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Opinión

Discursos de odio para una sociedad cada vez más lejos de la unidad

29 de Enero, 2018
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ESTEFANI TAPIA
Las últimas semanas Bolivia se ha visto convulsionada por distintos actores sociales que no solo pedían la abrogación de un código penal aprobado prepotentemente a espaldas del pueblo, sino que también exigían y exigen el respeto al voto emitido en el referéndum del 21 de febrero de 2016, Referéndum en el cual la mayoría de los bolivianos dijimos NO a una nueva repostulación del Presidente.

La respuesta de los diferentes funcionarios del gobierno ante las masivas movilizaciones y paros fue, como es costumbre, descalificarlas, minimizarlas y deslegitimarlas, cobijándose siempre detrás de un discurso por demás desgastado. Este discurso ya lo habíamos escuchado anteriormente una infinidad de veces, cada vez que alguien osó criticar las políticas o decisiones de Evo Morales.

En referencia al discurso, Jürgen Habermas, uno de los mayores exponentes de la escuela de Frankfurt, planteaba la razón como un hecho discursivo. Esto implica entender que la razón se crea mediante el discurso y que el discurso que triunfa es el que finalmente logra constituirse en razón.  

De este modo es que pueden existir diversas “verdades” y diversas teorías sobre dichas verdades. Sin embargo, aquellas que lleguen a ser aceptadas y se conviertan en razón serán aquellas que sobre todo tengan la capacidad de convencer a la gente. Es por eso que la comunicación y el lenguaje son tan importantes para Habermas. El discurso puede incluso llegar a crear cosas que no existían, puede llegar a crear verdades si es que se tiene un buen manejo del lenguaje.

Es así que en el pasado el usual discurso del gobierno llegó a tener alto grado de eficiencia porque convencía a mucha gente y creaba razón. Sin embargo, la credibilidad en éste se ha visto mermada en los últimos años, y el hecho que tuvo más impacto fue el del Presidente, quien dijo que si ganaba el No en el referéndum del 21 de febrero, se iba a ir calladito. Un año después, mediante un fallo que desconoció el voto del pueblo, se habilitó nuevamente a Evo Morales para una nueva re re postulación. Éste aceptó el fallo sin más, lo cual marcó una fuerte ruptura en la credibilidad de su discurso, para lo cual difícilmente hay vuelta atrás.

Por su parte, los funcionarios del gobierno, al ver que su usual discurso perdía poder, implementaron un discurso cada vez más peligroso por el hecho de que ya no solo buscaron denigrar e insultar a aquellos ciudadanos que los contradecían, sino que ahora además incitan al odio y a la violencia. Un ejemplo claro, se encuentra en las palabras vertidas recientemente por el Vicepresidente quien dijo: “No les tenemos miedo...solamente derrotándolos a estos racistas vamos a poder darnos estabilidad”. Una vez más el discurso de la patria vs la antipatria, solo que esta vez la antipatria son la mayoría de los bolivianos y entre ellos la clase media.

Sin embargo, lo que aquellos fallan o se niegan a entender es que estas movilizaciones no son un intento de conspiración contra el gobierno. Si eres parte de la clase media y te movilizas, no es porque te haya renacido un viejo rencor colonial. Criticar las políticas del gobierno no te hace neoliberal ni pro imperialista. Defender tu voto, tu libertad y tus derechos, no te hace racista. Si te movilizas, no es porque seas de derecha, sino porque se perdieron derechos y porque tu voto no fue respetado.

Aquellos que se movilizaron y continúan haciéndolo saben esto, y es por eso que los viejos discursos descalificadores ya no funcionan, ya no crean razón y solo convencen a los convencidos. Pero los recientes discursos que se han tornado cada vez más agresivos y peligrosos, lejos de posicionarse como “la verdad” y convertirse en razón, lo único que hacen es crear más odio entre los bolivianos, odio de aquellos afines al MAS hacia el resto y viceversa.

Nos encontramos en una situación de polarización que se profundiza, ya que según el gobierno, quienes no están con ellos están en su contra, son el enemigo, la antipatria, los racistas y neoliberales; y en muchos casos sucede lo mismo en el escenario contrario. Lejos de lograr una Bolivia unida, la división entre supuestos buenos y malos bolivianos crece cada día más, alimentada en gran parte por el discurso del Presidente y sus funcionarios.

¿Y qué hacemos frente a este discurso que se ha tornado más fuerte y peligroso? Pues entender que para que un discurso se convierta en verdad o en razón, este debe ser aceptado por la opinión pública como verdad. Es la gente la que le da validez a un discurso.  Entonces no debemos ceder ante esta búsqueda de confrontación, debemos buscar la unidad, ante todo sabernos bolivianos e inculcar la tolerancia. Porque el otro puede pensar y ser distinto, pero eso no lo hace racista, no lo convierte en la antipatria ni lo hace tu enemigo.

No validemos esos discursos. Si debemos movilizarnos hagámoslo pacíficamente, si debemos dar discursos que sean propositivos, con ideas y argumentos; y sobre todo, como jóvenes, empecemos a resolver los conflictos y las diferencias mediante el dialogo y el debate, pero un debate sano donde primen los argumentos y no los adjetivos “descalificativos”.

Estefani Tapia es estudiante de Negocios internacionales y Ciencias Políticas en la Universidad Católica Boliviana
Twitter: @EstefaniTapia95

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