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6 de noviembre de 2020 12:28

Fosa común


“Era un día como otro cualquiera…ni negro, ni blanco, no sé si era largo o corto, pues como todos, empezó acabando. Una jornada de un siglo remoto perdí ya la cuenta, han pasado tantos al que llegué poco a poco a víspera de todos los Santos” se escuchaban las coplas, en la celebración de Todos Santos. Acabamos de recibir y despedir a nuestras almitas queridas, aquellas que viven ahora de otra manera entre nosotros.  Al visitar el cementerio escuché accidentalmente una conversación entre difuntos, muy amena y locuaz conversaban los compadres, de lo que pasaba allá en la superficie. Al parecer ni los difuntos pueden soslayar el tema político.

-Compadre Anselmo, no puedo entender, que después de haber tenido en nuestra historia como país, una serie de gobiernos dictatoriales, de haberse dado tanto derramamiento de sangre, gente desaparecida, de veras que no me entra en la cabeza, que en pleno 2020, y a nombre de Dios, se pida a rezos y de rodillas que un gobierno militar se haga cargo del gobierno. Después de unas elecciones transparentes en las que la ciudadanía de manera pacífica y con espíritu democrático eligió. Realmente compadre, no puedo entender. Qué grande es nuestro atrevimiento y descaro, y qué corta es nuestra memoria.

Así es compadre Juan, y justo por estos días ¿te acuerdas de la masacre de Todos Santos en 1979 cuando los militares a quemarropa arrojaron ráfagas de balas y llevaron a cabo el golpe de Estado?. Y ni qué decir de las dictaduras que vivimos con Banzer y García Mesa. Discúlpeme compadre, yo tampoco entiendo, ya estoy muerto, pero me volvería a morir ante semejante idea descabellada, de esa gente que frente al cuartel militar y al comando policial piden y ruegan que se insubordinen y tomen el poder ¡a Santo de qué compadre!.

“Nuestra tierra, nuestro país está atravesando una situación difícil y sobre lo llovido mojado, con pandemia incluida, nada raro que aquí se nos sigan sumando gente, compatriotas, qué pena, un virus del demonio cundió…” se lamentaba Juan.

-Pero la ‘vida’ (valga la ironía) está mejor aquí ¿no?. Este último año fue muy difícil y agotador arriba. Mirá compadre, de igual manera y sin vuelta atrás, está entre nosotros el ‘matoncito’ que a punta de bala gestionó la pandemia, tomó revancha de enemigos políticos. Mucha mano dura en un año, y la cantidad de muertos que su gobierno arrastra, qué carga más tremenda, no quisiera estar en sus huesos.

-Pues sí, así nomás es, al final todos terminamos bailando con la Parca. Mire allí compadre, escondiditos también están los otros esos que se portaron gallitos, realmente fueron muy despiadadas sus amenazas en el conflicto del año pasado ¿te acuerdas? “contaremos por docenas los muertos”, “Bolivia se va convertir en un gran campo de batalla, un Vietnam moderno”, “No sé cuántas madres están dispuestas a sacrificar a sus hijos en las protestas” decían unos, y el otro mandaba a “cercar y dejar sin alimento a las ciudades”, muy despiadas las afirmaciones compadre. Así nomás había sido gobernar, echar leña al fuego y enfrentarnos. Y ahora quieren regresar a la superficie como si nada, seguirán siendo muertos vivientes. Mirá vos compadre, no se dan cuenta que todos al final venimos a parar al mismo hoyo y la tierra nos cubre a todos por igual. Aunque debo confesar que se notan aquellas almas que andan en pena, vagando esperando que los rezos de alguien les salve.

-En el recodo del olvido, allí está don Pedro, y eso que ya casi terminando su gestión como parlamentario, escuché que le reclamaban por qué apoyó, en plena conclusión de sus funciones, la eliminación de los dos tercios en la Asamblea. Pues si es criminal y descabellado pedir un gobierno militar, también lo es quitar la capacidad de diálogo, aquella que construye también democracia, de debate con una minoría no tan minoría compadre, y más aún en un momento tan delicado como el que atravesamos, además confeccionando la ley a los resultados que ahora obtuvieron como ganadores. Eso también es autoritarismo, velado con tinte de legalidad. A donde irán parar. En fin compadre, ¿te has dado cuenta que mejor estamos acá?. Por lo menos aquí la muerte nos niveló a todos, y recién aprendimos a deliberar. Aquí tenemos que “igualar las palabras”, lo que quiere decir que no basta que una mayoría aplaste a una minoría, sino que se tiene que seducir, convencer, de forma tal que no haya una imposición cruda y fatal, pues decisiones mortíferas en un escenario de polarización y enfrentamiento es lo que menos se necesita. Pero bueno, allá ellos, es una cuestión de “vivos”, nosotros volvamos a lo nuestro, sigamos trabajando, honestamente, y haciendo florecer el maíz, dando de comer a quienes amamos, pues la vida es tan corta…

Gabriela Canedo Vásquez es socióloga y antropóloga

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