Opinión

30 de enero de 2018 17:18

21F: ENTRE LA PROPUESTA AUSENTE Y EL INSULTO PERMANENTE


A pocas semanas de que se cumplan dos años del 21F, momento fuerte de inflexión política y de calado social, es preciso hacer una lectura que la perspectiva del tiempo ayuda a realizar.

El 21F una parte del electorado dijo que No estaba de acuerdo con una reforma constitucional, mediante referendum vinculante, que permitiese al Presidente y al Vicepresidente acceder a una nueva candidatura para el período 2020-2025, una vez se cumpliese el periodo anterior 2015-2020.  Eso fue lo consultado y definido, no como ahora pretende hacer ver el oficialismo y sus portavoces una simple consulta de si se reformaba o no un artículo; esa reforma implicaba un para qué. Ocultar ese para qué o negarlo es falsear la realidad.

Hoy se puede evidenciar que fue un error político de grandes proporciones haber planteado tal referendum, surgido de filas del MAS y el gobierno, apenas ganadas las elecciones de 2014 con amplio margen. Recién el año pasado surgieron voces desde el oficialismo que reconocieron ese error.

Prescindiendo de lo anterior lo que evidencian las movilizaciones, de diciembre y enero pasados,  protagonizadas por distintos sectores sociales, colectivos y organizaciones tras el fallo del Tribunal Constitucional Plurinacional el 28 de noviembre, las elecciones judiciales del 3 de diciembre y la aprobación del Código de Sistema Penal, también en diciembre, es que una parte importante de la población está dispuesta a luchar y defender su voto del 21F y los resultados consecuentes. Las movilizaciones son alertas importantes que el gobierno (ensimismado en su discurso conspirativo o desestabilizador) no está percibiendo correctamente. Hay una resistencia que comienza a instalarse pues se lucha por derechos fundamentales.

Ahora bien, lo que acontece en el país, movido desde la sociedad y la ciudadanía,  nos obliga también a preguntar por ¿cuál es la propuesta política alternativa de parte de la oposición? ¿en todo este tiempo se ha logrado generar un proyecto político que entusiasme y seduzca efectivamente al electorado? ¿la oposición dialoga y construye con la ciudadanía o también está ciega por su ambición (como manifiestan las pugnas al interior de bancadas)? Como hasta ahora no se ha manifestado nada (salvo la obsesión porque Evo no sea candidato) se puede concluir que la propuesta está ausente.

Si por un lado, la oposición política no plantea nada a la sociedad para construir alternativas viables desde el Estado, el oficialismo gubernamental y los adherentes del MAS a lo más que llegan es a generar conflictos, proscribir a todo quien exprese desacuerdo o crítica y ha llevado a un escenario en el que el insulto, la descalificación y el responder con disparates (pues no se expresan argumentos) sea la moneda corriente. Los discursos de enfrentamiento y confrontación están a la orden del día, hablando de decadencia, guerra, estigmatizando opiniones y posiciones políticas. Se olvidan que gobiernan para todos no sólo para sus partidarios y deben atender las demandas de todos.

Con ese panorama ¿qué sociedad, qué Estado estamos construyendo? La resistencia justa, la reivindicación legítima y el debate desde posiciones diferentes son posibles en sociedades democráticas maduras. Está ausente en la palabrería la oferta concreta sobre salud, educación, transporte, empleo, vivienda, industria, comercio, integración, etc. Y está demasiado presente la bronca, el insulto, la falta de respeto a la institucionalidad democrática, la descalificación mutua. Lo dicho no construye positivamente un país y luego seguiremos el lamento de los quinientos años.

El gobierno del MAS y la oposición  tienen que darse cuenta que la movilización de la ciudadanía está demandando respeto a los derechos fundamentales y consagrados en la Constitución, diálogo democrático y vigencia del Estado de Derecho. No se trata de aprovecharse de esas acciones para figurar políticamente ni de acallarlas tomando a los ciudadanos por tontos. Se trata de escuchar la voz del pueblo para gobernar.