Ir al contenido principal
 

Opinión

La primera campaña contra el coronel Manuel Ascencio Padilla y la Batalla de Cumpati

10 de Marzo, 2026
Compartir en:

El primer semestre de 1816, el gobernador intendente de Chuquisaca y presidente interino de la Audiencia y Chancillería Real de La Plata de la Provincia de los Charcas (Real Audiencia) Miguel Tacón y Rosique (Tacón) coordinó con el general José de la Serna y Martínez de Hinojosa (la Serna) y con el general Joaquín González de la Pezuela Griñán y Sánchez de Aragón Muñoz de Velasco (la Pezuela) la que se denominó “campaña contra don Manuel Ascencio Padilla” (Valencia, A.; 1981) quien se había convertido en un grave problema por su constante asedio de Chuquisaca y los caminos que la conectaban con Charcas. La magnitud de la empresa hizo necesaria la convocatoria del mayor Pedro Herrera, temido por su crueldad y eficacia, quien comandaba el “Batallón ‘Guardia del General’, más conocido en el pueblo como ‘verdes’, con 850 soldados veteranos” (Valencia, A.; 1981) y del coronel José Santos de la Hera y de la Puente (la Hera).

En aquél momento se sabía que el Coronel Manuel Ascencio Padilla Gallardo tenía “un campo extenso de operaciones aun cuando era arrollado por las fuerzas que continuamente se desprendían de La Plata [Chuquisaca], tenía(.) su retaguardia asegurada en las selvas del Chaco [Segura] donde la naturaleza del terreno hacía imposible toda persecución” (Ramallo, M.; 1919). Cuando la expedición comenzó con el desplazamiento de la Hera, reforzado por Herrera, hacia Yamparáez, efectivamente Padilla retrocedió y “distribuyó sus guerrilleros; doña Juana Azurduy con sus ‘Leales’, con 30 fusileros y 200 honderos (.) en El Villar; Jacinto Cueto con 600 honderos, 50 jinetes y 30 lanceros en Sopachuy y José la Serna con 2.000 honderos y 50 fusileros en Tarabuco; además, en esta región se encontraban los capitanes guerrilleros Prudencio Miranda, Pedro Callisaya e Ildefonso Carrillo con sus partidas” (Valencia, A.; 1981).

El coronel Jacinto Cueto España permaneció en Yamparáez cuidando la retaguardia de Padilla durante su retirada. Gantier relata que, encontrándose en Yamparáez, “doña Juana [Azurduy] recogió las riendas del caballo y fue a despedirse de Jacinto Cueto, (.). La amazona conversó con él y estrechándole la mano, partió a reunirse con las chuquisaqueñas que ya se habían adelantado en el camino a Takopaya” (1946). Poco después, Cueto se enfrentó en Yamparáez “con las fuerzas de José Santos de la Hera y los 850 soldados comandados por el coronel Pedro Herrera, antes de replegarse a su tierra natal, Sopachuy” (Salgueiro, B.; 2020). De esta manera, Cueto se situó en el lugar indicado por Padilla. Al respecto, Ramallo precisa que el “comandante Don Jacinto Cueto [se dirigió a Sopachuy] con una División fuerte de 800 plazas, de las que 40 eran de fusil, 30 lanceros montados y el resto se componía de los naturales, casi todos a caballo y armados con toda clase de armas” (1919). Valencia indica que la tropa de Cueto se componía de “600 honderos, 50 jinetes y 30 lanceros” (1981).

Sucedido el enfrentamiento de la Hera y Herrera contra el coronel Cueto, aquellos avanzaron hacia “La Laguna, obligando a Padilla a situarse a distancia de dos leguas en San Julián” (Valencia, A.; 1981). Urcullo especifica que “Se había retirado Padilla á la villa de La Laguna, é impuesto Tacón de ello se envió al teniente coronel D. José Santos de la Hera hasta el pueblo de Tomina con los batallones Centro y el de la Guardia del general: marcharon robando, asesinando y quemando por todo el camino, y batiéndose con las partidas de Padilla” (Por Unos Patriotas -Urcullo, M. M.-; “Apuntes para la Historia de la Revolución del Alto-Perú, Hoi Bolivia”; 1855). 

El ejército realista se dividió en 2 (dos) grupos. Con uno de ellos “la Hera atacó a Padilla y después a doña Juana Azurduy en El Villar, pero aquí fue derrotado dejando numerosos prisioneros y una bandera en poder de los guerrilleros” (Valencia, A.; 1981). Sobre la bandera, en el parte militar que Padilla dirigió al general José Casimiro Rondeau (Rondeau) y al general Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano (Belgrano), detalla que “es la Bandera reconquistadora de la ciudad de La Paz, Puno, Arequipa y el Cuzco, que por lo tanto tiene bordados de mucha estimación y valor, cuyo diseño remito a V.E. para que a su vista forme las mejores ideas de la vanidad de un enemigo que estriba su valor en jeroglíficos y pinturas, que por no arriesgarla en el camino de su conducción no le remito a V.E. su original pero en caso que fuere de su Superior agrado lo verificará con toda voluntad” (sic).

El otro grupo atacó en Sopachuy, pero el 7 de marzo de 1816 “fue derrotado por [el coronel Jacinto] Cueto (.), en todas partes los realistas fueron fuertemente hostilizados por los guerrilleros patriotas” (Valencia, A.; 1981). Con relación a este evento, el coronel Padilla les explica a Rondeau y Belgrano que los miembros del ejército realista “igual desgracia tuvieron en el punto Sopachui por la División que mantenía (.) Cueto” (sic).

Urcullo indica que después de las sucesivas batallas y derrotas durante la campaña contra el coronel Padilla, “Le escasearon á la Hera las municiones, y en busca de ellas mando a la ciudad de la Plata al mayor D. Pedro Francisco Herrera con el batallón de la Guardia ó los verdes” (1855). Sin embargo, para entonces, las victorias del Villar y Sopachuy habían alentado a los indígenas de Yamparáez y Tarabuco a sublevarse.

Cuando el mayor Herrera se desplazaba entre Tarabuco y Yamparáez con “el batallón de la Guardia ó los verdes: (.) fueron acometidos por dos o tres mil indios armados de palo y piedra, acaudillados por Idelfonso Carrillo, Pedro Calizaya, Prudencio Miranda y otros, (.): los cercaron y sin darles tiempo para hacer segunda descarga, se precipitaron sobre ellos y todos fueron víctimas el día 12 de Mayo de 1816” (Por Unos Patriotas -Urcullo, M. M.-; “Apuntes para la Historia de la Revolución del Alto-Perú, Hoi Bolivia”; 1855). Terminada la batalla, en medio de los cadáveres encontraron el cuerpo del mayor Pedro Francisco Herrera comandante del “Batallón ‘Guardia del General’”. Nótese que Urcullo indica que el enfrentamiento acaeció el 12 de mayo de 1816. Contrariamente, el parte militar del coronel Padilla a los generales Rondeau y Belgrano establece que la batalla de Tarabuco (Cumpati) ocurrió el 12 de marzo de 1816 (“Partes Oficiales”; Tomo II, ps. 198-201).

Esta fue la batalla de Tarabuco, también denominada batalla de Cumpati o Jumbate, acaecida el 12 de marzo de 1816 librada por los guerrilleros de la republiqueta de Tomina contra el Batallón realista denominado “Guardia del General” o “verdes”, en el paraje ubicado entre el cerro de Carretas y la población de Tarabuco. Sobre el punto, es posible que el lugar de la refriega no tuviera denominación previa o no se llamase “Cumpati/Jumbate” sino que este vocablo, que con el transcurso del tiempo funcionó como “topónimo”, en realidad, hubiera sido simplemente una deformación fonética de la palabra “combate” hacia “cumpati” o “jumbate”.

La noche del 15 de marzo de 1816, Tacón fue informado de la derrota del Batallón Guardia del General y la trágica muerte del mayor Herrera, y de inmediato ordenó el retorno del resto de las tropas. Urcullo describe que “La Hera se replegó aceleradamente á la ciudad, marchando día y noche por las alturas del camino” (1855). Ramallo señala que “El tránsito de La Laguna a la Capital del Alto Perú fue una verdadera vía-crusis para los realistas. ¡Seis días de combate continuado, seis días de lucha y de matanza, dejando el alimento para empuñar el fusil y velando los unos para proteger el sueño momentáneo de los otros. Cercado por la retaguardia y los flancos por los guerrilleros y nubes de indios que los hostigaron sin cesar, hasta los suburbios de Chuquisaca, donde llegaron el día 21 del citado mes [de marzo]” (1919). Gantier relata que la Hera “No gozó ni de una hora de descaso en seis días. Durante las noches, el ‘pututu’ con su voz de cuerno aullaba incansablemente. Ardían las fogatas guerrilleras en las cumbres de las montañas dando el alerta a los rancheríos vecinos, y cuantas más estrellas rojas percibía, mayor era su miedo por el día siguiente. Sus soldados estaban agotados por el hambre, el cansancio y la vigía constante. Mientras dormían unos, velaban los otros; tenían que alimentarse al caminar, huyendo en montón, porque el rezagado era víctima irremisible de los indios. Esta terrible retirada duró hasta el 21 [de marzo], día en el que José Santos de La Hera entró en Chuquisaca con el resto de su ejército” (1946).

Ramallo concluye su exposición enfatizando que “Tal fue el resultado de la famosa expedición en la que La Hera al salir de Chuquisaca, ofrecía acabar con Padilla y las gavillas insurgentes que acaudillaba. Regresó derrotado, con gran pérdida de hombres y de armas, y con el resto de sus batallones destrozados” (1919).

El fracaso de la primera “campaña contra don Manuel Ascencio Padilla” ocasionó gran preocupación en el gobierno de Charcas, así como pánico en la población de Chuquisaca, y aceleró la segunda campaña en ejecución del plan del general Juan Nepomuceno Ramírez de Orozco y Gallardo (Ramírez) mediante el cual se pretendía atrapar al coronel Padilla entre dos frentes realistas, uno que se movilizaría de noroeste hacia sureste con base en Chuquisaca y otro que avanzaría de sureste hacia noroeste con base en Vallegrande.

El autor es doctor en derecho e historiador