Opinión

6 de enero de 2019 11:46

El último caballo de Troya


Evo Morales cierra el 2018 con el anunció de la implementación el Seguro Universal de Salud Gratuita (SUS), luego del trabajo realizado por diferentes organizaciones sociales y sectores afines al oficialismo congregadas en las denominadas Cumbres de Salud. El sector de médicos en Bolivia se mostró totalmente en desacuerdo con este anunció haciendo notar que el actual sistema de salud no tiene las condiciones para poder atender más beneficiarios y proponerse hacerlo sería una irresponsabilidad habiendo aún tareas pendientes por parte del Nivel Central.

La propuesta tal cual se presentó según el ministro de Economía y Finanzas, Mario Guillén, no ha sido contemplado en el Presupuesto General del Estado 2019, sin embargo, se comprometió 200 millones de dólares desde el Nivel Central, el origen de estos fondos son todavía un misterio.

Entre tanto el Ministro de Salud, Rodolfo Rocabado, ha develado extraoficialmente (el SUS no ha sido promulgada por ley aún) que existen 3 fuentes de financiamiento, la primera ya citada por Guillén parte del Nivel Central con la inversión inicial de 200 millones de dólares americanos destinados exclusivamente para el servicio de salud de tercer nivel, una segunda que proviene de los recursos de la coparticipación tributaria de los municipios (15,5%) alrededor de 239 millones de dólares americanos para atender los servicios de salud de segundo y primer nivel. Finalmente, la tercera fuente serían los aportes de las Gobernaciones conforme al actual marco competencial. Rocabado acotó que paralelamente a la implementación del SUS se continuara con el plan de construcción de hospitales con una inversión de 2.000 millones de dólares (Los Tiempos, 01 de diciembre 2018). 

Analizando los datos presentados por Fundación Milenio (¿Cuánto gasta Bolivia en la salud de la Población?, 29 de agosto 2018) para empezar, tenemos un gasto público promedio en salud de 5,3% del PIB (2003-2013) el año 2014 el gasto público en salud se situó por debajo de aquel promedio (4,30% del PIB). La Organización Mundial de la Salud (2014) estipulo una meta de inversión en salud de 6% del PIB entre los países de Latinoamérica y el Caribe, Bolivia tanto antes como después de dicho acuerdo no dio cumplimiento a la meta asumida y suscrita voluntariamente.

Bolivia tiene alrededor de 4.011.797 ciudadanos cubiertos por el servicio brindado por las diferentes Cajas de Salud. Se tienen registrados 1.485.056 afiliados titulares a estos servicios, cada uno de ellos en promedio beneficia en calidad de dependientes a 2,70 ciudadanos adicionales.

El seguro del cual se benefician este privilegiado grupo de bolivianos se ha sustentado el año 2017 a partir de los aportes per cápita por afiliado de 2.799 Bs. (402 dólares americanos) deducido de sus salarios, de manera global el Aporte a la Seguridad Social ascendió a 4.330 millones de bolivianos (622 millones de dólares americanos). Si comparamos al gasto en salud per cápita en salud realizado por el Estado tenemos que por ciudadano se destinó solamente 185 dólares americanos, existe una brecha de 217dólares americanos por ciudadano o 2.418 millones de dólares americanos globales entre lo que aportan individualmente los afiliados y lo que invierte efectivamente el Nivel Central.

De aplicarse el SUS el Gobierno Nacional debería subvencionar la afiliación de 5,5 millones de personas (51% de la población nacional) adicionales en el actual sistema de salud, con todas las limitaciones y debilidades presentes. La inversión comprometida por el Estado supone tan solo el 10% del total de la inversión que realiza en salud por año (2.000 millones de dólares americanos) según estimaciones de Fundación Milenio.

¿Es posible implementar el SUS gratuito? Desde un punto de vista estrictamente técnico, Bolivia no está en condiciones de incurrir en un gasto de esta índole, 5 años de déficit fiscal con un 6to año en puertas (2019) dan cuenta de ello. Como puede financiarse progresivamente un programa tan complejo cuando desde el año 2006 no se hizo el más mínimo esfuerzo por sentar las bases para universalizar la salud de manera sostenible tal cual lo señala la OMS (5 de diciembre 2018) en una publicación por demás didáctica acerca de la Cobertura Sanitaria Universal (CSU).

Margaret López (Solo tres países cumplen meta regional de gasto en salud, SciDevNet) hace referencia a un estudio publicado en la Revista Panamericana de Salud Pública (14 de septiembre de 2018) donde destaca que, basados solamente en el ritmo de crecimiento de la economía nacional, Bolivia llegaría a cumplir con la meta de inversión del 6% del PIB en salud recién el año 2027.

Ustedes dirán bueno 8 años más, no es mucho tiempo, el problema de fondo no radica solamente en cuanto se invierte en salud, sino en cómo se invierte. Mario Gonzales, Academia Nacional de la Medicina de Venezuela, clarifica este punto con un ejemplo simple: Chile tiene la mortalidad materna más baja de toda la región y apenas gasta un tercio del monto invertido por Cuba. Costa Rica destina más recursos que Chile sin embargo la mortalidad materna registrada es contrariamente superior.

En definitiva, el SUS es una idea que refleja solamente buenas intenciones, las condiciones actuales y el comportamiento de inversión del Estado respecto a la salud dan cuenta que el hoy anunció solamente responde a objetivos políticos en esta carrera electoralista y no así a una política sería planificada que casualmente se encuentra incorporada nominalmente en la Agenda Patriótica 2025 que a 13 años de gobierno viene a anunciarse en vísperas de nuevas elecciones generales. Las entidades territoriales deberán poner mucha atención al desarrollo de esta propuesta dado que se estaría comprometiendo recursos de las autonomías municipales y departamentales de manera irresponsable para dar pie a la visión de Morales respecto a la salud.

Carlos Armando Cardozo Lozada es economista, Máster en Desarrollo Sostenible y Cambio Climático.
Twitter: @CharlieCardozo