EL Estado-Nación se caracteriza por tener un territorio, una constitución, además, por estar conformados por diversos poderes que deberían ser independiente unos del otro; tal estructura surge en el siglo XVI donde los Estados nacientes dividen el poder en legislativo, judicial y ejecutivo (en sus inicios era el poder del monarca); ya en el siglo XX se proponen dos poderes más denominados electoral y moral, siendo conformada una nación por cinco poderes manteniendo un equilibrio en el Estado. Así mismo, en los sistemas democráticos, las personas que ejercen cada uno de los poderes son renovados cada cierto tiempo de manera legal y transparente. Sin embargo, una de las debilidades de las naciones, es que los poderes del Estado en ocasiones no responden al bienestar de los ciudadanos, sino a la de una elite política-económica.
Partiendo de lo anterior, el poder ejecutivo (el presidente) y legislativo (los diputados) son elegidos con los votos de los ciudadanos, siendo intermediarios los partidos políticos que usan toda su maquinaria para promocionar a sus candidatos, en la campaña electoral los partidos políticos ofrecen soluciones a las necesidades del ciudadano; pero luego que ganan las elecciones, tanto el poder legislativo como el ejecutivo hacen todo lo posible para que el ciudadano se alinee a la ideología del partido político ganador; por ende, lo saludable para una nación es que los diputados y presidente elegidos, sean de partidos políticos distinto para forzar un equilibrio entre los poderes.
Así mismo, el otro poder relevante es el judicial, sus miembros deben ser elegidos por meritocracia en los sistemas democráticos, pero en los últimos años en Bolivia y México han cambiado los mecanismos de selección de los magistrados, se realizan por medio del voto de la ciudadanía, y según los resultados de la nueva modalidad, el remedio ha sido peor que la enfermedad; el poder judicial es el más codiciado de una nación, porque es la última instancia donde los demás poderes dirimen sus diferencias, generando condiciones para que la corrupción domine las estructuras judiciales garantizando la impunidad a las elites políticas-económicas que se creen intocables a la ley; por tanto, la justicia en algunos países fluyen según el poder político-partidista dominante, vulnerando la independencia de los poderes y dañando a la democracia desde sus extrañas.
NO ES DE EXTRAÑAR MIS AMIGOS QUE ALGUNOS POLITICOS SEAN APRENDIDOS O LIBERADOS…
El autor es filósofo