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15 de enero de 2020 08:43

Consejo de conejo

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Llego a las 7:45 a.m. y me topo con una fila enorme, cuento como 160 personas. Más tarde recuento y sería el 176. Una funcionaria numera luego la fila (descontando mujeres embarazadas, niños, etc.) y me alegro de ser el 148. Pero luego de 6 horas de cola -en la oficina ya- me dan el número definitivo: ¡Soy el 213!

Después de 8 largas horas logro renovar mi carnet de identidad (vencido un día antes). Ni en mi peor pesadilla pensé pasar algo así. Fue un día interminable, eso sí -parado o sentado en el suelo- gracias a Dios no perdí la paciencia que me da para enfrentar situaciones adversas y agradezco que la saqué barata pues oí que a otros les tomó 12 horas o más. Pero, fueron 8 horas y como quienes me conocen saben que para mí cuenta cada minuto…8 horas ¡con mayor razón!

Me pidieron escribir esta columna y lo hago con una buena intención -sin querer dañar a nadie- para mejorar y avanzar como país. Debo decir que -así como narré en mi cuenta de Facebook tal situación durante 8 horas- años antes felicité también la obtención de mi carnet en sólo 20 minutos. Reconocer un problema -enfermedad, necesidad, etc.- es tener ganada la mitad de la batalla; la otra mitad dependerá de la buena actitud para hacer las cosas como Dios manda.

Lo narrado no es algo aislado y si bien pudo darse por una alta demanda estacional (v.gr., registro de niños) para evitar su repetición recomendaría: dar prioridad a quienes solo renuevan su carnet, por consumir menos tiempo; el poder reservar turno vía Internet; aumentar horas de atención, personal y brigadas de carnetización; informar sobre los centros con menor afluencia; habilitar escritorios para mamás con bebés, embarazadas, etc., y…¿por qué no pensar en un Carnet indefinido como en otros países? Y como dicen que lo mismo pasa con las Cajas de Salud, Certificado de antecedentes, revisión técnica vehicular, etc., para acabar con el alto costo económico y de vida que ello implica ¡encarar la desburocratización y digitalización!

Esto eliminaría las largas filas que dan lugar al negocio de venta de lugares con el justificado reclamo de gente pobre que -sin poder “comprar”- se sacrifica desde la madrugada para ser atendida hasta por la tarde.

Consejo de conejo: no pierda su carnet; no lo ponga en prenda; no compre fila; no deje su trámite para último momento y sea paciente con los servidores públicos, ellos también son víctimas del sistema (aunque a diferencia del usuario no hacen cola, comen en su hora y trabajan con aire acondicionado).

Gary Antonio Rodríguez Álvarez es economista con Maestría en Comercio Internacional
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