En nuestra sociedad y en el mundo entero, todo aniversario se festeja y se celebra con acontecimientos significativos, con rememoraciones históricas y con honores. En nuestro país, observamos toda clase de actos vinculados al tiempo transcurrido desde la independencia del Alto Perú, pero antes corresponde formularnos algunas preguntas: ¿Qué representa y como sentimos los bolivianos el BICENTENARIO DE LA REPUBLICA? ¿Qué visión tenemos y como seremos capaces de construir con los nuevos gobernantes, la BOLIVIA como país democrático para este Siglo XXI? ¿A quién elegirá el pueblo para conducir el país sumergido en una aguda crisis donde destaca la falta de principios y valores morales? Cada uno tendrá sus propias respuestas.
Entre tanto, el primer tema elegido para entender los acontecimientos desde la firma del Acta de Independencia es la relevancia histórica y militar que originaron este hecho, a partir del que han surgido un cumulo de opiniones entre las cuales está la de Charles W. Arnade en su libro “La dramática insurgencia de Bolivia” (pág. 230) en el que concluye con lo siguiente: “El sábado 6 de agosto de 1825, Bolivia comenzó su vida como una nación independiente; estaba en el umbral de una terrible y espantosa historia.”
En esta oportunidad, como un importante homenaje rememorativo a los DOSCIENTOS AÑOS DE INDEPENDENCIA DE LA REPÚBLICA DE BOLIVIA, la relevancia histórica y militar la establecen los seis MARISCALES que destacaron en sus actuaciones en distintos momentos de nuestro acontecer patrio. Ellos fueron.
JUANA AZURDUY DE PADILLA, MARISCAL DE LA PATRIA GRANDE, 1820 fue una importante figura en las guerras (guerra de guerrillas) por la independencia, actuando en provincias de lo que hoy es Argentina y en Bolivia. Se la conoce como guerrillera, madre y heroína de las republiquetas. El año 2009 fue ascendida a Generala del Ejército argentino y Mariscal de la República de Bolivia por considerarla una de las libertadoras de nuestro país, además de su valentía, su coraje, su compromiso con la libertad y su lucha por la independencia. Todos estos elementos impulsaron a otorgarle este grado.
ANDRÉS DE SANTA CRUZ Y CALAHUMANA, MARISCAL DE ZEPITA, 1823 Fue un genio militar, estadista visionario y ciudadano ejemplar. La Batalla de Zepita fue un enfrentamiento clave en la guerra de independencia del Perú, donde el ejército patriota liderado por Andrés de Santa Cruz se enfrentó a las fuerzas realistas. La batalla se libró el 25 de agosto de 1823, en el marco de la Segunda Campaña de Intermedios. Fue un paso importante en la consolidación de la independencia peruana y le valió a Santa Cruz el título de Gran Mariscal de Zepita, nombrado por el gobierno peruano en reconocimiento a su liderazgo en la batalla. Fue presidente de Bolivia entre 1829 a 1939.
ANTONIO JOSÉ FRANCISCO DE SUCRE Y ALCALÁ, MARISCAL DE AYACUCHO, 1824. “La opinión de los historiadores sobre Sucre es unánime, fue un hombre incorruptible, fiel a sus ideales; pero hombre de su tiempo al fin, sus actos respondieron a cambios radicales que dejaban de lado los tradicionales y los sistemas establecidos.”… Como presidente de la nueva nación, le correspondió “a Sucre la tarea de reactivar la economía y de sostener una política de reformas revolucionarias que significaban un cambio sustancial en todos los estratos de la sociedad.” (Mesa Gisbert pág. 294). Obtuvo el título de Gran Mariscal de Ayacucho por su victoria en la batalla de Ayacucho derrotando al último virrey español. El título le otorgó el Congreso peruano el 1824. (Wikipedia, artículo sobre Antonio José de Sucre). Un militar integro y ejemplo para los miembros de las fuerzas armadas.
OTTO FELIPE BRAUN, MARISCAL DE MONTENEGRO, 1835. Braun de origen alemán en 1835 recibe el cargo de comandante en jefe de las provincias del sur con el encargo de proteger el país de una posible invasión argentina. Braun dirige varias batallas contra los enemigos de la Confederación Perú-Boliviana. En 1838 obtiene la victoria sobre los argentinos en la batalla de Montenegro por lo que es nombrado Mariscal de Montenegro. En el libro “Los Mariscales de Bolivia” se lo describe como un soldado leal y fiel en la gloria como en el infortunio. Un extranjero que genera glorias para nuestro ejército.
JOSÉ MARÍA AGUSTÍN BALLIVIÁN Y SEGUROLA, MARISCAL DE INGAVI, 1841. José Ballivián enfrentó a las fuerzas peruanas en la batalla de Ingavi (o Incahuae), donde logró una victoria decisiva y fue el motivo para nombrarlo Mariscal de Ingavi. Esta batalla es considerada un punto de inflexión en la historia de Bolivia, por la soberanía del país frente a la amenaza peruana. Dentro de la historiografía tradicional, este acontecimiento fue constantemente exaltado, tanto por autores afines como por opositores al gobierno de José Ballivián, quienes reconocieron su importancia decisiva en la defensa de la nación. Con esta contundente victoria, Ballivián no solo aseguró su posición, sino que también consolidó para siempre la independencia de Bolivia frente a las amenazas externas. Fue un gran conductor del ejército, ilustre estratega y estadista. (Wikipedia. Artículo sobre José Ballivian).
BERNARDINO BILBAO RIOJA, MARISCAL DE KILÓMETRO 7, 1932. Conocido como el “Invicto estratega”, gran defensor del petróleo y la honra nacional. Uno de los pocos militares triunfador en combate, no se rindió ante el enemigo, no fue prisionero, no retrocedió mellando la hombría de sus soldados, no hizo golpes de Estado ni se vendió ante los gobiernos de turno, jamás persiguió, mató o sembró pánico en sus compatriotas. En definitiva, un patriota, un militar de honor, un jefe probo, un comandante estratega, calificativos que hoy con pocas excepciones, no podemos dar a cientos de militares que pasaron por alguna de las armas de nuestra “Institución Tutelar de la Patria” y que lamentablemente solo sirvieron para escribir páginas amargas o venderse al mejor postor, olvidando su juramento por su honor, su patria y su bandera. Fue nombrado y ascendido al grado de MARISCAL DEL EJÉRCITO DE BOLIVIA durante el cuarto gobierno del presidente Víctor Paz Estenssoro, en grado póstumo mediante Ley 824 del 3 de abril de 1986.
El autor es docente Emérito Universidad Mayor de San Andrés