernos entre 1978 y 1981, 4 de ellos dictatoriales y 3 civiles, eso sin contar los triunviratos militares que decidían la presidencia de la república.

Los gobiernos de facto no gozan de legitimidad, la confianza no se construye con fusiles, innato al ser humano es la libertad, libertad de expresión, de prensa, de elegir y ser elegido, etc.; el abuso de poder deriva en otros excesos, intrínsecamente, corrupción; grupos de poder allegados se veían beneficiados por la política pública, como subvenciones y excepciones de impuestos a nombre de la sustitución de importaciones, acceso a tierras o contratos. Aunque se protegía la producción nacional con aranceles elevados y diferenciados, nunca se pudo contra el contrabando.

Entre la demanda por democracia y mejores condiciones de vida, la desesperación social terminaba por bloquear cualquier intento de política económica y la crisis política truncaba los avances.

Así, la economía llegó a un pico de crecimiento en 1976 con un fabuloso 6.82%, y de ahí 5 años de franca desaceleración hasta llegar a un 0.82% en 1981, constituyéndose en la cima del ciclo económico que no se pudo recobrar en un decenio, motivo por el cual se denominó: la década perdida.

Juan Pablo Quiroz Serrano es Economista
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