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Migrantes

Mujeres bolivianas sostienen la vida en tránsito: cuidados invisibles en la migración rural hacia Chile

Las mujeres relatan experiencias de alto riesgo durante el cruce de fronteras, en especial cuando migran con bebés o niños pequeños por pasos no habilitados.
25 de febrero, 2026 - 10:33
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Foto: Jesuita Migrante
Foto: Jesuita Migrante

La Paz, 25 de febrero de 2026 (ANF).- Las trayectorias migratorias de mujeres bolivianas hacia zonas rurales del centro y norte de Chile están marcadas por una doble carga: la inserción precaria en la agroindustria y la responsabilidad casi exclusiva de los cuidados familiares y colectivos en contextos de movilidad transnacional. Así lo documenta el capítulo “Cuidados familiares y colectivos en movilidad transnacional en zonas rurales del centro y norte de Chile”, incluido en el libro Cuidados en contextos de ruralidad, que analiza experiencias en territorios agrícolas como el valle de Azapa y la provincia de Melipilla.

La investigación muestra que la migración ya no es sólo individual: cada vez más familias completas se desplazan desde distintas regiones de Bolivia, incorporando a niñas, niños y adolescentes a los proyectos laborales temporales. Este proceso, conocido como “familiarización de la movilidad”, obliga a desplegar estrategias complejas de cuidado a lo largo de las rutas migratorias, en los cruces fronterizos y en los lugares de destino, casi siempre sin respaldo institucional suficiente.

En los contextos rurales chilenos, las mujeres bolivianas concentran tareas productivas y reproductivas. Trabajan en la siembra y cosecha de frutas —naranjas, limones, frutillas o paltas— y, al mismo tiempo, garantizan el cuidado cotidiano de hijas e hijos en escenarios donde escasean jardines infantiles, centros de salud especializados y redes familiares de apoyo. La ausencia de la familia extensa, clave en los lugares de origen, incrementa la sobrecarga de cuidados y profundiza la desigualdad de género.

El estudio también documenta los cuidados en tránsito. Las mujeres relatan experiencias de alto riesgo durante el cruce de fronteras, en especial cuando migran con bebés o niños pequeños por pasos no habilitados. El miedo, la violencia y la precariedad administrativa impactan directamente en la posibilidad de acceder a derechos básicos, como la salud o la educación, tanto para ellas como para sus hijos e hijas.

Frente a la ausencia o debilidad del Estado, emergen cuidados colectivos impulsados por las propias migrantes. Talleres comunitarios, apoyo entre vecinas, intercambio de información sobre regularización migratoria y redes solidarias permiten sostener la vida en condiciones adversas. Estos cuidados colectivos no siempre están reconocidos institucionalmente, pero cumplen un rol central en la reproducción social de las familias en movilidad.

Las conclusiones del capítulo son claras: los cuidados en movilidad transnacional siguen siendo invisibilizados, pese a su centralidad en las migraciones rurales contemporáneas. Las autoras y autores advierten la urgencia de políticas públicas de cuidados con enfoque de género y migración, que redistribuyan responsabilidades y alivien la carga que hoy recae casi por completo en las mujeres bolivianas que migran para sostener, literalmente, la vida en tránsito.

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