Opinión

20 de marzo de 2019 12:05

Un electorado en tinieblas


La imagen de columnas de gente recorriendo las calles de las ciudades en tinieblas, portando banderas de los partidos que terciarán en las elecciones de fin de año, bien puede representar la manera en la que el electorado boliviano concurre a ese evento electoral. Hablamos del electorado en general, aunque es evidente que entre el electorado que respalda al actual gobernante Movimiento al Socialismo (MAS) y el que respalda a las otras candidaturas hay una diferencia “cualitativa” (dicho sin ningún ánimo peyorativo hacia los primeros), como luego lo veremos. La imagen del caminar representa pues el paso del tiempo que inexorablemente nos aproxima a las elecciones, mientras que las tinieblas simbolizan la pobreza propositiva que caracteriza a este proceso. 

En principio hay que decir que el sistema de multipartidismo moderado del país, expresado en la presencia de varias candidaturas, testimonia un primer importante fracaso en la estrategia del MAS (llamemos así al conjunto de ideas desconexas e infantilmente articuladas) con la que, hace unos años, los hombres del gobierno tenían la ilusión de polarizar al electorado entre una candidatura del MAS y otra de la oposición. Como la realidad política hoy nos muestra, el tradicional sistema político multipartidario boliviano no ha sido alterado, a pesar de los esfuerzos del gobierno para lograrlo. Debemos recordar que el MAS ha desplegado todo el poder estatal para, vía seguimiento, persecución y encarcelamiento a opositores políticos, sindicales y simples ciudadanos críticos, obligar a la conformación de un solo bloque de oposición y de esa forma presionar a los sectores sociales indecisos a tomar partido, así sea a regañadientes, por una de las dos opciones: oficialismo u oposición. 

Fracasada esta apuesta, la “estrategia” política del gobierno apenas atinó a pretender asegurar su base electoral más confiable, luego de viabilizar, por intermedio de sus operadores políticos en el Tribunal Constitucional y en el Tribunal electoral, la inconstitucional habilitación de la candidatura Evo Morales – Álvaro García. Forzar esta candidatura (que ya tenía todos los signos de ser trucha aún antes del servil cumplimiento de la orden, por parte de los tribunos) tampoco ha despejado el camino para una segura retención del gobierno, así sea pisoteando la Constitución Política del Estado (CPE), la democracia y la voluntad mayoritaria de la población. Precisamente estos son los ingredientes que consolidaron las características actuales del electorado. Si estuviéramos en una exposición académica en torno al concepto de “acumulación en el seno del pueblo”, añadiríamos que no solamente se acumulan los sentidos (y sentimientos) que conllevan periodos de autodeterminación nacional, sino también los que traen consigo momentos de reflujo político, como los que vivimos hoy. 

Habíamos agrupado al electoral inicialmente entre quienes respaldan al MAS y quienes no lo hacen. Aunque ambos están comprendidos en el contexto de las tinieblas de nuestra metáfora, presentan una substancial diferencia entre sí. Hemos denominado a las tinieblas como la expresión de la falta de proposiciones en verdad serias, nacionalmente hablando. En el electorado del MAS el sentido de la falta propositiva debe remontarse, para fines comparativos de la dimensión de esta pobreza, al sentimiento de seguridad que en el anterior momento político estatal vivía Bolivia. Ese sensación se nutría de un sentimiento nacional general sintetizado por el movimiento pre-insurreccional exhibido por las masas activas. En aquellas condiciones, la proposición política electoral básica requerida era poner punto final a las políticas radicales de libre mercado, comúnmente conocidas como neo-liberalismo. Lo que vino después fue, en parte, consecuencia de ese estado general de ánimo; sentimiento que tenía la certeza de su postura y la manifestaba en algunos ejes programáticos. Sin embargo, la concreción de esos ejes, desde el gobierno, por el MAS, expresó la profunda distorsión de los mismos. Es cierto que en los primeros momentos, ello no alteró el estado de ánimo social, pero a medida que fue creciendo la acumulación de distorsiones -que es como decir, la acumulación de mentiras evidentes y traiciones abiertas- se fue pronto cercenando la confianza de la mayoría de la población en el gobierno. 

Junto al incumplimiento de promesas electorales, a la distorsión de demandas sociales, a la amenaza permanente a las libertades democráticas, a la corrupción campeante en todos los niveles del gobierno y las instituciones públicas, se fue operando la conversión de la simpatía que la mayoría de la población pudo haber tenido por el gobierno, en abierta oposición y rechazo. Esto quiere decir que se fue conformando una voluntad colectiva nacional del hoy electorado, claramente adversa al gobierno del MAS. Expresada en el referéndum del 21 de febrero del 2016, esa mayoría vio con sorpresa como el desparpajo del oficialismo simplemente desconocía los resultados de aquella consulta democrática. La posterior habilitación inconstitucional del binomio oficialista, por medio de sus agentes en los mencionados tribunales, incrementó la certeza en la mayoría de la población, acerca de la falta de vocación e interés democrático del gobierno. Un primer efecto de esa certeza fue la reducción de la base social de apoyo al oficialismo y la desmoralización del resto. Pronto quedó en evidencia que el grueso de esa base se encuentra motivada por la prebenda que despliega a diario, un gobierno que ya no alcanza a cubrir su carácter autoritario y corrupto. 

Estamos ante las razones que explican los motivos de aquellas tinieblas, en las que se mueve el electorado del MAS. Pero en este caso no se trata solamente de la falta de proposición programática electoral, sino principalmente de la falta de credibilidad que provocan Evo Morales y Álvaro García. A pesar de contar con el apoyo de algunos grupos sociales, en el sentimiento profundo de estos mismos hay la seguridad que las denuncias de corrupción, del carácter anticonstitucional de la candidatura oficialista y de la falta de confianza que generan, son ciertas. Si algo les mantiene como base de apoyo, además de la prebenda y los beneficios que arroja el manejo discrecional del aparato estatal es -aunque parezca inverosímil- la posibilidad de poder brindar abiertamente protección al narcotráfico, de parte de algunos sectores sociales, como se demostró en el Chapare de Cochabamba. Se entiende que en este caso hablamos de fuentes de obtención de beneficios que se alcanza y que sólo un esquema de gobierno como el de Evo Morales puede brindar. Diríamos que aquí, la fuerza de la inercia política democrática (o sea la ausencia de certeza democrática electoral) mantiene la ligazón con la candidatura trucha del oficialismo. 

Si bien el electoral adverso al MAS se mueve también en un contexto de pobreza propositiva, este mayoritario sector social tiene una certeza, una luz, democrática que la orienta. Más allá de la candidatura opositora específica por la que cada quien de este electorado opte, lo que a todos ellos les dota de coherencia es el aplomo de una voluntad democrática, de cerrar el paso al continuismo anticonstitucional y corrupto del gobierno del MAS. En realidad se trata de la fuerza de la democracia. Ésta se manifiesta hoy en día, a pesar del acecho autoritario y los atropellos anticonstitucionales del gobierno. En lo concreto, estamos ante una fuerza que se asienta en ejes propositivos generales y son estos ejes los que expresan, con mayor o menor contundencia, por medio de los diversos candidatos de oposición. La fuerza que alimenta a este electorado es la de poner punto final a la antidemocracia y la desinstitucionalización, que Morales y su gobierno han desarrollado a lo largo de algo más de una década de ejercicio del cargo. Claro que también se tiene la seguridad que de esa manera se cerrará el paso a los elevadísimos niveles de corrupción de la administración del MAS, así como al servilismo extremo que, desde todas las instituciones públicas, contribuyen a debilitar al Estado boliviano. Aquí, sin embargo acaban las proposiciones con las que se alimenta el electorado opositor. 

Para finalizar y volviendo a nuestra metáfora. Se entiende que uno (el electorado del MAS) no únicamente camina en tinieblas sino, en su mayoría, sus integrantes lo hacen con los ojos cerrados. Esto quiere decir que, llegado el momento de defender los intereses sectoriales y personales, no hay lugar, ni tiempo ni interés para dar crédito a la evidencia de los hechos, como es el carácter inconstitucional o la falta de credibilidad del binomio de la candidatura oficialista trucha. Aunque el electorado opositor al MAS también camine en medio de las tinieblas, lo hace con los ojos abiertos y a pesar de la oscuridad (la pobreza propositiva electoral de las diversas candidaturas) vislumbra en la luz que le da certeza sobre la defensa de la democracia, un elemento que otorga sentido nacional-democrático a su masiva participación en las elecciones. Diríamos que, en un momento de reflujo político como el que vive hoy la sociedad boliviana, la densidad política se halla constreñida, grandemente, a la recuperación de la institucionalidad democrática. 

Omar Qamasa Guzman Boutier es escritor y sociólogo

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