Opinión

21 de diciembre de 2017 16:07

TIEMPO DE RECONCILIACIÓN


Un año concluye, como otros estuvo lleno de situaciones positivas y negativas, de momentos de alegría, paz y gozo así como de tristeza, rabia y dolor. Todo aquello es parte de la vida y debemos adquirir la sabiduría para apreciar lo vivido como oportunidad para el futuro.

En la fiesta de la Navidad es oportuno acercarse a la figura de Jesús de Nazaret, nacido en un lugar humilde y pobre, para poder sentir y gustar cómo lo grandioso de Dios acontece y se realiza en medio de  la sencillez, ajeno a todo ruido innecesario, a todo poder dominante a toda muestra de fastuosidad. Ignorado por los grandes de la historia, él propuso nuevas relaciones para abrir el futuro a los marginados.

El gran mensaje que nos deja la celebración de la Navidad es la posibilidad, siempre ofrecida, de vivir reconciliados y reconciliando. Así como la humanidad es reconciliada con Dios desde la actuación profunda, profética y sencilla de Jesús, nosotros, como humanidad podemos reconciliarnos con nosotros mismos. La reconciliación en medio de un mundo roto por la violencia, el egoísmo o la ambición es una invitación permanente para nuestra condición humana.

Es tiempo de romper cadenas que atan nuestra libertad o se imponen para dominar; es tiempo de paz frente al odio y la violencia que arrebatan la vida, especialmente a mujeres y niños; es tiempo de actitudes constructivas que dejen atrás la confrontación para alimentar el ego y los apetitos personales; es tiempo de mirarnos a los ojos y reconocernos como humanos, hermanos, hermanas, juntos con un destino común, en esta nuestra Casa a la que hemos de proteger y cuidar.

Es tiempo de resistir todo abuso de poder que impida la vigencia plena de derechos para todos y todas; es tiempo de diálogo para resolver los conflictos sin imponer visiones parciales; es tiempo de confiar en las nuevas generaciones que traen como semilla la posibilidad de una nueva humanidad; es tiempo de amar y respetar a los diferentes, rompiendo con prejuicios y etiquetas que les niegan dignidad; es tiempo de reconocer errores y asumir las consecuencias sabiendo que nuestros actos pueden dañar a los demás.

Es tiempo de desterrar de nuestras actitudes y actuaciones la corrupción, el odio racial, la arrogancia de los poderosos, la impunidad y la injusticia; es tiempo de reencontrarnos para vivir agradecidos por la vida; es tiempo de soñar y apostar por una sociedad más humana, por una política menos mezquina e indolente, por una economía más solidaria que no siga creando brechas de desigualdad.

Este tiempo de Navidad y la oportunidad de un nuevo año es tiempo de resistencia ante la injusticia, de generar alternativas a tantas estructuras caducas así como de evitar la destrucción del medio ambiente; en definitiva es un tiempo de reconciliación con todo lo que en el pasado ha causado daño y dolor para que en adelante apostemos más por los puentes que nos unen que por los muros que nos dividen.