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Opinión

Cuba y el final de una economía que solo repartió pobreza

9 de Febrero, 2026
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Cuba está en una encrucijada histórica. Su modelo comunista, de economía planificada, sostenido a la fuerza con una brutal dictadura por más de seis décadas, se dirige al colapso.

En la lógica estructural, lo que vive hoy Cuba es similar a lo que vivió la Unión Soviética, cuyo modelo colapsa, sin necesidad de guerras, misiles ni enfrentamientos militares. La ex URSS se derrumba sola. En el tiempo, su economía fue incapaz de sostener la carrera armamentista que exigía el equilibrio del poder, en el mundo bipolar. 

La carrera armamentista demandaba grandes esfuerzos e ingentes recursos económicos. Y como el modelo de economía planificada, es incapaz, como sostuvo Friedrich von Hayek, de generar riqueza y excedente, en determinado momento debe colapsar. Esto, precisamente sucede con la Unión Soviética luego de la caída del Muro de Berlín. Dando fin a la guerra fría después de largos 46 años. 

El colapso de la URSS, que se produce el 31 de diciembre de 1991, no solo fue producto de un choque geopolítico. Fue, sobre todo, el fracaso de su economía. Consciente de aquello, Mijaíl Gorbachov, el ultimo presidente de la URSS, implementa la Perestroika.

En esencia, la Perestroika, es el abandono del modelo de economía planificada. Es una profunda reforma económica, política y social. Se abre la economía soviética al libre mercado, restituyendo la propiedad privada. La reforma era inevitable, ya que no era sostenible continuar con la carrera armamentista condenando al hambre a millones de personas.

Ese modelo, contrario al libre mercado y a la propiedad privada, no funcionó. Fue un rotundo fracaso en todos los lugares donde se lo impuso, más que democráticamente, a la fuerza. No hay una sola experiencia positiva. Tarde o temprano, el modelo colapsa.

El derrumbe del Muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética fue resultado de eso. De un modelo económico inepto que no da lugar a la generación de riqueza y prosperidad. 

Los fanáticos marxistas sostendrán que el modelo garantiza una redistribución equitativa de la riqueza. La pregunta es ¿qué van a redistribuir si solo hay pobreza y miseria? En los lugares donde aún funciona este modelo, hoy están redistribuyendo solo pobreza.

Ese es el momento que vive hoy Cuba, después de 37 años del fin de la guerra fría y el derrumbe del Muro de Berlín. Muchos imaginaron que, luego de estos eventos, la caída era inminente. Pues era imposible, dada la dependencia, imaginar que Cuba sobreviva sin el petróleo y la ayuda soviética.

Sin embargo, se mantuvo casi incólume. Tras la implosión soviética, Venezuela toma la posta y pasa a suministrar a la isla, petróleo y otras ayudas de crucial importancia. En las dos últimas décadas, Cuba sobrevivió gracias al petróleo de Venezuela; vean la extrema dependencia y la imposibilidad de producir excedentes.

Venezuela proporcionó petróleo, financiamiento y recursos vitales para mantener la ilusión del “socialismo del siglo XXI”. Llegó a cubrir hasta alrededor del 90% del consumo energético con subsidios petroleros asegurando el funcionamiento de servicios y transporte público a cambio de la exportación de profesionales cubanos, en extraños convenios políticos.

La caída de Nicolas Maduro ha interrumpido ese flujo vital. A su vez, Estados Unidos, ha impuesto sanciones y restricciones a las exportaciones de petróleo hacia Cuba. Todo esto, ha castigado, de forma dramática, a la economía cubana que inexorablemente va rumbo a un punto de inflexión.

Hoy, la isla, enfrenta una severa crisis energética. Con reservas de petróleo que pueden agotarse en tan solo 15 días. Esto, no solo esta provocando apagones prolongados, ha obligado también a suspender el transporte público.

La crisis cubana, no es solo energética y coyuntural, es estructural. Son décadas de decrecimiento y escasez de producción, como resultado de la incapacidad sistemática de generar excedentes económicos suficientes para sustentar las necesidades internas básicas.

En ese contexto, la situación de Cuba es, sencillamente, insostenible, ya no cuenta con esa vital ayuda. También, ya no pueden seguir inhumanamente condenando a millones de cubanos al hambre y la miseria. En determinado momento, los dirigentes del Partido Comunista Cubano, o el propio presidente Diaz-Canel, tendrán que tener la madurez y la visión que tuvo Mijaíl Gorbachov cuando implementó la Perestroika.

Esa lección histórica, hoy, es pertinente para Cuba. En la coyuntura actual, no tiene otro remedio. Pueden, con total soberanía, implementar profundas reformas, como lo hizo Gorbachov, sin ninguna injerencia externa.

El dilema es histórico: continuar con el modelo que solo genera pobreza, o iniciar profundas transformaciones, para evitar una abrupta y desordenada caída. 

Como ocurrió con la Perestroika en la Unión Soviética, tiene que llegar el momento en el que, la elite gobernante, reconozca que sacrificar a millones de personas en nombre de un ideal es inhumano. La pregunta es si ese momento ha llegado o será impuesto por las circunstancias económicas extremas.

Cuba no enfrenta una crisis coyuntural, enfrenta el agotamiento definitivo de una idea. Las dictaduras pueden prolongar la miseria, pero no pueden eternizarla. Cuando un sistema no crea excedentes, no reparte igualdad: reparte hambre. Y cuando eso ocurre, el colapso no es una posibilidad ideológica; es una consecuencia económica inevitable.

El autor es profesor de la carrera de Ciencia Política de la Universidad Mayor de San Simón.