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Opinión

12 de agosto de 2022 12:26

La nueva tribu


Bolivia y el Estado Plurinacional son dos conceptos totalmente diferentes, desde la lógica oficialista se trata de la vieja República colonial, discriminadora, neoliberal contra el nuevo Estado Plurinacional, de las masas populares y organizaciones sociales, reivindicadora de los derechos de las 36 naciones indígenas reconocidas por la Constitución Política del Estado producto del ejercicio de la democracia de las mayorías.

Sin embargo, creer que el Estado Plurinacional es la nueva Atlantis o un nivel superior en la civilización moderna esta lejos de la realidad, en primer lugar porque la gran mayoría de este país ha renunciado tácitamente a ese contrato social obligatorio que los hace presas del poder público.

Si bien es cierto que dichos ciudadanos aún son reconocidos por el Estado Plurinacional, cabe señalar que esos ciudadanos buscan alejarse de todas las instituciones sociales que a su parecer, limitan sus aspiraciones u proyectos de vida. En términos económicos hablamos de la economía informal, de todos esos proveedores de bienes y servicios que prefieren desarrollar sus actividades fuera del área de influencia del poder público, de los trámites, tasas, impuestos y regulaciones sinfín.

Conscientes de su precariedad laboral y los "beneficios sociales" a los que tendrían que acceder eligen pertenecer a la informalidad, no es una decisión que este relacionada a su incapacidad para distinguir entre el bien y el mal o una predisposición a cometer delitos. Es simplemente una posición guiada por la información e incentivos que puede interpretar a su alrededor.

Pasa lo mismo cuando los individuos rechazan el accionar de la Policía, abusos y atropellos que emanan de decisiones nuevamente del Poder Público, a merced del círculo cerrado de poder político, la casta del Estado Plurinacional.

Autoridades y las instituciones administradas por estos son blanco de repudio por su accionar en contrasentido a la racionalidad, de espaldas a los intereses que supuestamente salvaguardan y promueven, pero por sobre todo con el cinismo suficiente como para distorsionar la realidad y tomar decisiones a partir de supuestos falsos.

El trato "igualitario" ante la ley aplica de un modo perverso, en las condiciones que el poder político establezca como suficientes o necesarias salvando obviamente a los círculos de poder de tener que probar un poco de realidad como el común de individuos.

La nueva tribu que se aleja lo MAS posible del fracasado Estado Plurinacional no requiere de entes deliberantes o representativos que actúen por ellos. Han encontrado en la libre determinación y los procesos de mercado que se basan en la negociación, coordinación en busca del mutuo beneficio las herramientas para relacionarse unos con otros en paz.

Estos deambulan cual nómadas buscando nuevos parajes y oportunidades para poder sortear sus necesidades más urgentes. Vivir al día, sobrevivir, con el riesgo latente de ser emboscados por el imperio de la violencia institucional.

Podrán compartir algunos espacios como las escuelas públicas o puestos de salud con los últimos moradores del Estado Plurinacional de Bolivia sin embargo están conscientes que ese nivel de vida no es algo a lo que ellos aspiren y nuevamente usan todos los medios que estén a su alcance para mejorar su situación actual.

La sostenibilidad del Estado Plurinacional pende de un hilo, los recursos públicos son cada vez más escasos para costear y mantener los círculos de poder político y sus respectivos comensales. Los pocos formales desencantados pueden honrar sus tributos para alimentar las voraces fauces del Poder Público, pero solo es cuestión de tiempo hasta que la realidad los golpee en el rostro con la brutalidad de una tormenta perfecta y se den cuenta que su proyecto de vida no puede seguir siendo postergado a cambio de la ilusión de una posteridad incierta.

La nueva tribu de bolivianos piensa fuera del Estado, trabaja fuera del Estado, planea y construye fuera del Estado, a partir del más básico de los instintos, el de supervivencia. No hay nada más perverso que tratar como bastardos a los verdaderos hijos de esta Tierra, silenciar su descontento y negarles la propiedad de los medios necesarios para la producción y dotación de bienes y servicios.

La nueva tribu espera con expectativa a que los círculos del poder político claudiquen por inanición, la sed de poder en el Estado Plurinacional cruza límites inimaginables, más de las que puede saciar. Sin riqueza y trabajo duro solo se tienen así mismos, una caterva de privilegiados que vive a costa de los demás.

En palabras de Pepe Mujica: "el socialismo es una enfermedad— inteligente, su único mérito es el de no matar al huésped".

Carlos Armando Cardozo Lozada es economista, Máster en Desarrollo Sostenible y Cambio Climático, Especialidad en Gestión del Riesgo de Desastres y Adaptación al Cambio Climático, Presidente de Fundación Lozanía

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