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Opinión

4 de junio de 2020 20:31

Hay que devolverle la dignidad al campesino

ESCRITORIO 1

Han pasado más de dos meses desde que se instauró la cuarentena obligatoria dentro del país. Dentro de las políticas de Estado que ha impulsado el gobierno transitorio, en este margen de tiempo, y que ha causado polémica en los medios de comunicación, está el respaldar el uso de semillas transgénicas en nuestro territorio y por supuesto muchos sectores productivos y activistas lo rechazan. 

Países desarrollados y organizaciones mundiales como la FAO y la CAF motivan e impulsan en buscar sistemas de agricultura sostenibles, que es más que rebuscar lo que hacían nuestros antepasados. Esos métodos que tenemos el privilegio de heredar como bolivianos garantizan la seguridad alimentaria para nuestro presente y las próximas generaciones, genera un flujo económico entre los bolivianos, mejora la calidad de nuestras tierras limpiando y purificando el agua y el aire, promueve lo local y lo nativo. 

En una década, la canasta familiar boliviana se ha reducido de un centenar de alimentos a tan solo doce productos, dejando de lado la producción local y a productos con alto valor nutricional, y hemos permitido que ingresen en nuestra dieta alimentos altamente procesados.

Creo que es importante que pensemos en las personas que se acordaron de todo lo demás que existe en el mundo. Si nos importa nuestra alimentación es necesario que entendamos la conexión que tenemos con el alimento y las personas que están involucradas en nuestra alimentación. ¿Quiénes son los gestores de primera línea en nuestra alimentación? Los campesinos ¿Que podemos aprender de los campesinos?

Cuando una persona se asoma a un supermercado debe ser consciente que paga un 600% más de lo que recibe el campesino, es devastador escuchar que el intermediario recibe más que el campesinado quien lo ha cosechado. 

Antes de la pandemia, el mundo perdía por día más de 200.000 campesinos, personas que alimentaban el mundo han dejado de hacerlo. Personas con ciertas destrezas en el manejo de la tierra, el agua y procesos esenciales en la vida, han dejado de hacerlo. El campesinado en el mundo se está extinguiendo y no estamos tomando conciencia del impacto que puede tener no solo en nuestra alimentación. 

El campesino es fundamental no solamente para que nos alimente, el campesino nos ha demostrado que es posible vivir sin destruir la vida; necesitamos su sabiduría para preservar el modo en el cual funcionan las raíces, cómo funcionan los frutos, cómo funcionan las flores. 

Necesitamos a esas personas que trabajan la tierra para, por supuesto, seguir alimentándonos, y ojalá lo hiciéramos mucho mejor a través de propuestas más constructivas y más generosas que existen para hacer las paces con la naturaleza y la vida.

Hay que devolverle la dignidad al campesinado, ese reconocimiento tan absolutamente básico, está masacrado, el campesino está completamente olvidado por esta sociedad. Apenas aparecen en los medios de comunicación, apenas hay productos literarios o cinematográficos sobre la vida de los campesinos sobre lo que hacen por nosotros con sus semillas y su sabiduría. 

Mauricio Escobar Sánchez es gastrónomo profesional