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Opinión

5 de agosto de 2021 16:29

El tema del Siglo XXI


Si me preguntasen cual es la cuestión más importante hoy, diría que la Pandemia del Covid-19. Ha desnudado la ilusión del Papa Grande, Estados Unidos, y de que los países pobres del mundo eran satélites de la hegemonía de “esferas de influencia” de alguno. La Unión Soviética se desmoronó como rival ideológico estadounidense, tal vez detonado por la tragedia de Chernóbil. No lo creo: fue la revolución de las comunicaciones, que calcinando selvas, animales silvestres y soldados con napalm en Vietnam, las pregonaba en telenoticieros mundiales.

El “Coronavirus” o ‘virus chino’ como le nombraba Trump, fue origen de una Europa Unida que quizá vio sus albores en la Guerra Mundial (que para mí empezó en 1914 y terminó en 1945) alianza entre alemanes y franceses, el desplazamiento del Reino Unido por EE.UU como potencia dominante y la OTAN. La formación de bloques alrededor de nuevas potencias (China, Rusia, la Unión Europea e India, y la declinación de la superpotencia estadounidense. Un efecto significativo fue revivir el Islam, la otra religión monoteísta, paralela a la insurgencia de extremistas, que siempre fue doctrina expansionista de paz y guerra. Fue acompañada por espejismos de europeos ricos y estadounidenses opulentos, que fomentaron la migración a las buenas o a las malas de árabes y negros cansados de guerras civiles y hambrunas en medio de las ruinas, y de ‘latinos’ hartos de mal gobierno, desempleo y corrupción.

Sin embargo, cual refucilos y truenos en lontananza que anuncian el arribo de una tormenta, la pandemia del Covid-19 fue un preámbulo que presagió una tragedia apocalíptica: el deterioro del hogar mundial que es el Planeta Tierra. El Coronavirus reveló que la desigualdad mundial abarca también a la caridad, el amor al prójimo pregonado por alguna religión. Porque la repartija de vacunas y equipos atenuantes en naciones opulentas que promocionan y venden armas en vez de hospitales, desnudó que primero son los ricos y que mueran los seres humanos miserables. No es que la sociedad pobretona sea libre de culpa; quizá los pobres son como ovejas ignorantes pastoreadas por el lobo feroz.

No es cosa del pregonado cambio climático, transición que viene ocurriendo cada cierto número de años. Esta vez es el desenfreno humano con la Madre Tierra. Es algo que una cachetuda yatiri no va a detener con humeadas y lamentos al honrar a la Pachamama y regarla con cerveza al succionar un refresco en plástica bolsa con plástica bombilla. Tampoco es algo que eliminará la contaminación de los de automotores “chutos”, cuyos dueños encima rehúsan pagar impuestos. O de la mitad de la población estadounidense que rechaza la vacuna anti-virus porque algún demagogo enturbio su cacumen después del segundo Martini seco.

Es la ignorancia. Es algo que hasta un letrado gringo reconoce que no es exclusiva de mestizos bolivianos, o de políticos reaccionarios. ¿Será que fabricantes suecos, franceses, alemanes, rusos, chinos, japoneses, estadounidenses, etc., reclamarán sus cacharros para cambiarlos por vehículos menos contaminantes? Lo dudo. ¿No lucrarán los países ricos vendiendo las armas que nutren guerras civiles asesinas? En Bolivia, un cínico botudo escapará por la tangente, ya que la polución oceánica no nos concierne, si ni mar tenemos. Otro, quizá cocalero, se regodeará con que Valparaíso y Buenos Aires se inunden, junto con 200 otros puertos, con el aumento del nivel de los mares por el derretimiento polar.

El panorama es aún más desolador. Ya no es solo cuestión del Lago Poopó lleno de basura, o que el glaciar de Chacaltaya no exista. Los turistas no visitarán alguna caleta mágica, sino que botaran sus desperdicios plásticos en otras ensenadas. Tener un auto contaminador seguirá siendo indicador de opulencia en calles y vías modernas. ¿Qué Gobierno se atrevería a cambiar la gasolina, así fuera importada, por dispensadores de enchufes eléctricos? Los campesinos miserables del campo seguirán tumbando selvas con incendios incontrolables si sembrar coca es más rentable, ¿acaso los sembradores de soya, así fueran menonitas, no usan químicos?

Ni la eficiencia suiza podría urdir una póliza de seguro para un planeta moribundo. Uno de los ejecutivos de la Zurich Insurance Group sostiene que una “masiva descarga de gas metano pondría al mundo en una senda irreversible de mares derretidos que crecerían 30 metros”. Se deben tomar medidas urgentes contra el calentamiento global.

En tiempos de que los científicos son tenidos a menos, algún comentarista depresivo por la Covid-19 como yo, enrostrará que “los humanos no reaccionamos a peligros distantes de lento avance”; “como el sapo que se aviene a morir en agua que de fría se vuelve hirviente”, la tendencia “es reaccionar demasiado poco y demasiado tarde al cambio gradual” ¿Qué mejor ejemplo que vacunarse contra el Coronavirus?

Winston Estremadoiro

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