Correlación de Fuerzas es una categoría marxista que se usa para dar cuenta de la fuerza o consistencia política de los partidos, organizaciones sociales y/o movimientos políticos en un determinado tiempo y espacio social, en una “coyuntura política” como se dice popularmente.
Normalmente los politólogos entienden por correlación de fuerzas la representación que han obtenido los partidos después de unas elecciones, es decir, cuántos concejales, asambleístas departamentales, diputados o senadores, alcaldías y gobernaciones obtuvieron los partidos que se disputan el mercado político. Esto es, el grado de representaión que han logrado los partidos en tal o cual competencia electoral, o en todas juntas. Así, para ser “pragmático”, palabreja que les encanta pronunciar a los agentes políticos en Bolivia, aunque ignoran las acepciones y significados profundos de esta categoría conceptual, citaré dos ejemplos concretos:
1.- El 2002 cuando ganó por estrecho margen Goni del MNR, el MAS y el MIP decían que era un gobierno débil porque tenía poca legitimidad ya que apenas logró un 22 % de votos y por eso tuvo que recurrir a la “megacoalición” con el MIR, NFR y otras fuerzas menores, la misma crítica hacían al que catalogaron como “período neoliberal”, también denominado “partidocracia o democracia pactada”, aludiendo al período 1985-2003 que tendrían poco apoyo del pueblo y para lograr gobernabilidad “sumaban aritméticamente” sus porcentajes en votos, sus diputados y senadores hasta lograr mayoría parlamentaria y dos tercios en el congreso parlamentario para poder aprobar leyes, elecciones de autoridades y reformas constitucionales, previa repartija del aparato del Estado.
2.- Por aparente contraste en las últimas elecciones municipales en Santa Cruz de la Sierra el alcalde “Mamen” Saavedra ha obtenido 10 de los 11 concejales, con una votación “histórica” del 71% de votos, si se asume la representatividad como el resultado electoral, es uno de los alcaldes más representativos o el más representativo de Bolivia y si se entiende la correlación de fuerzas como la cantidad de concejales, tiene un dominio absoluto y más de 2/3 del concejo municipal, pudiendo “hacer lo que quiera”, incluso elaborar y aprobar la Carta Orgánica Municipal pendiente más de una década, aunque como veremos tal vez no sea tan así.
En resumen, la correlación de fuerzas se asume o se la entiende en el marco de la Democracia Representativa, la institucionalidad democrática, la Democracia formal o procedimental, donde los ciudadanos o agentes van y depositan su voto y delegan el poder a sus representantes para que éstos definan en función de la oferta o programas políticos como se administrarán la economía, la cultura, la sociedad, lo público.
Ahora bien, los bolivianos y políticos que adscriben o creen en la Democracia Representativa tienen que entender que para los marxistas y algunos grupos sociales esta concepción de Democracia y correlación de fuerzas no les basta, ellos no se sienten representados por la institucionalidad estatal y lo dicen pública y abiertamente, cada rato además, no es algo subjetivo que guardan para sí.
Con independencia de la visión del mundo, de la concepción ideológica que estos grupos tienen sobre la Sociedad y el Estado, por ejemplo las nociones “estado plurinacional”, “modelo económico social comunitario productivo”, “democracia comunitaria”, lo que hay que entender es como consiguen imponer su visión al resto de la totalidad social, siendo una minoría demográfica.
Aquí salta a la vista todo el arsenal de acciones políticas pensadas, elaboradas y ejecutadas en forma coordinada y sistémica por estos grupos y organizaciones, en las que organizaciones sociales fungen como partidos políticos o “movimientos sociales” para usar la categoría de Alain Touraine que repetían como loro en Bolivia, logrando imponer ese lenguaje incluso en el gremio periodístico. Así, si uno mira la prensa, videos, fotografías, entrevistas, artículos, libros, y como estamos viviendo otra vez en mayo de 2026 mientras escribo estas pocas líneas, marchas, bloqueos de caminos y carreteras, de calles y avenidas en las ciudades, cerco a La Paz, han amenazado siempre con cercar Santa Cruz pero todavía no lo han hecho, quema o atentados al transporte y bienes públicos (pumas Katari), de flotas en cualquier lugar de Bolivia, atentados a la propiedad privada en Santa Cruz a la Cainco y al Comité Cívico, en La Paz a la casa de Casimira Lema, tomas de aeropuertos, agresiones a periodistas y ciudadanos, secuestros, asesinatos o ejecuciones en el hotel Las Américas, terrorismo de Estado, agresiones, humillaciones, secuestros y asesinatos de indígenas en la frontera y conflicto del TIPNIS con el Chapare, invasión y avasallamientos a sus territorios comunitarios, despojo y domesticación de éstos en Guarayos y en el Beni, violencia simbólica y cultural al promover el dominio estatal de una cultura sobre las otras en la simbología oficial del Estado, en los medios de comunicación públicos y privados mediante la propaganda estatal, y un largo etc. En concreto usan la Violencia Social organizada y dirigida a la toma del poder y a la imposición de su visión del mundo sobre la Sociedad Civil, Regiones y grupos étnicos que no comparten la suya, logrando por ejemplo la Guerra del Gas y del Agua, la renuncia de Goni, la aprobación de la Asamblea Constituyente, de Prefectos, Gobernadores y Alcaldes, la aprobación y/o abrogación de leyes, etc.
Hay que establecer también un hecho histórico social, la existencia de grupos étnicos y corporativos que han ejercido violencia social-militar desde hace siglos o décadas. Uno es el movimiento indianista katarista aymara que se ha armado para no irnos muy atrás desde digamos la “Guerra Federal” de 1899 con el ejército de Zárate Willka en La Paz o la Guerra del Chaco y posterior Revolución del 52 y que no ha necesitado la “ayuda” o presencia de ningún marxista clásico o contemporáneo. Otro es el movimiento cocalero del Chapare, terminándose de formar con la relocalización de las minas de 1985 y la llegada de mineros a “colonizar” esas tierras que sí tenían cierta base marxista, pero no únicamente marxista, que les sirvió para organizarse en sindicatos, por eso que en el Chapare hay campesinos no indígenas, los indígenas que existían los yuquis, yuracaré fueron desplazados o exterminados de ese lugar del mundo.
Todo esto, no quiere decir que no se haya producido de hecho una fusión entre el movimiento katarista-indianista, el movimiento cocalero del Chapare y ciertos individuos y grupos marxistas o socialistas clasemedieros y una conexión con la variable internacional como el Foro de San Pablo, el Grupo de Puebla, China, Rusia, Irán, Venezuela, etc, y que la suma o síntesis de este conjunto de actores políticos actúan de forma coordinada, estratégica y sistemática, es decir, funcionan como una Unidad Política, ya que han encontrado en lo étnico, en el Nacionalismo y en la Cultura o lo Cultural un sustituto de la vieja y anquilosada contradicción clasista o económica de los siglos XIX y XX.
En síntesis, la violencia que vivimos hoy en Bolivia no son hechos aislados o espontáneos (espontaneísmo de las masas), basta con ver y escuchar los discursos que esgrimen los movilizados, el relato, son producto de una violencia social-militar bien organizada y pensada, que lamentablemente tiene su raíz en la historia de este país y solo será superada con una Nueva Visión de la Sociedad boliviana que de verdad integre, cohesione y nacionalice a los bolivianos en una Identidad Nacional unificadora y comprensiva de las identidades mestizas regionales y étnicas menores, no será como escribía y esgrimía uno de sus propagandistas a través de la “indianización del estado”.
El autor es cientista social