El Alto ha irrumpido en el siglo XXI como uno de los polos geopolíticos más importantes del país constituyéndose en una de las vanguardias multidimensionales bolivianas. Sin embargo, su irrupción se da en contextos de informalidad y ausencia de planificación a largo plazo, lo que le impide explotar todo su potencial.
Durante los últimos meses se quiere posesionar la idea de El Alto como Zona Económica Especial (ZEE), sin embargo, un enfoque economicista no necesariamente ayuda a solucionar problemas relacionados al desarrollo humano, urbano y ambiental, más aún cuando se desconoce la naturaleza productiva alteña basada en una mayor generación de valor agregado y diversificación de servicios orientados a la revolución 3.0 y 4.0. En este contexto, pensar El Alto como una zona de maquila no tiene sentido, ya que no expresa sus proyecciones económicas.
A partir del “Proyecto El Alto de Los Andes”, que fue mi propuesta como precandidato a la Alcaldía de El Alto (frustrada por el taxipartidismo), se puede ampliar una propuesta más integral, no solo municipal sino metropolitana. Ello enmarcado en la figura de “Zona de Desarrollo Integral” que tiene respaldo en la Ley Marco de la Madre Tierra y Desarrollo Integral para Vivir Bien. Todo ello adaptado a la necesidades contemporáneas y potencialidades municipales en cada municipio de la metrópoli, que tienen particularidades concretas.
En el caso de El Alto, el horizonte es claro: Constituirse en vanguardia multidimensional boliviana, afianzando su influencia en el sur del Perú y norte de Chile conectándose de forma fluida a las redes de intercambio culturales y económicas del mundo. Para acelerar este cometido es necesaria una declaratoria de Zona de Desarrollo Integral (ZDI) que permita desbloquear y explotar sus potencialidades, un compendio de políticas públicas semejantes a los que fue el Plan Bohan para Santa Cruz en el siglo XX.
La Zona de Desarrollo Integral aplicada en El Alto, se basa en 4 pilares fundamentales:
Una condicionante para la aplicación de cualquier plan de Desarrollo es ineludiblemente la construcción de institucionalidad. Para ello se hace necesaria la generación de una comisión metropolitana encargada de concretar y planificar según los lineamientos de la Zona de Desarrollo Integral (ZDI). Esa comisión debe ser mixta y lo más inclusiva posible, con entes estatales, privados, individuales y colectivos, con el fin de que sus medidas sean representativas y profundamente democráticas, muestra genuina de los impulsos de la población.
El Alto es el corazón urbano y motor económico de la metrópoli, su rol es fundamental no solo en el occidente boliviano, sino en los Andes centro-sur en el continente. En los últimos 20 años ha pasado de ser la ciudad más pobre de Bolivia a ser la segunda en población y tamaño de economía. Todo ello con ínfima planificación y apoyo estatal comparativamente al oriente boliviano. Esa virtud y empuje deben ser potenciados por planes concretos; la declaración de una Zona de Desarrollo Integral busca ese objetivo.
El autor es arquitecto y pensador alteño