
El reportaje de la periodista chilena Cecilia Barría para BBC Mundo (25/10/2017) acerca del “milagro económico” boliviano de los últimos 11 años, me permite constatar la caída del control de calidad de ese acreditado medio de comunicación, comparado con los tiempos en que la periodista boliviana Mery Vaca nos deleitaba con reportajes profundos, amenos y objetivos.
En efecto, las “claves del éxito” que descubre y describe Barría son en realidad “clavos económicos” si se los mira con mayor detenimiento que el vistazo superficial de la entusiasta comunicadora.
El mismo subtítulo contiene un disparate al comparar el crecimiento del 5% anual de Bolivia con el de los EEUU: es como comparar el incremento de estatura de mi nieto de 2 años con el de mi hijo de 40. ¿Cuándo aceptaremos que el PIB es sólo un indicador de crecimiento y no de salud?
El primer párrafo es una perla: (el gobierno de Evo) “a pesar de la crisis del precio de las materias primas, logró ahorrar y fue cauto en no despilfarrar el dinero que le llegó después de decretar la nacionalización de los hidrocarburos”.
Debo reconocer la hazaña de la periodista de juntar tantas distorsiones en tan poco espacio. En efecto, hubo cierto ahorro reflejado en las reservas internacionales (que llegaron a 15 mil M$ y no a 20 mil, como afirma erróneamente el reportaje), pero solo durante la bonanza de los precios. Después las reservas empezaron a menguar, y siguen haciéndolo a tal punto que ya han bajado a menos de 10 mil M$. En realidad, el Gobierno fue cauto “en” despilfarrar: basta mirar el derroche en empresas del Estado, en gastos suntuarios (“inversiones” les dicen) y en los sobreprecios (fruto de la corrupción) de varias obras de infraestructura e industrialización. Finalmente, que los ingresos extraordinarios sean resultado de la “nacionalización” es un cuento que Cecilia Barría se lo ha tragado sin conocer la Ley de Hidrocarburos y el impuesto que aquella creó (IDH), cuyo porcentaje ha sido rebajado (mediante la “ley de incentivos petroleros”) para encubrir los desaciertos de la “nacionalización”.
El segundo párrafo del artículo reconoce que los recursos del Gobierno vienen mayoritariamente de la exportación del gas, sin mencionar que ese gas es herencia de sus predecesores.
Gracias al tercer párrafo, Barría nos revela que los principales productos que pueden diversificar la economía boliviana son “diesel (sic), estaño y soya”. Le achunta con la soya, pero la pela con el diesel (Bolivia importa más del 50% de lo que consume) y con el estaño que, además de ser un recurso tradicional, muestra una importancia decreciente (actualmente ocupa el cuarto lugar en valor de minerales exportados). El párrafo termina con una pregunta fundamental que la periodista se guarda bien de contestar: ¿por cuánto tiempo podrá sostenerse ese modelo, que en una anterior columna he descrito como “la ruleta boliviana”?
Otra afirmación devela un tinte de racismo cuando menciona, y al parecer comparte, la crítica al autoritarismo y al “nacimiento de una nueva burguesía aymara”, burguesía que tiene todo el derecho de surgir, si lo hace por medios legales y transparentes.
Barría identifica una de las claves del milagro económico boliviano en los nuevos contratos que, si bien tuvieron el mérito de viabilizar la aplicación de la Ley de Hidrocarburos, tuvieron el defecto de paralizar la exploración de nuevos campos.
En fin, para que no se diga que sólo veo clavos en las “claves”, en dos aspectos coincido con el reportaje: el éxito de la “bolivianización” de la economía, aunque con la espada de Damocles de una eventual devaluación, y la mayor estabilidad social, gracias también a la corrupción y división de dirigentes.
Fracesco Zaratti es físico
Twitter: @fzaratti