Opinión

10 de febrero de 2019 08:45

El fracaso confinado


Las universidades públicas en nuestro país, han venido a ser espacios por demás importantes no solo por su rol en la formación superior de tantos jóvenes bolivianos, sino también como espacios de debate que incluso trascendieron los campus universitarios y tuvieron un gran impacto en el escenario político nacional.

Lo cierto es que, en la actualidad la realidad de la educación superior pública en Bolivia dista mucho de aquellos escenarios, donde se intercambiaban criterios hoy se han convertido en campos para la profesionalización de la politiquería desde las dirigencias universitarias, de los manejos arbitrarios de la institucionalidad universitaria que al gozar de autonomía se convierte en tierra de nadie donde tantos personajes han pasado dejando como único legado la mediocridad.

El mal manejo de la Universidad Pública como institución es solo un reflejo más del paupérrimo estado de la coyuntura nacional, esto se puede evidenciar en municipios, en gobernaciones y en el Nivel Central. Apelando a datos del Comité Ejecutivo de la Universidad Boliviana (CEUB) para el periodo 2004-2015 se ha pasado de 256.834 alumnos matriculados a 440.918 alumnos (en un sistema de 15 universidades afiliadas) es decir en 12 años se tuvo un crecimiento 71,67% de la masa estudiantil en el territorio nacional que tuvo un promedio anual de 349.938 estudiantes.

Ahora bien, si analizamos el flujo de ingresos como egresos de este sistema universitario muestra que de una población de 71.550 bachilleres promedio que se incorporan cada año a una de las 15 universidades que hacen a la CEUB, tan solo 19.847 nuevos profesionales se titulan y se incorporan en el mercado laboral “formal”, es decir solo un 27,74% de esos nuevos matriculados; tenemos un efecto embudo en el que el nivel de captación de bachilleres es amplio sin embargo el proceso de profesionalización se ve restringido causando que una sobre población de estudiantes conviva en la universidad pública boliviana.

Esto puede dar a entender dos cosas: primero que el tiempo de profesionalización del recurso humano en Bolivia supera los plazos académicos reglamentarios, segundo el incremento del acceso a la educación superior pública ha venido a un coste muy importante, el desempleo. Se ha universalizado la profesionalización, sin embargo, esta no responde a una necesidad real del mercado laboral nacional, mucho menos a la visión de desarrollo del país como veremos a continuación.

Durante el periodo 2007-2016 el PIB real de Bolivia fue consolidado por los siguientes sectores: Industria Manufacturera, Agricultura, Extracción de Minas y Canteras y Establecimientos Financieros que en conjunto hacían un 41,28% del total de la producción efectiva de nuestro país por un valor de 20.940.969 millones de dólares americanos. 

Los recursos humanos provistos por el sistema universitario público tuvieron una participación de 26,56% de profesionales en Ciencias Sociales y Humanas, un 24,15% de profesionales en Ciencias de la Salud y 23,45% profesionales en Ciencias Económicas (Ingeniería y Tecnología 18,37%; Ciencias Agrícolas 5,79%; Ciencias Puras y Naturales 1,69%). En síntesis, mientras la economía requería recursos humanos en áreas Industriales, Agrícolas y Extractivistas, la Universidad Boliviana Pública le envió Abogados, Médicos y Administradores de Empresas; una total incoherencia desde todo punto de vista.

El punto que quiero recalcar con todo lo expuesto es que la Universidad Pública se ha degenerado como institución, en sentido que los recursos humanos profesionalizados responden más a una demanda de la sociedad y no así de los sectores productivos de la economía. Estamos hablando básicamente de una Universidad sin una verdadera incidencia en el plano social, carente de una visión clara de su entorno y de los desafíos y metas de desarrollo que tiene el país.

Esta alienación de la educación superior, trae como consecuencia hordas y hordas de profesionales que no pueden encontrar una fuente de empleo por tanto buscan insertarse en otros mercados laborales para los cuales ellos no han sido preparados. La orientación de la oferta de trabajo es una tarea ineludible de la Universidad Pública, no nos olvidemos que su principal fuente de financiamiento son las arcas del Estado (Transferencias del Tesoro General del Estado, IDH, Coparticipación Tributaria, entre los más importantes), por tanto, es un eslabón muy importante para desarrollar y encaminar el modelo de desarrollo planificado por el Gobierno Nacional.

Podemos ver con mucha tristeza, que las universidades se encuentran en problemas similares a los de los municipios y gobernaciones, tienen una alta dependencia a las transferencias del Estado y una incapacidad para generar recursos propios. Las Universidades Públicas solo apelan al cobro de matrículas (montos por demás irrisorios) de su creciente masa poblacional estudiantil, dejando de lado fuentes más ingeniosas de generación de ingresos como la innovación, la investigación, la venta de servicios profesionales, etc.

Como siempre en nuestro país nos vamos por la opción que menor esfuerzo requiera, lo cierto es que el costo que estamos pagando supera con creces las migajas del conformismo y mediocridad que tanto autoridades como estudiantes universitarios parecen no reconocer o peor aún importarles.

Carlos Armando Cardozo Lozada es economista, Máster en Desarrollo Sostenible y Cambio Climático
Twitter: @CharlieCardozo