La política “es el arte de afrontar o bien rehuir los problemas sociales, vale decir los problemas que exceden las dificultades puramente personales” (Bunge, M.; “Filosofía Política, Solidaridad, Cooperación y Democracia Integral”; 2013) y puede ser “constructiva, destructiva o estéril; y puede ser ambiciosa, mezquina o mediocre” (ídem). El empleo del poder público para la resolución de los propios problemas personales (v.g. pobreza, ignorancia, complejo psicosocial, etc.), mediante la expresión de un pensamiento contrario al que en realidad se tiene, es hipocresía pero no política. Al respecto, vale la pena exponer que la civilización romana utilizó el sustantivo “Jano” para significar un dios de su mitología que indicó el principio o entrada de algo, razón por la cual se lo representó con una imagen de “dos caras”. Sobre esta figura, posteriormente, se aplicó la palabra Jano como sinónimo del adjetivo dual/hipócrita. Determinemos en qué momento se sustituyó la política por la hipocresía en el ámbito nacional.
Cuando el Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José Francisco de Sucre y Alcalá (Sucre) asumió la presidencia de la naciente Bolivia tropezó con el problema de la escasez de personas capaces, diligentes, honestas y verdaderamente interesadas en el servicio público para administrarla, dificultad -por cierto- irresuelta hasta nuestros días. Sin embargo, esa realidad nunca disminuyó su fe en la independencia de Bolivia que con cariño denominó “la obra de mi creación” (“Último Mensaje del General Sucre”; Chuquisaca, 2/8/1828; Archivo de la Casa de la Libertad -A.C.L.-), remarcando que “por lo que hace a Bolivia, ella no perderá su independencia, pues ya los habitantes la defenderán a todo trance”. En aquella realidad, para organizar Bolivia, se rodeó de los mejores hombres americanos y europeos que tuvo a su disposición, por ejemplo, José Miguel Lanza, Facundo Infante Chávez, el coronel Agustín Jeraldino, Juan de Bernabé y Madero, el coronel Francisco Burdett O’Connor, el coronel Joseph León Galindo Camacho (Galindo) y el coronel Francisco López de Quiroga y Campoverde (López de Quiroga y Campoverde), entre otros. No faltó quien lo criticara por preferir extranjeros a los nacionales, ignorando que tan solo dos años antes, inclusive los críticos, no eran bolivianos sino españoles.
Sucre designó prefecto y comandante de Potosí al coronel Galindo, militar correcto y de grandes condiciones de administrador para posibilitar la pronta recuperación económica de la República de Bolivia a partir de su potencial minero.
El coronel López de Quiroga y Campoverde fue gobernador de Chuquisaca desde el 22/2/1825 hasta fines de marzo en que fue relevado por el coronel Carlos María de Ortega (Ortega). Seguidamente, fue nombrado prefecto de Cochabamba desde el 1/7/1826 hasta el 24/12/1827. Después, el 24/12/1827, López de Quiroga y Campoverde fue trasladado en calidad de prefecto a Potosí. En 1828 fue prefecto de La Paz donde, inclusive, recibió el juramento de José Andrés de Santa Cruz y Calahumana (Santa Cruz) como presidente de Bolivia en la Iglesia San Francisco. Posteriormente, retomó el cargo de prefecto de Potosí a pesar de sus diferencias administrativas con Santa Cruz. En 1838, durante la autocracia de Santa Cruz, sería aprehendido sin fundamento y asesinado mediante envenenamiento en la cárcel de Oruro. Sobre López de Quiroga y Campoverde, Díaz Arguedas expresa que “Declarada la independencia del Alto Perú, el coronel [Francisco] López de Quiroga [y Campoverde] ocupó altos puestos políticos y militares, fue de los más valerosos jefes que, con la lealtad del militar honrado y caballeroso supo defender al Gran Mariscal de la intriga, de la calumnia y del crimen” (“Los generales de Bolivia, rasgos biográficos 1825-1925”; 1929).
En la carta de 27/5/1826 Sucre le informó al Libertador Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Ponte y Palacios Blanco (Libertador Bolívar) que “Galindo está de prefecto interino en Potosí; no hay a quien poner en su lugar, porque todos los hombres que valen están en el congreso. El general Fernández está de prefecto en La Paz, y creo que goza de muy buena opinión. El coronel López [de Quiroga y Campoverde] ha ido de prefecto a Cochabamba” (Lecuna, V.; “Documentos Referentes a la Creación de Bolivia”; 1924, p. 171-178).
Con este equipo Sucre organizó y puso en funcionamiento la administración pública ejecutiva, con sus servicios de economía, educación, salud, seguridad y proyección de puertos en el territorio nacional.
Respecto al breve gobierno del Gran Mariscal de Ayacucho hasta el 18/4/1828 Mallo describe que “giró la República en marcha ascendente i feliz; iba de esperanza en esperanza cada día con el más bello aspecto; pero Dios, que no quiere muchas veces dejar expedito el camino de la fortuna á sus favorecidos; resolvió que este día funesto 18 de abril, fuese el triste término de esa era de halagüeña unidad nacional, de tantas conquistas, lisonjera expectativa. Cuando todas las clases de la sociedad se conservaban en armonía, hubo la maquinación secreta de una facción que aunque de corto número, trabajó en tinieblas; i consiguió adormecer la vigilancia ordinaria del Cuartel de un Escuadrón ‘Granaderos Montados’ que hacia la guarnición de la Capital. Apareció ahí, un actor de fisonomía exótica, i siniestra, de apellido Cainzo, argentino, como nacido del centro de la tierra, desconocido para todos. En la noche de víspera de ese día había conseguido penetrar en el Cuartel, conducido a ocultas por el Músico mayor denominado Victorio; boliviano de los emigrados a las Provincias Argentinas i dos Sargentos peruanos de la misma tropa, anticipadamente seducidos” (“Historia de la fundación de Bolivia i lo que fue para ella la administración Sucre”; 1871).
¿Qué antecedió al hecho del 18/4/1828? De la correspondencia del Gran Mariscal de Ayacucho con Galindo se sabe que antes de que su gobierno cumpliera cuatro meses ya existían informes sobre atentados contra la estabilidad política interna de Bolivia. Sin embargo, Sucre se limitó a dar instrucciones de investigación y, de ser ciertos, desmantelamiento cuidadoso para evitar cualquier movimiento militar de carácter irregular.
Los movimientos desestabilizadores se incrementaron después de que la Constitución fue sancionada por el Congreso de la República el 6/11/1826 y promulgada el 19/11/1826.
Uno de los conspiradores, Santa Cruz, desde el Perú señaló que “La Constitución para Bolivia no fue recibida por una libre voluntad” (Salgueiro, B.; “Sopachuy, del olvido a la inmortalidad”; 2020). Por esta opinión irrespetuosa para con la soberanía boliviana, el presidente Sucre sufrió una gran decepción de Andrés de Santa Cruz y en su correspondencia con el Libertador Bolívar le manifestó que “Dicen que el General Santa Cruz se ha metido de bruces en la revolución” (ídem).
Otro de los conspiradores, el Dr. José Joaquín Casimiro Olañeta y Güemes (Olañeta), afanoso mediante estímulos falaces y nacionalistas predispuso parte de la ciudadanía contra el gobierno de Sucre mientras paradójicamente coordinó con Agustín Gamarra Messía (Gamarra), Pedro Blanco Soto (Blanco) y Santa Cruz la invasión peruana de Bolivia. Sobre el punto, Vicuña Mackenna indica que “estaba en Bolivia el doctor Olañeta a la cabeza de los doctores de Chuquisaca para ayudar en su culpable i desatentada empresa (.). Tales acciones, bautizaron a la ciudad de Chuquisaca con el dictado de ‘ciudad de los doctores de dos caras’” (“El Washington del Sur: cuadros de la vida militar del General Antonio José de Sucre”; 1893). Se había manifestado Jano. Con relación al hecho del 18/4/1828, Montenegro precisa que “Es innegable que su principal autor -el caudillo de los ex realistas Dr. Casimiro Olañeta-, soliviantó el ánimo de ciertas gentes vaticinando el peligro de que Gamarra invadiera Bolivia si no se derrocaba al presidente Sucre. En los hechos, el motín era sólo un primer intento de la impaciente oligarquía colonial por tomar el poder de la que la hubo despojado el héroe de Ayacucho. La conciencia nacional, pese a las inficiones de Olañeta que decía combatir el ‘extranjerismo’ de Sucre, reaccionó contra la asonada. La inteligencia de los insurrectos con el gobierno del Perú aisló por completo a aquellos en Chuquisaca, reduciendo el motín a sólo sus posibilidades antinacionales de ejecución” (“Nacionalismo y Coloniaje”; 1953).
¿Por qué y para qué Perú invadió Bolivia? Sucre, desde mucho antes de asumir la presidencia, publicó que dejaría suelo boliviano entregando el poder al Congreso el 6/8/1828. Asimismo, manifestó su deseo de despachar las tropas colombianas a su país de origen, no obstante esta acción dependía de que el gobierno peruano oficialmente permitiese su paso por Perú y de que se pudiera financiar la operación de retorno. Sucre le escribió al Libertador Bolívar que: “Usted me pregunta si definitivamente me voy el 6 de agosto [de 1828], y yo juzgaba que Ud. no tenía ya la menor duda sobre esto. No tengo ya deseos sino desesperación de que llegue el 6 de agosto para dejar todo esto” (Salgueiro, B.; “Sopachuy, del olvido a la inmortalidad”; 2020). Al mismo tiempo, el presidente de Perú José Domingo de la Mar y Cortázar (de la Mar) se preparaba para la guerra con Colombia, sabía que los restos de los ejércitos libertadores estaban acantonados en Bolivia y temía quedar atrapado entre dos frentes (Colombia y Bolivia), razón por la cual le urgía viabilizar la expulsión de los ejércitos libertadores de Bolivia. Esta finalidad se convirtió en el punto de común acuerdo de los confabulados que: i) deseaban tomar el poder en Bolivia sin temor a ser sofocados por Sucre y los ejércitos libertadores (Olañeta, Blanco y Santa Cruz), ii) deseaban sostener un frente único en la guerra con Colombia (de la Mar) y iii) querían disolver la independencia boliviana unificando Perú y Bolivia (Gamarra y Santa Cruz). Posteriormente, el objetivo encubierto de disolver la independencia boliviana se denominaría “Confederación Perú-Boliviana”. Al respecto, el 8/4/1828, desde Puno, Gamarra le escribió a Sucre manifestando que “Los pueblos del Perú han recibido con la más agradable sensación la noticia de las negociaciones de paz que tuve el honor de entablar con V.E. en nuestra entrevista en el Desaguadero, pero luego habría cargos contra el Mariscal porque, según sus informes, habría aumentado las tropas bolivianas y que esto era ‘un anuncio de que se prepara para la guerra’” (ídem). Las aseveraciones de Gamarra eran patrañas para encubrir que su jefe de la Mar preparaba la invasión de Guayaquil con la intención de anexar la tierra de su nacimiento al Perú. Gamarra no fue sino la punta de lanza en la intención de eliminar a las tropas colombianas que protegían legalmente el territorio boliviano.
Mediante carta de 20/12/1827 Sucre le informó al Libertador Bolívar “En cuanto a lo que hacen del Perú sobre Bolivia diré que continúan los aprestos hostiles. Han venido ya a Puno los dos batallones y dos escuadrones que había en Tácna y Arequipa, y están ya en Lampa y Azángaro los otros dos batallones y escuadrones del Cuzco; de manera que existen en el departamento de Puno 3.000 infantes, 500 caballos y dos piezas de batalla con su servicio. El general Gamarra manda esa fuerza y Aparicio es su jefe del estado mayor general. Hay muchos reclutas, y en general la tropa es mala con excepción de dos batallones. No creo que nos ataquen, si no sea por algún golpe pérfido; más bien pienso que esas tropas las ha puesto allí de miedo de una invasión de Bolivia que ni he soñado. (.). El día 1 de enero dictaré el decreto convocando el congreso constitucional, voy a tratar de reunirlo el 25 de mayo. Estoy cansado de tanta calumnia que viene de fuera; entregaré la república al congreso y me iré a Quito a vivir fuera de todo bullicio y carrera pública. Me han fastidiado los ingratos de todas partes. (.). Empiezan las elecciones el 3 de febrero; esto ocupará un poco la gente y si no fuera porque los del Perú no pierden momento de excitar a la rebelión a los bolivianos, aseguraría un perfecto reposo hasta el 6 de agosto” (Salgueiro, B.; “Sopachuy, del olvido a la inmortalidad”; 2020).
¿Qué pasó el 18/4/1828? El 17/4/1828, aparentemente, todo estaba tranquilo en la capital de la República. Sucre, por todas las previsiones tomadas por el Ministro de Guerra y el Prefecto de Chuquisaca, José Miguel Lanza, la lealtad de la tropa veterana que cuidaba Chuquisaca y la adhesión casi total de la ciudadanía, desempeñaba serenamente sus funciones en palacio, sin imaginar que agentes peruanos y agentes de la diplomacia argentina habían penetrado la guardia presidencial del cuartel San Francisco. El Gran Mariscal de Ayacucho ignoraba también que Blanco, desde Tupiza, se había comprometido en la subversión con Gamarra, al igual que otros tantos personajes importantes del país. Al amanecer del 18/4/1828 el médico Miguel Antonio Luna llegó al cuartel San Francisco en su visita de costumbre y notó que algo extraño sucedía, entonces, corrió al palacio de gobierno para informar lo que acontecía. Enterado de la rebelión, Sucre acudió rápidamente al cuartel montado a caballo, seguido solamente por su edecán teniente Escalona (Escalona) y el intendente de policía coronel Gabino Ibáñez. Atropellando osadamente a la guardia principal, Sucre penetró hasta el patio seguido por Escalona, donde fue recibido con una descarga de los amotinados que hirió a ambos. El caballo del presidente -encabritado- retrocedió saliendo del cuartel sin que su jinete pudiera dominarlo con el brazo izquierdo. Luego de galope desbocado, Sucre logró llegar hasta la puerta de la caballeriza del palacio de gobierno y chocó contra el dintel de la puerta cayendo a tierra maltrecho. El médico Luna curó inmediatamente las heridas del presidente. Haciendo un paréntesis, la historia precisa que “Corresponde a los primeros días de la república la figuración de los doctores Miguel Antonio Luna, Carlos Augusto Torrally y Matías Agios, el primero Natural de España, recibido en Madrid en 1797, vino como cirujano mayor del ejército Libertador al lado del General Sucre, fue nombrado médico honorario de la Asamblea Deliberante de 1825, honra de la que ningún médico había gozado, habiendo asistido al Mariscal de Ayacucho de su herida en el brazo derecho, cuando el infausto acontecimiento del 18 de abril de 1828” (“Bolivia en el Primer Centenario de su independencia”; 1925).
El señor Jorge Mallo, después de auxiliar al Gran Mariscal de Ayacucho, viajó inmediatamente a Potosí para comunicarle del suceso al coronel López de Quiroga y Campoverde. Esta versión de José María Rey de Castro (“Recuerdos del tiempo heróico: pájinas de la vida militar i política del gran mariscal de Ayacucho”; 1883) es confirmada por el propio Jorge Mallo en su testamento publicado el 24/4/1924 en “La Tribuna” de la capital de la República por Nicanor Mallo; a saber: “Que correspondiendo a esa deferencia noble y relevante, en el infausto acontecimiento del año veintiocho, después de haber puesto al General Sucre en su lecho, marché en persona y regresé de Potosí con el General [Francisco] López [de Quiroga y Campoverde] y su fuerza, para salvar la vida del ilustre fundador de la República y de nuestras instituciones”.
El mismo 18/4/1828, al no existir vicepresidente, el presidente Sucre mediante el Decreto 124 determinó que el general José María Pérez de Urdininea se encargase de la administración del Estado. Después, Sucre lamentaría esta designación manifestándole al Libertador Bolívar que “Los negocios de Bolivia quedan mal. Urdininea que por mi herida presidía el consejo de ministros, y que luego fue revestido por éste con todas las facultades del gobierno, traicionó la causa del país. (.). Gamarra es tan inepto como cobarde, y sólo la traición de Urdininea le habría proporcionado su ventaja en Bolivia” (Lecuna, V.; “Documentos Referentes a la Creación de Bolivia”; documento de 18/9/1828, 1924).
Por su parte, los amotinados del 18/4/1828, después de conversar con Olañeta, cerebro de la subversión, designaron prefecto y comandante de Chuquisaca al coronel José Antonio Asebey (Asebey) en sustitución de José Miguel Lanza, como recompensa a su adhesión. Inmediatamente, Asebey remitió una carta a Gamarra hasta el Desaguadero pidiéndole ayuda (Lecuna, V.; “Documentos Referentes a la Creación de Bolivia”; documento de 17/5/1828, 1924). Asebey es el mismo personaje que en 1816, por orden de Martín Miguel Juan de Mata Güemes Montero Goyechea y la Corte (Güemes) de 3/11/1816 y Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano (Belgrano) de 18/11/1816, ambos interesados en que Charcas formara parte de las Provincias Unidas del Río de La Plata, intentó reemplazar al coronel Jacinto Cueto España en el Comando Supremo de la “republiqueta de Tomina” a la muerte del coronel Manuel Ascencio Padilla Gallardo. Llamativamente, Asebey pasó a la historia como un brillante comandante americanista.
Anoticiado de la subversión, el prefecto y comandante de Potosí coronel López de Quiroga y Campoverde, con su escasa fuerza y algunos amigos de Sucre, acudió en su auxilio. En las cercanías de Yotala, el legendario guerrillero de Inquisivi y Ayopaya, José Miguel Lanza, se unió a la operación. Llegados a Chuquisaca tomaron las alturas de la Recoleta donde se atrincheraron. Conminaron a los rebeldes a la rendición, pero estos rechazaron el ultimátum.
Informado de la llegada del coronel López de Quiroga y Campoverde, el Gran Mariscal de Ayacucho temeroso por el desastre que ocurriría en la ciudad de Chuquisaca convertida en escenario de una operación militar, buscando un avenimiento entre los beligerantes, a las tres de la mañana del 21/4/l828, desde su cama, dictó al coronel Andrade sus proposiciones, instruyendo que fueran puestas en conocimiento de los contendientes de forma inmediata. Habiendo vivido el suceso, Rey de Castro relata que “Imposibilitado el general Sucre de atender desde su cama a los males del momento que afligen a Chuquisaca, y deseando cortarlos, propuso el decreto del 21 de abril de 1828 por el que el Presidente pedía ‘que se retiren las tropas del coronel [Francisco] López [de Quiroga y Campoverde], y los de San Francisco, las primeras a Ñuccho, y las segundas a Yamparáez, dejando la ciudad entregada a sus propios vecinos y sin ningún soldado de guarnición” (“Recuerdos del tiempo heróico: pájinas de la vida militar i política del gran mariscal de Ayacucho”; 1883). Los rebeldes negaron rendirse y de inmediato atacaron a las fuerzas del orden en la Recoleta. El coronel López de Quiroga y Campoverde, en bravo combate logró rechazarlos. El 22/4/1828 una fracción de los rebeldes huyó hacia Tomina. López de Quiroga y Campoverde, aprovechando la coyuntura, lanzó sus fuerzas contra los rebeldes quienes, lejos de resistir, retrocedieron en total desorden hasta el cuartel San Francisco. Entonces, el coronel López de Quiroga y Campoverde libertó al Gran Mariscal de Ayacucho. Esta versión fue confirmada por la narración del canónigo Juan Crisóstomo Flores, actor y testigo del hecho, quien manifestó que “Así las cosas, el 21 y 22 de abril, llegó a Chuquisaca el coronel Francisco López de Quiroga, Prefecto de Potosí, con escasa tropa y con algunos oficiales sueltos y paisanos, que por ser amigos decididos del General Sucre, acudieron a su defensa. Esta gente acampó con aparato en la Recoleta. Desde ese punto mandó intimar rendición a los rebeldes de la plaza, so pena de entrar contra ellos a sangre y fuego en la capital si no ponían inmediatamente en libertad al presidente de la República” (1875).
Con relación a López de Quiroga y Campoverde, Díaz Arguedas indica que “En abril de 1828 desempeñaba el cargo de Prefecto y Comandante General del Departamento de Potosí, y cuando supo el infame atentado perpetrado en Chuquisaca contra la vida del Mariscal por las tropas colombianas amotinadas en el cuartel de San Francisco, rompiéndole el brazo derecho, se puso inmediatamente en marcha en dirección a dicha ciudad a la cabeza de 75 hombres del batallón ‘Cazadores’ y 24 gendarmes, para auxiliar al Mariscal y mantener el orden público. Llegado que hubo a las afueras de la capital el 21 de abril, López recibió proposiciones desdecorosas por parte de los amotinados que los rechazo de plano, exigiendo más bien la rendición de la plaza. Colocó sus escasas fuerzas en las alturas de la Recoleta, esperando ser atacado por el enemigo. (.). Pero envalentonados los rebeldes con el número y haciendo caso omiso de las proposiciones del Mariscal, atacaron en estado de ebriedad a las fuerzas del Coronel López [de Quiroga y Campoverde], quién supo resistir valerosamente el ataque durante dos horas, al fin de los cuales y merced a la valerosa actitud y al heroico ejemplo de éste, los atacantes arrollados y arrojados a las afueras de la ciudad dejando veintidós muertos y muchos heridos, especialmente de la cholada que, ebria y envalentonada, vociferaba contra Sucre. Las bajas sufridas por los defensores de la ley fueron doce heridos y un muerto. Entre los heridos de gravedad figuraba el general José Miguel Lanza, que falleció días después; un sargento, ocho soldados, un civil y un muchacho de diez años de edad. Tomada que fue la plaza principal por las fuerzas leales, el coronel [Francisco] López [de Quiroga y Campoverde] investigó el paradero del Mariscal y al saber que había sido apresado en la casa de Gaspar Frontaura, situado bien cerca del cuartel de San Francisco, se apresuró en dirigirse a ella y poner en libertad al Padre de la Patria, el cual yacía en su lecho custodiado por tres centinelas peruanos, a los que se les había dado la terminante consigna de victimarlo a culatazos en caso de escucharse el disparo de algún arma. En premio a esta enérgica y noble actitud del coronel [Francisco] López [de Quiroga y Campoverde], el Mariscal le otorgó muy merecidamente el grado de general de brigada, y ‘LE PUSO ÉL MISMO LA CASACA BORDADA’ llamándole ‘LIBERTADOR DEL LIBERTADOR’” (“Los generales de Bolivia, rasgos biográficos 1825-1925”; 1929).
Por su parte, mediante informe de 27/4/1828, Sucre le comunicó al Libertador Bolívar que “Esta ciudad estuvo en un perfecto desorden, porque para completar el mal llegaron de las provincias 6.000 pesos para la tesorería y una gran parte la invirtieron los facciosos en emborrachar y gratificar a los cholos. Tal estado de confusión duró cinco días, mientras que el general Francisco López de Quiroga vino con 100 hombres de Potosí. Los sublevados hicieron un momento de resistencia el día 22; pero por la tarde abandonaron la ciudad y dispersados andan por las inmediaciones, excepto unos 30 granaderos que se han dirigido a la provincia de Tomina. (.). Se admirará V. de saber que el doctor [Casimiro] Olañeta era el consejero y el director de los malvados. (.). Mañana salen para Tomina 150 soldados a perseguir los dispersos. Así quedará perfectamente tranquilo el país y restablecido de un escándalo de que todos están asombrados” (Lecuna, V.; “Documentos Referentes a la Creación de Bolivia”; 1924, p. 171-178).
Indignado por el ultraje al Gran Mariscal de Ayacucho, el general López de Quiroga y Campoverde “inmediatamente destacó una segunda partida de caballería en persecución de los vencidos; protestando no dar cuartel, ni emplear en ellos un cartucho: ‘a lanza morir’, decía” (Salgueiro, B.; “Sopachuy, del olvido a la inmortalidad”; 2020). La prensa Chuquisaqueña comentó que “El Capitán Carretero con una compañía de cien fusileros entró en esta capital, procedente de Potosí, el 26 esta compañía i sesenta caballos han marchado a la provincia de Tomina, a las órdenes del General López [de Quiroga y Campoverde]. Los facciosos que se habían abrigado en aquella provincia, sabemos que no han podido hacer gente, i que se preparan a huir hacia la república argentina. En Chuquisaca continúa la más completa tranquilidad; se han recogido muchas armas de las robadas de los almacenes del Estado, i se toman medidas activas para que no quede ni una sola en las manos de los robadores” (El Cóndor de Bolivia; Nº 126, jueves 1/5/1828; Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia -A.B.N.B.-). Verifíquese también el editorial denominado “Cartas a un amigo suyo residente en La Paz” (El Chuquisaqueño; Nº 125 de 24/4/1828; A.B.N.B.).
López de Quiroga y Campoverde al dirigirse a Tomina, en el camino, recibió una carta de su amigo Reyes desde Tomina, informándole que los rebeldes estuvieron en La Laguna (Padilla) y que apresuradamente se dirigieron a Pomabamba (Azurduy) pasando por Sopachuy. Entonces, para escarmentar definitivamente a los subversivos, López de Quiroga y Campoverde comunicó sus órdenes por otra ruta a los pobladores de Pomabamba a efecto de que los hostilizaran; a saber: “Tomina 30 de abril de 1828. Mi amigo López. En este instante acabo de llegar de la Laguna. He dejado atrás la partida, que me dieron de Chuquisaca armada, i solo por anticiparte aviso me he adelantado. Mis compromisos no son tales, i por eso es, que me separe de esa porción de facinerosos, que anoche me hubieron de matar. A la madrugada de este día, se mudaron ya para Sopachuy, i van a marchar para Pomabamba con dirección a Tarija. Si no apresuras la marcha, tal vez nada adelantarás, pues se fueron con tal precipitación que dejaron la avanzada que anda dispersa. Todo está quieto, i mientras nos vemos queda tuyo tu amigo. Reyes” (El Cóndor de Bolivia; Nº 126 de 3/5/1828; A.B.N.B.).
A las 8 de la mañana del 4/5/1828, López de Quiroga y Campoverde llegó a su tierra natal Sopachuy. Le informó al Ministro del Interior que en Pomabamba se tomaron quince prisioneros y que algunos huyeron, pero que todavía los persiguen. Remarcó que al amanecer del 5/5/1828 estaría con los subversivos para castigarlos ejemplarmente; a saber: “Al señor Ministro del Interior. Sopachuy 4 de mayo de 1828. Señor Ministro. Son las 8 de la mañana y acabo de recibir aviso de Pomabamba de haber batido aquellos vecinos y muy dignos bolivianos, á los traidores, con los resultados de tomarles 15 prisioneros, entre ellos al sargento Pedro Rueda y Víctor Robles. Aunque escapó Verdeja con algunos, los persiguen, y seguramente los tomarán. Al amanecer de mañana estaré con ellos, y correrán la misma suerte que los dos que mandé fusilar en Tomina con sus mismos compañeros: recibieron así el condigno castigo del atroz crimen que cometieron el 18 con la persona adorada de todos los buenos bolivianos, el Gran Mariscal de Ayacucho. Los Granaderos de la 1º compañía se portan con un entusiasmo poco común. Me prometo que serán la columna más firme de la nación, el apoyo del Gobierno, y dignos hijos en fin de Bolivia. Dios guarde a V.G.- Francisco López” (El Cóndor de Bolivia; Nº 127 de 8/5/1828; A.B.N.B.).
Sin equivocación, Montenegro destaca que “A la muerte de Lanza ocurrieron eventos capaces de aniquilar la República. El Mariscal de Ayacucho dimitió a la presidencia. Gamarra introdujo profundamente el ejército peruano en nuestro territorio, imponiendo pesados tributos al pueblo, sin que se le opusiera resistencia militar de parte de Bolivia. El General español Aguilera, ‘cual si en él se reencarnase el alma del general [Pedro Antonio] Olañeta’, proclamó en Valle Grande, la autoridad del Rey de España sobre Bolivia, abriendo en el año la campaña armada contra la República. Reunida la asamblea de representantes, invistió con la presidencia de la nación al general Pedro Blanco. Al cuarto día de ejercerla, Blanco fue derrocado por un motín y, al quinto día, muerto de dos balazos (.) Digiérase que Bolivia estaba desierta de figuras eminentes (.). Parecía cumplirse la sentencia ‘¡Morirán todos los hombres pero no morirán las Leyes!’, de aquel abrupto General, Francisco López de Quiroga [y Campoverde] que acometió a los secuaces de Olañeta el año 28” (“Nacionalismo y Coloniaje”; 1953).
Después de provocar la subversión y poner en peligro la integridad/independencia de Bolivia, “Olañeta, (.) en esos días se hallaba en Potosí, prófugo aunque no perseguido, (.) [por] la magnanimidad de Sucre” (Salgueiro, B.; “Sopachuy, del olvido a la inmortalidad”; 2020). Seguidamente, el 11/10/1828, en su condición de canciller del gobierno interino del general Velasco, informado en Oruro de la proclama del Libertador Bolívar ante la inminente guerra Perú-Colombiana, Olañeta se identificó con los intereses peruanos y, por conducto del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, envió un pronunciamiento en nombre del pueblo boliviano y declaró guerra a Colombia (de Odriozola, M.; “Documentos Históricos del Perú, colectados y arreglados por el coronel de caballería de ejército, fundador de la independencia Manuel de Odriozola”; T. 7, p. 389).
La evidencia indica que los conspiradores nacionales, distinguibles individual o conjuntamente como Jano, para resolver sus problemas personales, dotarse de privilegio y organizar su casta, no dudaron en poner en peligro la independencia e integridad territorial de Bolivia.
Desgraciadamente, la subversión fue eficaz a mediano plazo y los conspiradores nacionales, ajenos/contrarios todos a la guerra de independencia, realizaron gran parte de sus finalidades. Olañeta, ufano de su obra, inclusive bautizó a su hijo Telésforo ‘Jano’ Tañelao Olañeta Rojas. Nótese que “Tañelao” es anagrama de “Olañeta”.
Por tanto, está categóricamente demostrado que el 18/4/1828, en la naciente Bolivia, se sustituyó la política por la hipocresía, abandonando tempranamente y en adelante las premisas liberales sobre las cuales operó la revolución del 25/5/1809, frustrando hasta nuestros días las aspiraciones de los guerrilleros de la independencia.
El autor es doctor en Derecho e historiador