Al enterarme de la aprensión del dictador Nicolás Moro por parte del imperio de EEUU me entro una felicidad poco habitual, porque sencillamente existe una pequeña posibilidad de parar el sufrimiento del venezolano. Soy un venezolano que salió de Venezuela para no pasar hambre, a inicio del 2018 mi comida se reducía a lo mínimo, no pase hambre, pero si ingería pequeñas porciones, para que los pocos víveres que podía comprar me duraran lo más posible; en cambio mis hermanas si pasaron hambre, murió un sobrino por falta de medicinas y unidades de cuidados intensivos, mis padres pasaron hasta cuatro días sin comer, se iba la electricidad, el agua, entre otras carencias.
Estoy feliz porque se hará justicia por tanta hambre…
Estoy feliz porque se hará justicia por tantas muertes…
Estoy feliz por tanto robo sin responsables…
Estoy feliz porque a lo mejor el sufrimiento se acabará, iniciando un dolor sanador…
Estoy feliz porque los imperios de Irán, Cuba, Rusia y China después de 25 años tendrán competencia con otro imperio en Venezuela…
Estoy feliz que por fin el régimen chavista-madurista se dieron cuenta que si se les puede acabar…
Mi felicidad y la de muchos hermanos venezolanos, no es por las muertes como consecuencia de la intervención contra el dictador, sino que es un signo visible que se detuvo al responsable de muchos males de Venezuela, aún faltan que otros también paguen ante la justicia sus acciones, pero con Maduro preso es una felicidad que pensé no ver ni vivir…
Ronald Valera