Opinión

10 de julio de 2018 10:16

Evo Morales en su primer tiempo


Catapultado de pronto a la liga mayor de la política boliviana en las elecciones de 2005, Evo Morales entró en cancha sin equipo, con dudas y carente de estrategia de juego.

A días de su posesión como presidente de la república, en el VIII Congreso de las Seis Federaciones del Trópico de Cochabamba pronunció un discurso que describe algunas condiciones e intenciones iniciales de su gobierno, asentado entonces en la base social cocalera.

Habló de su defensa de la coca desde 1988, año en que comenzó como dirigente, y cuestionó la política de erradicación de los presidentes Jaime Paz, Hugo Banzer y Gonzalo Sánchez. Dijo que ellos emplearon tácticas para dividir y partidizar a las organizaciones sociales e instó a “preservar la independencia”.

Recordó su sorpresa cuando, ya electo, visitó 4 continentes, fue recibido por presidentes y en autos de lujo, así como llevado a palacios y hoteles de 5 estrellas “como si fuera importante Evo”.

Se refirió a la necesidad de generar un “nuevo liderazgo”: “Si el compañero Evo es presidente, desde ahora debemos gestar otros compañeros dirigentes, que no solamente pueden llegar a ser diputados, sino de acá a poco tiempo a ser presidentes”. “Los dirigentes no pueden estar pensando sólo en pegas o cargos, sino en fortalecerse”, afirmó.

También dio cuenta de las relaciones campesinos-trabajadores señalando que había obreros que “no quieren apoyar a los campesinos en nuestro proyecto político”.

En su repaso de diversos acontecimientos, mencionó negativamente al que fuera su mentor, parlamentario por el Movimiento al Socialismo y después disidente, Filemón Escóbar, al igual que a los ex presidentes Jorge Quiroga y Carlos Mesa, a la par que expresó su reconocimiento a personajes disímiles como Santos Ramírez, Felipe Quispe o Leopoldo Fernández.

Explicó su fórmula para mantener el precio de la coca y evitar que Estados Unidos “esté hablando mal de nosotros”: el respeto al “cato” de esa planta.

Sostuvo que “si algo nos caracteriza, es la honradez, la responsabilidad hacia nuestra gente” y criticó la mala administración anterior: “Ojalá nuestros parlamentarios, nuestros alcaldes, nuestros concejales, nuestros diputados, nuestros dirigentes, no caigamos en semejante corrupción, semejante robo al pueblo boliviano”.

Recordó que cuando sirvió en el ejército, en 1978, “he ido a reprimir a los cocaleros, he sido golpista tal vez como soldado, pero no quería, me han usado los del alto mando militar”, para destacar que al nombrar a los jefes castrenses en su gobierno “hemos respetado la institucionalidad”.

Por último, entre otras cosas, manifestó que “somos gobierno, pero no somos poder todavía” y declaró que “la presidencia será momentánea, circunstancial, pero el compañero Evo será eterno”.

Los ecos de ese primer tiempo ya casi no resuenan, salvo para proclamar la “eternidad” de quien anuló todo liderazgo emergente y no fue capaz de controlar la corrupción, sometió a las organizaciones sociales y sindicales o las dividió, multiplicó la producción de coca, usó a obreros y militares, se hizo del poder, dejó de reconocer, se habituó al protocolo y al lujo y olvidó la institucionalidad.

En términos de relato futbolístico, se diría que se “engolosinó” con el poder tras jugar 3 partidos consecutivos con la camiseta 10 autoasignada, someter a los árbitros, expulsar a sus rivales y pretender un “alargue” contra toda norma para retener la copa que las reglas y la “hinchada” ciudadana le niegan.

Erick R. Torrico Villanueva es especialista en Comunicación y análisis político.