ESTEFANI TAPIA
Son 192 años de vida soberana, hemos contado hasta la fecha con 65 presidentes, de los cuales ninguna fue una mujer electa democráticamente. Y mirando hacia las próximas elecciones, ningún sondeo presenta a una mujer como posible candidata presidencial. ¿Es que acaso no hay mujeres lo suficientemente capaces en nuestro país como para ocupar el cargo más alto de la esfera pública?
Históricamente las mujeres hemos sido discriminadas de la esfera política y fue gracias a largas y arduas luchas que logramos reivindicar el papel de la mujer en la política. Primero vino el derecho al voto, después se instauró una cuota del 30% de participación de mujeres para las listas de elecciones parlamentarias y municipales, y posteriormente el año 2010 se aprobó la ley 026 que establecía la paridad e igualdad de género para la Asamblea Legislativa. Gracias a dicha ley, según datos de la vicepresidencia, actualmente hay alrededor de un 49% de mujeres en el congreso, 43% en el órgano judicial, 43% en las asambleas departamentales y 45% en los consejos municipales.
No obstante, en los órganos ejecutivos, a los cuales no aplica esta ley, la participación de las mujeres es mínima o inexistente. Del total de las 339 alcaldías, solo 28 son lideradas por mujeres, y ni que decir de las gobernaciones departamentales y los cargos de presidente y vicepresidente del país, que son liderados en su totalidad por hombres. Y es bajo este contexto que el presente año las diputadas Fernanda San Martin y Jimena Costa presentaron el proyecto de ley para que la paridad de género y alternancia alcance al órgano ejecutivo, y más específicamente el binomio presidencial, el cual ha sido terreno masculino prácticamente desde siempre. Esta ley aseguraría un espacio para las mujeres en la más alta esfera de poder y de decisión del Estado.
Muchas críticas surgieron a partir de este proyecto, y la más común es que no se debería dar posiciones o escaños simplemente por el hecho de ser mujer. Pero, ¿Creen realmente que si no existiera la actual ley de paridad y alternancia para los órganos legislativo y judicial, habría la misma cantidad de mujeres ocupando cargos en estos órganos? La realidad es que las mujeres representamos más del 50% de la población, y el sistema nos ha excluido particularmente de la esfera política durante muchos años. Vivimos en una sociedad sumamente machista y patriarcal, donde hombres y mujeres ven a los hombres con mayor legitimidad para ocupar espacios públicos de decisión, y donde las más de las veces las mujeres debemos hacer el doble de esfuerzo para demostrar que somos igual o más capaces que los hombres.
Y esto no es solamente un problema de la sociedad civil, es también y en gran parte un problema presente en los partidos políticos. Vivimos lamentablemente aun en un país donde solo si hay reglas, y sobre todo si hay sanciones, hacemos lo que se debería hacer. Y lamentablemente, si no existieran leyes que exigen y promueven la equidad dentro de los partidos, estos no incluirían en sus listas la cantidad de mujeres que incluyen hoy.
Pero también es cierto que los cargos deberían ser otorgados por evaluaciones meritocráticas, sin embargo nuestra mentalidad y cultura política aun obstruyen estos procesos. Nunca hemos elegido democráticamente a una mujer como presidente y quizás ahí también radica el problema. Aun no vislumbramos o concebimos a una mujer en esos, al igual que no vislumbrábamos a un indígena como presidente.
Como mujeres aun nos encontramos en condiciones de desigualdad en muchos aspectos por lo cual probablemente sea necesario, como muchas otras veces, “forzar al sistema”. Y una forma de hacerlo es con esta nueva ley de paridad y alternancia para el ejecutivo, ya que se daría la oportunidad a que mujeres capaces (que por cierto las hay) demuestren el potencial que tienen para ejercer una presidencia y/o vicepresidencia del Estado. Esto permitiría romper prejuicios y cambiar paradigmas en una sociedad tan machista y patriarcal como la nuestra.
Por supuesto que esta medida debería ser transitoria, hasta que eliminemos nuestras barreras mentales. Después vendrá la meritocracia pura, cuando realmente se vean a mujeres y hombres como iguales, como personas que más allá de su género deben demostrar tener las cualidades suficientes para estar en los espacios de decisión. Pero mientras tanto, si es necesario forzar al sistema con leyes pues hagámoslo, rompamos paradigmas, eliminemos patriarcados y demos un paso más hacia una democracia plena, que contenga la visión de hombres y mujeres por igual y en todos los espacios.
Estefani Tapia es estudiante de Negocios internacionales y Ciencias Políticas en la Universidad Católica Boliviana
Twitter: @EstefaniTapia95