Opinión

13 de marzo de 2018 18:54

El abuso: hasta en las mejores familias



¡Si hasta en las mejores familias sucede! decía mi Madre; al referirse a una mamá desesperada en la calle buscando a su hijo que se soltó de su mano o cuando un padre golpeaba a su hija en la esquina del colegio porque le vio con su enamorado demostrando su amor eterno.

Para algunos el abuso infantil no perturba al menor, ya que en la mayor parte de las veces, las victimas no manifiestan problemas de conducta o de salud muy notorios. Es más, no es raro que el secreto se devele por casualidad. Entonces, los adultos, desde nuestro punto de vista, llegamos a pensar que el abuso en sí no produce daño.

Todo esto parece fácil de entender… pero creo que va más allá.

Ahora sugiero al lector que utilice su imaginación y se ponga en el lugar de una niña que está en su casa, jugando tranquilamente o haciendo sus tareas. La mamá preparando la cena en la cocina y los hermanitos mirando la televisión. Su padre la llama desde el dormitorio. Ella hace de cuenta que no lo escucha y sigue haciendo lo suyo. El padre insiste. La mamá, desde la cocina, le dice a la niña que le haga caso a su padre. A regañadientes, va al dormitorio. Está aterrorizada porque conoce los “juegos” que él le propone, ésos que ella tiene que guardar en secreto, porque de lo contrario, enfurecerían a su mamá. Son juegos que la niña sospecha que tienen algo malo; incluso sabe que, a diferencia de lo que suponía un tiempo atrás, la mayoría de sus amiguitas no lo juegan en sus casas. Al rato, la mamá avisa que está la cena. El padre sale de la habitación con la hija y, sonriente, se sienta a la mesa con su familia.

Las preguntas que se nos ocurren son varias: ¿Cómo el adulto y la niña pueden pasar del abuso a la cena familiar? ¿Cómo pueden compartir la mesa? ¿Cómo es posible que no se note nada?

Por otro lado, ¿Cuánto tiempo puede un niño sostener esta situación? Por lo que sabemos en estos tiempos es que puede tolerarlo por varios años, por miedo o simplemente porque cree que es parte de su rol en esta vida.

Toda la información que nos llega a través de las redes sociales y que nuestros niños tienen acceso es un Bumerán, que en algún momento tiene que reventar; ya que está formando personas que todo lo malo, lo feo, lo deprimente y hasta lo absurdo resulta ser bueno y causa gracia.

En 1916 Freud en “Introducción al psicoanálisis” decía que cuando una niña acusa en el análisis como seductor a su propio padre, cosa nada rara, no cabe duda alguna sobre el carácter imaginario de tal acusación, ni tampoco sobre los motivos que la determinan.

Según las investigaciones de deMause, en la antigüedad el niño vivía “en un ambiente de manipulación sexual”. En las regiones donde no estaba autorizada la utilización sexual de niños libres, los hombres disponían de los niños esclavos; por lo tanto, aquellos que no eren victimatizados directamente, eran testigos de lo que sucedía con sus pares.

Desde hace muchos años surge la preocupación de éste tema pero con resultados nada alentadores. No es para más, porque, qué podemos esperar de una sociedad que tiene como líder a una persona que cree que: estar con una quinceañera y su charango es completamente normal: "Yo dije alguna vez que acabo mis años de gestión (y me voy) a mí 'cato' de coca, (con) mi quinceañera y mi charango". (Declaración de Evo Morales el 15 de junio de 2008)  

Jorge Costas Arze