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Opinión

Manfred Mercury, y la libertad sexual

19 de Febrero, 2024
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AGUSTÍN ECHALAR ASCARRUNZ

La semana pasada, semana de carnavales, ha tenido como todos los años su dosis de felicidad, de placer, de excesos y de dramas. El uso y abuso de alcohol durante estas fiestas es siempre una especie de aditivo para los distintos tipos de violencia, incluida la violencia hacia la mujer, aunque para algunos colectivos, este no tenga nada que ver con la violencia, producto más bien, dizque, del capitalismo patriarcal.

Este año no se sufrieron problemas serios de infraestructura en el más importante carnaval de Bolivia, el de Oruro, y tampoco se tuvo que ver a un vicepresidente sin gracia tratando de marcar paso. Se puede decir que la fiesta estuvo mejor que en otros años, y además apareció un niño con una trompeta que dejó anonadados a quienes lo escucharon.

En la bella Cochabamba, que dicho sea de paso está más bella que antes, tuvo lugar una escena caranavalera que merece ser mencionada, en uno de los espacios de mayor concurrencia, delante de una multitud de jóvenes que podrían ser hijos o nietos del alcalde, don Manfred Reyes Villa alcalde de la  antiguamente llamada Villa de Oropesa, entró en  escena con una agilidad y una prestancia  admirables, tomó un micrófono, y lanzó esa tonada/ grito tan icónica del más famoso cantante rock de los años setenta y ochenta, Freddy Mercury. 

Los aplausos fueron estremecedores, Reyes Villa saltó la valla generacional a sus casi 69 años, (los cumple en dos meses), y por lo menos en ese momento fue un ídolo para quienes estaban presentes.

La escena, grabada y subida a la red, se ha hecho viral, y ha sido vista miles de veces, tal vez haya llegado al millón de espectadores.  Hay que decir que el gesto le salió bien al famoso Bombón de los años 90, hoy más de treinta años después, capitaliza como entonces su gallardía y buena apariencia, y su aceptable oído. 

Lo interesante es sin embargo, que hubiera escogido nada menos que a Freddy Mercury para crear ese puente intergeneracional, (aunque Mercury es de su tanda, o un poco mayor, está plenamente vigente hoy), y lo digo porque recuerdo que hace un poco más de 20 años, en las elecciones del 2002, en su calidad  de candidato, Reyes Villa, preguntado sobre la homosexualidad, dijo que se trataba de una enfermedad. 

No quiero acusar aquí al alcalde de la Llajta de inconsecuente, 22 años, y varios de ellos viviendo en el exilio en un país más liberal pueden haberle cambiado la mente de una manera positiva.

Lo cierto es que su gesto del sábado pasado es un inequívoco saludo a la libertad sexual, un acto de respeto a quienes como Freddy Mercury fueron víctimas de la homofobia en su tiempo, y un saludo a una época más venturosa en ese sentido.

En el 2002, Evo Morales también fue bastante pedestre ante la misma pregunta que se le hizo a Manfred, contestó que en el mundo aymara no había homosexualidad, ( algo que era cierto en algún sentido, pero que solo reflejaba la profunda homofobia de esa arcaica sociedad).

Si bien al inicio de su gobierno Morales mantuvo esa postura, y “su” constitución la refleja, (recordemos que retrocedimos en cuanto a los derechos homosexuales en relación al matrimonio, porque en la constitución anterior, no hubiera habido impedimento para implementar el matrimonio entre personas del mismo sexo, algo que cambió en el año 9. 

Mas allá de eso, a las postrimerías de su mandato, con un ministro abiertamente homosexual en su gabinete, (el primero en la historia de Bolivia), las cosas también cambiaron.

El gesto de Manfred Reyes Villa va con los tiempos, no es una novedad, hace 22 años el entonces vicepresidente y presidente nato del Congreso, Carlos Mesa también accedió a participar en una sesión de fotos con la familia Galán el más emblemático grupo Drag de Bolivia, dando un mensaje de respeto a quienes sienten diferente y apuestan como diría la famosa Agrado de Almodovar, a ser genuinamente auténticos. 

El grito de Manfred en esa fiesta nos puede alegrar, la libertad sexual está aquí para quedarse, y si no lo creen pregúntenle al Papa. 

El autor es operador de turismo

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