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1 de abril de 2021 17:44

Hombre libre, preso por voluntad


En vísperas de la Semana Santa un periodo de reflexión personal, meditación y sanación dentro de la religión católica, me dirijo a ustedes para proponerles un proceso similar de reflexión, no apelando a su credo, sino a su razón, quiero reflexionar respecto a su relación en calidad de ciudadano con el Gobierno.

George Carlin, comediante - actor y crítico social norteamericano, menciona en su crítica al Gobierno elementos bastantes ilustrativos que me permito extraer sin un orden jerárquico en especial: 1) La sociedad demanda honestidad de los políticos sin embargo todo el sistema público está basado en mentiras por ende exigir honestidad ocasionaría un derrumbe íntegro del sistema 2) Hay una poderosa razón por la cual la educación nunca parece mejorar, sencillamente no está en los planes de los dueños del país  confórmense con lo que tienen porque esperar que algo así suceda es una utopía. 3) Los políticos mantienen a la sociedad ilusionada que en definitiva son ellos los que tienen el poder de decisión en sus manos, la verdad es que vivimos adormecidos siguiendo el comportamiento pautado en función a otros intereses.

4) El control de jueces, fiscales, medios de comunicación, empresas y corporaciones les permite tomarlos por el “cuello” y obligarlos a seguir un libreto acorde a sus intereses. 5) ¿Por qué se tomarían la molestia? Porque no quieren gente educada, bien informada con pensamiento crítico que se interponga entre ellos y sus intereses particulares.

6) Los medios de comunicación (no solo noticieros) son la intersección donde política, relaciones públicas, negocios, publicidad y espectáculos confluyen en partes iguales con toda su basura, basura que consumimos y nos distrae de lo verdaderamente importante, 7) No soy un buen norteamericano, por el simple hecho que me gusta pensar, no soy de esos que rueda sobre sí mismo “panza arriba” con solo una orden, particularmente tengo solo una regla: No creer nunca en lo que el Gobierno me dice.

¿Por qué cito estos 7 puntos? Pues bien, veo con total preocupación como hemos abandonado el mando de nuestras vidas, en Bolivia padecemos de una desesperanza generalizada consecuencia del quehacer de la política, cuando el Gobierno hace o deshace inmediatamente el ciudadano cambia de humor, normalmente asume una actitud de preocupación y desolación ante los nuevos “cambios” y temas de agenda que nos dosifican día a día.

Con esto no sugiero que caigamos en la simpleza de la abstracción personal, valga decir conformarnos con nuestro círculo más próximo y acuartelarnos en nuestro pequeño universo. Lo que desearía es que se cuestionen así mismos ¿por qué el Gobierno incide a ese extremo en nuestras vidas? ¿Por qué define si nos va bien o mal en un negocio, atosigándonos con impuestos? ¿Por qué es capaz de generar una sensación de indefensión en la ciudadanía cuando desata su faceta más tirana a través de su sistema judicial? ¿Por qué nos trata de imponer una verdad de los hechos cuando cada ciudadano fue testigo del monumental fraude que nos impulsó a salir a las calles? ¿Por qué nos dice que es justo y que no es justo? ¿Por qué establece una escala “moral” de lo que es correcto o no a los ojos de sus leyes? ¿Por qué nos dice cuando cerrar los ojos frente al Narcotráfico del Chapare y dudar que este es un problema de escala transnacional? ¿Por qué nos convence de hacer un sacrificio como país mientras ellos son los primeros que financian su existencia a través del bienestar de las familias contribuyentes? ¿Por qué nos tratan como ciudadanos de segunda reconociendo al “verdadero pueblo” exclusivamente en sus adeptos?

¿Por qué nos quieren con miedo, pobres, sin esperanza, odiándonos unos con otros preocupados únicamente por sobrevivir un día a la vez?

Apuesto que muchos de ustedes se hicieron alguna de las preguntas que les acabo de enumerar, sin embargo, aun conociendo la respuesta no hicieron nada al respecto.

La respuesta es sencilla: mientras más miserables somos como ciudadanos más imploramos por la intervención del Gobierno para sacarnos de nuestra desventura. Esta relación es inversa y demanda algo a cambio, nuestra libertad. Si deseamos salir de la pobreza, tener un plato de comida en la mesa y que nuestros hijos puedan acceder a la educación y salud debemos sacrificar algo a cambio, nuestra libertad, una declaración implícita de nuestra incapacidad de hacernos cargo de nosotros mismos cediendo nuestra tuición a un tercero.

El Gobierno justifica su sola existencia cuando los ciudadanos son incapaces de resolver sus problemas por si solos y ceden su libertad a cambio de “certidumbre”. Muchos dirán, pero un ciudadano no puede hacer caminos para movilizarse, no puede hacer hospitales para atenderse, no puede hacer escuelas para educarse, si tienen razón sin embargo tiene la capacidad de asociarse y llevar adelante “empresas” que permitan satisfacer sus necesidades. Un ciudadano por sí solo probablemente fracase, sin embargo, la sociedad en conjunto a través de la complementariedad puede tener éxito, y superar de lejos la capacidad del Gobierno.

Y es justamente esta forma de pensar como individuos sumada a la capacidad de relacionarnos con el prójimo a través de acuerdos que generan esa complementación crucial para el ser humano (la empatía, la solidaridad, el respeto) de cara a vivir en paz como una comunidad. El Gobierno por otro lado usufructúa del conflicto, de las divisiones de la envidia y el odio. ¿Ahora les resulta familiar?

Aplaudimos al carcelero por lanzarnos un plato de comida fría cuando la llave está en nuestra misma celda. La libertad individual.

Carlos Armando Cardozo Lozada es economista, máster en Desarrollo Sostenible y Cambio Climático, Presidente de Fundación Lozanía   

 Twitter: @CharlieCardozo 

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