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Sociedad

20 de noviembre de 2020 18:50

Un bloqueo sin nada que comer y mucho que botar

El aislamiento en la carretera, por los bloqueos fue duro con los transportistas. Al clima crudo, falta de alimentos y medicinas se sumó el saqueo de la carga que sufrieron algunos choferes.

Inf 10 Tapa Ilustración: Sofi Cadena

La Paz, 20 de noviembre (ANF).- “Este fue un bloqueo diferente, no nos vendieron comida, no había papa, no había chuño, no había nada para que podamos comer”, dice Rubén Alvarado, presidente de la Cámara de Transporte de Cochabamba, quien deploró la medida de presión que los mantuvo por 12 días parados en las carreteras.

Limpiar las carreteras del desmonte, las piedras y los cerros derribados demoraría cinco semanas más, para que el transporte pesado vuelva al tráfico normal por las vías principales del país.

Según datos de la Federación de Entidades Empresariales de Cochabamba, por cada día de bloqueo se pierde Bs 17 millones, y las pérdidas para el sector del transporte de carga nacional e internacional son de unos Bs 2,5 millones. 

“Nuestra región es una de las más afectadas por el fenómeno del bloqueo de caminos”, dice Alvarado, sin duda, “esto repercute en la economía de una región que aglutina al 70 por ciento del transporte pesado a nivel nacional”, agrega. 

La convocatoria de la Central Obrera Boliviana (COB), el Pacto de Unidad y organizaciones afines al Movimiento Al Socialismo (MAS) a un paro indefinido con bloqueo de caminos tuvo repercusiones económicas en una de las principales regiones productoras del país. La protesta en demanda de una fecha fija para las elecciones generales “no justifica el daño a la economía del país ni poner en riesgo la salud de la población”.

El aislamiento en la carretera, por los bloqueos fue duro con los transportistas. Al clima crudo, falta de alimentos y medicinas se sumó el saqueo de la carga que sufrieron algunos choferes.

“Miren, miren como estamos en la carretera, mi compañero está enfermo, no tenemos comida, así vivimos en los bloqueos”, se escucha decir a uno de los choferes del transporte pesado en un video difundido en redes sociales.

La dirigencia del sector califica a los bloqueos como “actos criminales y de terrorismo”, y en particular a los ocurridos en agosto, resultado del llamado de la COB.

Los cooperativistas mineros de la región de Kami, provincia de Ayopaya, en el noroeste de Cochabamba, volaron con dinamita parte de un cerro para tapar de manera contundente la carretera hacia Oruro.

“El tamaño y la cantidad de rocas y tierra en la carretera era considerable”, dice Alvarado. Luego del bloqueo, el gobierno solo pudo habilitar un carril y, después de un mes, ambos carriles. 

Daño a la producción



“Regalé la producción que cosechamos esos días, no podía llevar a los mercados, todo se echó a perder, nada recuperamos; el tomate, la cebolla y la lechuga tienen que venderse en el día, no es para guardar”, lamenta María (nombre cambiado), productora de hortalizas de Parotani que pidió el anonimato por temor a represalias de la dirigencia de su zona, que la obligó a participar de los bloqueos. 

“Si no vamos, multa tenemos, por eso a alguien siempre tenemos que mandar, pero ahora todito hemos perdido y encima nos quieren cobrar” la multa, cuenta muy afectada por el daño ocurrido a su economía familiar.

Afortunadamente, dice, en el sector de Parotani los campos productivos son muy fértiles, lo que permite que la cosecha pueda realizarse de tres a cuatro veces al año. “Tenemos agüita, eso nos ayuda, tempranito tenemos que levantarnos, aquí el trabajo es de todo el día, a veces ni dormimos”, refiere. 

Mientras que, en los viveros de Marquina, al norte de Quillacollo, Claudina, madre de familia y sustento de su familia, acongojada recuerda que en los bloqueos de agosto miles de las flores que cultivó tuvo que tirarlas a la basura. 

“De estos dos viveros nada hemos vendido, toda nuestra inversión estaba ahí, trabajamos con deudas, nos prestamos dinero”, dice. Por los bloqueos, decenas de familias de floricultores de Marquina perdieron la oportunidad de vender su producción.

Claudina cuenta que flores con aromas formidables como el Lirio tuvieron que ser desechadas y no salir del país vía exportación hacia Europa, como habitualmente ocurría. Las flores también eran enviadas a departamentos como La Paz, Oruro y Potosí, pero “todo quedó truncado y la posibilidad de generar ganancias se esfumó”.

“A todos nos perjudican los bloqueos, pero qué hacer cuando debes entregar las flores de un día para el otro y no se puede”, reflexiona y se quiebra en llanto. Las largas y duras jornadas de trabajo e inversión de dinero se perdieron. Las flores quedaron botadas en el piso y no pudieron llegar a sus destinos.

Los bloqueos de agosto fueron para muchos pequeños productores el golpe de gracia a su frágil economía, cuando apenas levantaban cabeza luego de cumplir más de dos meses de cuarentena rígida por la pandemia del nuevo coronavirus (Covid-19).



/ANF/

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