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8 de abril de 2021 14:57

Andrés Ibáñez, Pablo Zárate "Willka" y el federalismo


Por instrucción del Gobierno central, el primer día de mayo del año 1877 el ejército boliviano fusiló a Andrés Ibáñez y a los sobrevivientes de la insurrección popular que se gestó el primero de octubre de 1876 bajo la consigna “todos somos iguales”. El movimiento de los “Igualitarios” retó al Estado oligárquico y a las élites cruceñas tomando el poder político y declarando el federalismo en Santa Cruz.  Fue para el departamento de Santa Cruz, la primera revolución de la clase trabajadora con aspiraciones de igualdad, justicia social y autodeterminación de los pueblos, marcando un hito en la historia cruceña, boliviana y continental.

El prólogo escrito por Carlos Molina, en el libro “La revolución igualitaria de Andrés Ibáñez” de Durán y Pinkert, señala: “No era el federalismo solo un mecanismo para oponerse al autoritarismo centralista, era el método que permitiría a nivel internacional establecer justas relaciones entre los Estados grandes y pequeños, y por otro lado lograr en el interior de ellos, una sociedad igualitaria de carácter socialista, participativa y libre. La Comuna de París de 1871, recoge en toda su extensión el pensamiento de Prudhon”.

Cabe señalar que la influencia de las ideas comunistas, anarquistas y socialistas se difundieron con mayor amplitud a partir de la denominada “La Comuna de París”. Aquella guerra civil en Francia tuvo repercusión mundial por las características inéditas de la lucha de la clase trabajadora por alcanzar su emancipación económica, política e ideológica; durante tres meses (marzo-junio) se defendieron del ejército francés al mismo tiempo que creaban nuevas formas de democracia participativa y organización de la economía con empresas autogestionadas por sus trabajadores.  El saldo decenas de miles de muertos a manos del ejército francés.  Los textos escritos por Marx, Proudhon, Kropotkyn entre otros, describen desde diversas ópticas aquel proceso histórico.   

El fracaso de la insurgencia “Igualitaria” fue un triunfo para las élites cruceñas, conservaron sus privilegios económicos y políticos, además, despejaron cualquier intento de autodeterminación política y económica en el departamento. En otras palabras, los principales enemigos de Ibáñez y el gobierno federal que encabezaba no eran los intereses del Estado central, en todo caso eran los terratenientes cruceños que estaban aferrados a mantener el sistema de la hacienda colonial basada en el sometimiento de indígenas y mestizos a formas de servidumbre y trabajos forzados.

El debate sobre el federalismo, dos décadas después, desembocó en una guerra civil a nivel nacional y derivó en el cambio de la sede de gobierno de Sucre a La Paz. La denominada “Guerra Federal” (1898-1899) fue vencida por La Paz porque las comunidades indígenas de occidente liderizadas por Pablo Zárate “Willka” se unieron al ejército de Pando, que a la postre fue posesionado como presidente del Estado.

El presidente Pando traicionó a sus aliados federalistas y comunidades indígenas, conservando el Estado unitario centralista, también encarcelando y masacrando a los indígenas. Pablo Zárate fue arrestado en 1900 y fusilado en 1903. El acuerdo que nunca se cumplió, entre los indígenas y Pando, era el reconocimiento por parte del Estado a su autodeterminación y a la propiedad comunal de la tierra.

En ambos momentos históricos, el Federalismo fue considerado como una oportunidad de transformación social de las clases populares para mejorar sus condiciones materiales de existencia, en la que las formas de propiedad de la tierra necesitarían modificarse para permitir el acceso y propiedad universal del territorio, fomentando la igualdad, la solidaridad, la cooperación y el trabajo en beneficio de la comunidad.

En conclusión, tanto el movimiento Igualitario en Santa Cruz como las comunidades indígenas del occidente apoyaron la causa federal considerándole un medio para la construcción de una sociedad más justa; no para defender los intereses de las élites regionales y nacionales.   

Diego Moscoso Sanginés es economista por la UAGRM

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