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Opinión

24 de agosto de 2020 10:32

Ausencia de liderazgo nacional


Oleada y sacramentada las elecciones generales para el próximo 18 de octubre con vistas a elegir al nuevo gobierno constitucional que regirá los destinos del país por los próximos cinco años, aunque las mismas se las llevarán a cabo en medio de la pandemia del coronavirus y que al paso que avanzan los contagios para esa fecha se estima que se tendrán unos 200 mil casos positivos. Ahora es necesario abocarse al liderazgo nacional que tienen los candidatos presidenciables que por cierto ninguno de ellos lo tiene.

Un breve concepto de Liderazgo es la habilidad y capacidad de individuos excepcionales, dotados de carisma, que los capacita para dominar en influir en el resto de las personas.

¿Qué ocurre cuando la gente tiene incertidumbre política? Buscan seguridad, buscan esperanza, no hacen nada y se paralizan. Y en ese caso ¿qué hacen los líderes políticos? Dan esperanza permanecen cerca de las personas para darles seguridad y muestran coraje ante todo.

Desde hace mucho tiempo que nuestro país tiene una ausencia de liderazgo político a nivel nacional. Si bien el huido Evo Morales, el 2005 mostró cierto liderazgo político al ganar las elecciones generales de ese entonces con más del 50% pero más fue por el voto del occidente a nivel indomestizo, indígena, rural, áreas periurbanas, trópico cochabambino y una parte de la clase media de las áreas urbanas. No teniendo apoyo de otra gran parte de las clases alta y media tradicionales de las áreas urbanas del propio occidente como del oriente boliviano.

Para las próximas justas electorales que se nos avecinan, ninguno de los candidatos que lidiaran el voto de la población, logra reunir un voto unificado a nivel nacional. Solo son líderes regionales que no pasan más allá de las fronteras de sus departamentos a los que representan.

Abocándonos solo a los que tienen mayor apoyo, según encuestas realizadas por distintas empresas especializadas en ese rubro, están Luis Arce del Movimiento Al Socialismo (MAS), Carlos Mesa de Comunidad Ciudadana (CC) y Jeanine Añez de JUNTOS. Los demás que tienen un bajo porcentaje de apoyo no les queda otro camino que dar un paso al costado o sumarse a uno de los tres mencionados candidatos anteriormente.

El candidato improvisado del MAS, sabe en el fondo que no es un líder político de convicción que no arrastra ni a su sombra. Es un “líder” impuesto desde Argentina. Ese porcentaje de intención de  voto (un poco más del 20%) que lo ubica entre los tres primeros, no es más que el voto cerrado y duro que tiene dicho partido político para con su jefe asilado políticamente en el indicado país vecino.

En el caso del candidato de CC, en las elecciones fraudulentas de octubre del año pasado, quien concentró el Voto Útil de una gran mayoría de la población que estuvo en contra de la continuidad ilegal e ilegítima del MAS y de su déspota jefe nacional Evo Morales, no fue por tener la cualidad de un gran líder nacional, sino porque era el candidato opositor que mayor apoyo tenía ante la ausencia de otro competidor que le haga frente.

Con respecto a la actual presidenta en transición y candidata presidencial, Jeanine Añez, tampoco cuenta con esa cualidad de ser una verdadera líder política a nivel nacional, porque no se debe olvidar que por esos azares de la política criolla llegó a la silla presidencial. Aspecto que aprovecho para lanzar su candidatura ya que cuando fungió como diputada por el Beni, tampoco tuvo una imagen descollante como lideresa, habiendo mantenido un perfil muy bajo en esas funciones.

En los últimos tiempos dentro del espectro político boliviano, es difícil encontrar una figura política destacada con esos dotes de verdadero líder político nacional que logre unir a todas las regiones del país para contar con un voto unificado. Las referencias más cercanas que se tienen al respecto se remontan al siglo pasado, como un Víctor Paz Estenssoro, Hernán Siles Suazo, Marcelo Quiroga Santa Cruz, Jaime Paz Zamora entre las pocas figuras que dieron esa talla.

Es tiempo que las organizaciones políticas del país, den importancia para generar nuevos/as líderes políticos con proyección nacional y no regional. El MAS tuvo su gran oportunidad durante sus casi 14 años de gobierno de trabajar en ese rubro, pero no lo hizo por el celo que tuvo su “jefazo” nacional, ya que la ambición de eternizarse en el Poder pudo más, antes que proyectar una nueva figura fresca y recién salida del propio siglo XXI.

Los electores para estos próximos comicios, estamos en esa gran disyuntiva a quien dar nuestro voto que tenga esa capacidad de unificar el voto a nivel nacional. Dispersar el voto le hará un flaco favor a nuestra débil democracia y beneficiará indirectamente a los masistas, quienes durante sus años de gobierno destruyeron la misma a tal punto de dejarla desinstitucionalizada, quebrantada y en un grave estado de coma.

Juan Carlos Ferreyra Peñarrieta es comunicador social

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