Opinión

5 de diciembre de 2019 09:14

Nostalgia

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En la película El extraño caso de Benjamín Button, una escena muy interesante se centra en el desarrollo de una serie de hechos que se suceden uno tras otro, que escapan a la voluntad y decisión de los personajes y que al estar relacionados devienen en un hecho fatal cuando un taxista atropella a Daisy, uno de los personajes centrales de la trama que se dedicaba al ballet. 

Lo que resalta el episodio es que, si tan solo uno de los acontecimientos se hubiera desarrollado de manera diferente, el accidente se hubiese evitado. Se la conoce como la teoría del caos. A partir de esa escena, y haciendo un balance de los hechos tristes y fatídicos que hemos vivido los bolivianos, que se sucedieron consecutivamente, enhilados, los hechos no estuvieron al margen de la decisión de los actores, por tanto, éstos si se hubieran podido evitar, pues a diferencia de la escena que nombro, éstos recaían en la decisión enteramente de los gobernantes.

Por ejemplo, en el análisis y balance, salta a la vista el hecho de que si tan solo Evo Morales y su partido, en estos casi 14 años de gobierno, hubiera formado otros liderazgos de forma tal que de pie a la alternancia en el propio partido, tomando en cuenta que el objetivo era llevar a cabo un proceso, sobraba centrarse en un caudillo. Por tanto, si tan solo se hubiera renovado el binomio del MAS para las elecciones del 20 de octubre, si tan solo se hubiera cumplido la voluntad del pueblo, reflejada en acatar el resultado del 21F, si tan solo no se hubiera recurrido al ardid leguleyesco de usar el Convenio Internacional de Costa Rica, si tan solo el TCP no hubiese sacado la resolución constitucional que avalaba el “derecho humano” de la repostulación de Evo Morales. Si tan solo el TSE no hubiera habilitado dicha candidatura anticonstitucional, si tan solo no se hubiera detenido el TREP, en definitiva si las elecciones se hubiesen llevado a cabo de manera transparente, sin fraude, sin trampa, y por tanto se hubiera ido a la segunda vuelta, si tan solo no se hubiera desestimado y desdeñado la indignación del pueblo, y la exigencia del respeto al voto, minimizando su movilización y amenazando con la respuesta de violencia y más violencia, nada de lo vivido desde el 21 de octubre hasta hoy, hubiera sido de la manera en la que se dio. 

Por último si la renuncia de Evo Morales, seguido del asilo político no se hubiera dado con revanchismo, dejando un vacío de poder, aunado del llamamiento al odio, a la violencia, con tal de justificar que lo que dio fue un golpe de Estado, sin importar que las muertes recayesen en gente de las propias organizaciones del MAS-IPSP. Si tan solo las decisiones y motivaciones hubieran sido otras, apegadas al respeto de la democracia, a lo que el pueblo exigía, otra fuese la historia contada. No es justificable las más de tres decenas de muertos, no lo es.

Las malas decisiones, empapadas de un aferramiento al poder traen malas consecuencias. Como canta Sabina, “No hay nostalgia mayor, que añorar lo que nunca jamás sucedió”, y así, aunque no sirve de mucho consuelo, añoramos aquello que hubiese sido posible y no fue.

Gabriela Canedo es socióloga y antropóloga

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