Sociedad

12 de diciembre de 2016 10:00

Cada vez más niñas adolescentes se embarazan y mueren, pero no cuentan en las estadísticas

Todavía existen más sombras que luces en torno a la mortalidad materna adolescente, pero todo muestra que se trata de una tragedia que está cobrando muchas víctimas y cada vez a más temprana edad.

ADOLESCENTE Foto: infoblancosobrenegro.com
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Zulema Alanes / Yolanda Salazar

La Paz, 12 de diciembre (ANF) .- En Bolivia son cada vez más frecuentes los casos de mortalidad materna de niñas adolescentes, pero los registros oficiales son aun escasos, incompletos e inexistentes en varias regiones del país. 

Según el Estudio Nacional de Mortalidad Materna 2011, el 12% de los fallecimientos maternos registrados en el país corresponde a adolescentes de entre 15 y 19 años y las autopsias verbales a las familias que reportaron una muerte materna en el país dan cuenta de un 2% de fallecimientos a la edad de 14 años.


Los datos disponibles muestran que las complicaciones del embarazo y el parto son la principal causa directa de muerte en adolescentes, pero no revelan detalles de las causas indirectas, por tanto, no dan cuenta de la magnitud del problema.

Las estadísticas oficiales reportan que a nivel nacional el 18% de las adolescentes de 15 a 19 años ya son madres o están embarazadas, pero son casi inexistentes los registros de embarazos a más temprana edad aun cuando “cada vez más se están registrando embarazos en niñas de 14, 13, 12 años”, según Ana Angarita, representante del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) en Bolivia.


Si se toma en cuenta que diversos estudios de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) señalan que en las niñas adolescentes menores de 15 años el riesgo de muerte materna es dos veces mayor al de las mujeres adultas, se puede suponer que hay un subregistro que oculta la magnitud de la mortalidad materna adolescente en el país.

Entre la población adolescente, la edad de embarazos y partos está disminuyendo y el riesgo de morir está aumentado y “ha obligado al sistema de información en salud a ampliar la base numérica con la que se calculaba la fertilidad y mortalidad maternas, de 15 a 49 años hasta 10 a 49 años”, advirtió el sociólogo Marco Paz del Observatorio de Mortalidad Materna.

Más allá de los números, todas son señales de alarma. Desde una perspectiva de derechos humanos, una niña que queda embarazada, independientemente de las circunstancias o razones, es una niña cuyos derechos quedan menoscabados.

Recientes hallazgos de investigaciones cualitativas revelan que en Bolivia el embarazo en la adolescencia está asociado a la violencia de género en su sentido más amplio: violencia física, simbólica, psicológica y económica. 

En la mayoría de los casos las adolescentes no se embarazan como consecuencia de una decisión deliberada o de relaciones consensuadas sino de situaciones que están fuera de su control y, según Angarita, en Bolivia cada vez con más frecuencia deben soportar las consecuencias “de una violación sexual, de violencia sexual que tiene como resultado un embarazo no planificado, pero sobre todo una maternidad forzada”.


Un Estudio sobre Embarazo en la Adolescencia en 14 Municipios de Bolivia auspiciado por el UNFPA revela que muchas adolescentes iniciaron su vida sexual con una violación.  “Por ejemplo, cinco de las siete adolescentes entrevistadas en Tiquipaya… fueron víctimas de violación a los 10, a los 12 y 3 adolescentes a los 14 años, en diferentes circunstancias por personas conocidas y también desconocidas”.

No se puede pensar en niñas adolescentes madres sin pensar en adultos ultrajadores. No es un dato aleatorio, en base a denuncias del primer semestre de este año la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (FELCV) estima que, en promedio, cada día se cometen dos violaciones sexuales contra niñas y adolescentes en el país, muchas terminan en un embarazo. El 2015, la Defensoría del Pueblo aseguró que sólo se denuncian el 20 por ciento de los vejámenes sexuales.
 
Muchas niñas adolescentes se llevan a la tumba los detalles de la violencia en el historial de sus embarazos y las circunstancias extremas que derivaron en su muerte. Las estadísticas oficiales no reportan datos desagregados sobre las causas indirectas de la mortalidad materna adolescente, pero el estudio del 2011 muestra que a nivel global la coerción psicológica ha derivado en suicidios (10%) y al menos el 3% de las muertes maternas han sido tipificadas como asesinatos.

Según el UNFPA, al 2016, una actualización cualitativa de esas cifras revela que al presente a nivel global el 23% de la mortalidad materna es atribuible a suicidios y feminicidios.  

Niñas adolescentes se enfrentan a situaciones límite.  Bajo amenaza, en muchos casos ocultan en silencio sus embarazos producto de violación o no encuentran respaldo familiar para demandar un aborto legal. En otros, el temor al rechazo de su entorno familiar las lleva a optar por un aborto en condiciones de riesgo de manera tardía y con mucha frecuencia posponen la búsqueda de atención médica cuando surgen complicaciones. La OPS estima que del total de abortos inseguros en América Latina el 1 5% se produce entre las adolescentes con un riesgo de muerte dos veces mayor que entre las mujeres adultas.

Las desigualdades que están detrás de la mortalidad materna de niñas adolescentes suelen tornarse extremas por su condición de indígenas, su situación de pobreza, su bajo nivel educativo y su lugar de residencia.  




HISTORIAS DE VIDA Y MUERTE: ENTRE LA ESPERANZA Y LA DESESPERANZA

Más allá de las cifras, las historias de las muertes maternas muestran que la violencia, en sus múltiples manifestaciones, actúa como detonante de situaciones y relaciones que inciden en que las adolescentes se embaracen y mueran. 

Como sociólogo, Marco Paz está a cargo del estudio que a través de autopsias verbales trata de reconstruir las determinantes sociales y culturales de la mortalidad materna.  En Cochabamba encontró el caso de una niña de 14 años que se reporta como envenenamiento por consumo de sustancias tóxicas, suicido producto de la toma de conciencia de un mes de embarazo. Pero esa no es toda la verdad.

“No vivía con sus padres sino con sus tíos. Había sido entregada a sus tíos ricos del trópico de Cochabamba, venía de una familia muy pobre, de muchos hermanos, fue entregada, pero en condición de servidumbre, como la criada, la sirvienta a la que no pagas. Fue maltratada durante mucho tiempo, menos mal iba a la escuela, donde conoció al muchacho con el que decidió escaparse a Santa Cruz. El tío, su patrón, fue tras ella después de un mes y frente a sus verdaderos padres le dio una pateadura impresionante, para corregir su comportamiento. No se ha suicidado porque estaba embarazada, sino porque estaba viviendo un infierno de servidumbre y de esclavitud, que no tenía nada que ver con el embarazo, la niña ni siquiera se ha debido dar cuenta del embarazo, probablemente ha muerto sin tener en cuenta que estaba embarazada”. 

Muchas adolescentes se embarazan como consecuencia de relaciones consensuadas con sus parejas, pero pronto comprenden que la maternidad es un rol de la edad adulta y que no es como jugar a las muñecas.  Es cuando deciden poner fin a su embarazo. 

Marco Colque, trabaja como médico en el hospital Boliviano Holandés de la ciudad de El Alto y en muchas ocasiones ha sido testigo de desenlaces fatales.  La última semana de septiembre reportó una muerte materna adolescente.

“Ha sido justamente por aborto.  Lamentablemente en El Alto, como en otras ciudades, hay muchos lugares clandestinos donde se realiza esta práctica… Uno se puede dar cuenta en qué condiciones fue realizado el aborto de solo ver cómo llegan a nuestros establecimientos.  La joven tuvo un aborto incompleto que le provocó una severa hemorragia, pasados los días la infección se propagó por todo su cuerpo. Cuando indagamos, los familiares se niegan a dar detalles, se sienten responsables y temen ser denunciados”.

El embarazo adolescente expresa tanto la desesperanza como la esperanza, tiene que ver tanto con la idea de que “no hay nada que perder” como con la expectativa de que es posible una vida mejor.

La antropóloga Silvia Salinas estudia las desigualdades que más allá de las cifras ocultan el embarazo y la mortalidad materna.  Advierte que en el caso de las niñas adolescentes el panorama es complejo y sobrecogedor.

“Hay señales de alerta, cada vez son más los embarazos de menores de 15 años… y sus historias de vida muestran que se embarazan por salir de sus contextos de violencia, son violentadas por sus padres, sufren violencia sexual y para escapar se someten a otra violencia, es una cadena sucesiva de violencias que les niega el derecho a la vida”. 





¿CUÁNTAS NIÑAS ADOLESCENTES SE EMBARAZAN Y MUEREN EN BOLIVIA?

El Estudio Nacional sobre Mortalidad Materna y Neonatal 2011, reporta que el índice de mortalidad materna es 2% para niñas adolescentes de 14 años y 12% para adolescentes de 15 a 19 años.


El departamento del Beni registra las más altas tasas de mortalidad materna adolescente, 32% entre 15 a 19 años, y una sola muerte materna a la edad de 14 años. El departamento de La Paz tiene el índice de mortalidad materna global más alto del país, pero sólo 8% en el segmento de 14 a 19 años. En el caso de Potosí, ese indicador sube al 16%.

Cochabamba es el departamento con los más altos índices (7%) de mortalidad materna de niñas y adolescentes entre 10 y 14 años y un 18% entre 15 y 19 años. Los departamentos de Santa Cruz, Chuquisaca y Oruro registran 8% de muertes maternas entre 15 a 19 años. En las estadísticas de Tarija y Pando no figura ninguna muerte materna adolescente.

A decir de los expertos, las estadísticas oficiales no reflejan la realidad. Alberto Castro, oficial del programa de Salud Sexual y Reproductiva del UNFPA aseguró que el 18% de embarazo adolescente que registran los datos oficiales ya ha sido superado “y hoy ya estamos hablando de un 26% y este incremento tiene impacto sobre la mortalidad materna”.  

Estas cifras están asociadas además a la cada vez más temprana edad de inicio de relaciones sexuales. “Tan temprana como los 12 años, aunque hay casos de 9 o 10 años que han sido producto de violencia sexual… se habla de 17 años como edad promedio, pero los promedios esconden los extremos”.

Otra verificación importante es que, por ejemplo, en el caso de Pando donde las estadísticas oficiales registran mortalidad materna adolescente cero, en la presente gestión se han registrado siete muertes maternas, todas indígenas y de menores de 19 años, dijo Castro.

Lo que queda claro es que las estadísticas no dan cuenta de toda la realidad del embarazo adolescente.  En criterio de la Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Alicia Bárcena, es urgente “que se rompa el silencio estadístico. Lo que no se mide, no importa” para que la falta de información deje de ocultar las desigualdades que se esconden detrás de las cifras oficiales, no sólo en Bolivia, sino en toda la región.




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