ESTEFANI TAPIA
La juventud ha despertado. Esa juventud que alguna vez acusaron de desinteresada entendió que la fuerza está en las calles y ha salido bandera en mano por 21 días consecutivos para defender aquello que era justo y legítimo. Frente a un comprobado fraude y un ex-gobierno que apelaba constantemente al desgaste, el miedo y la violencia, a diferencia de otras ocasiones, ese desgaste definitivo nunca llego. Con cada cabildo, con cada injusticia se renovaban los ánimos, pero también la rabia e indignación por parte de ambos “bandos”; y se han abierto heridas profundas. Hoy más que nunca es importante entender que el primer paso lo hemos dado pero la democracia aun no la hemos conseguido.
La polarización y el discurso de odio promovido inicialmente por un gobierno que hacia propaganda política con el racismo y que continua promoviendo la confrontación, han ahondado en problemas que íbamos solucionando de a poco. Discursos machistas y homofóbicos además de racistas y discriminadores salieron a relucir penetrando en las cicatrices de las diferencias campo-ciudad que iban sanando con una débil estabilidad. Nuestra sociedad está cada vez más fragmentada y la crisis política ha sacado lo mejor y lo peor de los bolivianos. Nos ha acercado y solidarizado con quienes somos afines pero nos ha llevado a deshumanizar, odiar y temer al que no.
La crisis política y social es innegable, pero la crisis también es un buen momento para repensar y reconstruir. Frente a una clara falta de representatividad, frente a “líderes” que continúan usando a indígenas, mujeres y jóvenes como discurso, frente a la normalización de la violencia, hoy los jóvenes somos quienes también debemos tomar el rumbo de las ideas y de la pacificación con la misma fuerza. Entender que el otro no es enemigo y que merece ser escuchado y entendido es quizá un buen comienzo.
La cuestión hoy ya no pasa únicamente por quien está en la silla presidencial sino por qué clase de país queremos y estamos construyendo. Así como se catalogaba a los movimientos de racistas y golpistas desde una mirada miope, hoy es importante dejar de lado esa mirada para hacer el esfuerzo de comprender a quienes hoy se sienten violentados, vulnerables y despojados. El miedo está en todos a causa de grupos vandálicos y criminales que no representan al otro. El enemigo es más complejo, el enemigo común es el discurso de odio y una falsa polarización entre un “nosotros” y un “ellos”, y es frente a eso que debemos resistir.
El dialogo y la empatía es una tarea urgente y primordial. La clase política tiene la responsabilidad de pacificar Bolivia ahora, pero nosotros tenemos la tarea de reconstruirla a largo plazo. El retorno a la democracia no pasa únicamente por la salida de Evo Morales y para que la democracia no sea un significante vacío a disposición de quien se lo intente apropiar, debemos empezar a construirla entre todos, cada día y con cada acción. Porque esto va más allá del respeto al voto y pasa por el respeto a los derechos de absolutamente todos, derecho a la vida -que hoy se les está arrebatado a muchos-, a la dignidad, libertad de expresión y a la diversidad de pensamiento, de cultura, de costumbres y de ideología de los que son afines a uno y los que no. Ahí está su riqueza.
La fragmentación y la intolerancia a la que llegamos parecen repetirse en la historia. La fuerza con la que salimos a defender aquello que es justo, debe ser la misma fuerza con la que salgamos y tomemos acciones para pacificar y sobre todo dar rumbo al país. La lógica caudillo mata caudillo no funciona para construir democracia. La democracia y el país lo construimos entre todos, con el otro y la otra, con dialogo y cuestionándonos aquello que parece obvio pero no lo es. El desafío más grande recién empieza y el protagonismo es de los jóvenes.
Estefani Tapia es licenciada en Negocios internacionales y estudios en Ciencias políticas.
Twitter: @EstefaniTapia95