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Opinión

Los ataques a la libertad

28 de Mayo, 2024
OMAR QAMASA GUZMAN BOUTIER
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Como las múltiples serpientes en la cabeza de Medusa, así se manifiestan los innumerables ataques a la libertad. Es un fenómeno global, cuyas razones se encuentran más allá de las ideologías. Las encontramos en la derecha, en la izquierda, en el fanatismo religioso islámico y en el nacionalismo imperial ruso o chino. Estos ataques no surgieron en forma espontánea; al contrario, son el resultado de un largo proceso de maduración y ahora cada una de las razones de esos ataques han coincidido en el tiempo. 

Los diversos ataques a la libertad se manifiestan a través de distintas formas. Esta diversidad no solamente se refiere a los atacantes, sino también a la complejidad que encierra la noción misma de “libertad”. Por tanto, abordaremos el problema separando la acción (el ataque), del objeto (la libertad), antes de volverlos a reunir en las conclusiones. 

Comencemos diciendo que el espacio en el que nacieron los ataques a la libertad se halla distribuido en distintas áreas geográficas. En principio se observa que estos ataques se presentan en Estados Unidos (EEUU), Europa, América Latina, África, Asia; es decir, en todo el globo. Desde el punto de vista social, se originan en las oligarquías, en las clases subalternas, en las clases medias. Hay que tomar esta generalidad como la de un abanico de mixturas y no como una unidad. Ideológicamente, como habíamos adelantado, el problema atraviesa todas las ideologías. 

De la misma manera, las causas que las provocaron son variadas. Así, encontramos causas socio-económicas, como notoriamente puede observarse en Latinoamérica. En este continente, la histórica brecha socio-económica ha impulsado la irrupción de las clases subalternas en el ámbito central del poder, rebasando las débiles estructuras institucionales democráticas, en términos de la desinstitucionalización de estas últimas. Las causas ideológicas pueden observarse claramente en los sectores oligárquicos, representados por Trump (EEUU), Milei (Argentina) o Bolsonaro (Brasil). Por su parte, las causas religiosas tienen en el islamismo su mejor expresión. Aquí no deberíamos sólo referirnos al islamismo en su lugar de origen (África), sino también al presente en Europa dada la masiva migración africana, facilitada por la política de “puertas abiertas”, adoptada por la mayoría de los países europeos. Finalmente tenemos las causas geopolíticas, ejemplificadas por el sangriento desconocimiento al derecho internacional (o sea, a la libertad de los Estados), por parte de la dictadura de Putin o el totalitarismo chino y sus amenazas a la soberanía de la ciudadanía de Taiwán.

Esa diversidad origina, a la vez, distintas formas de ataque a la libertad. Las más evidentes son la guerra de Putin, las dictaduras latinoamericanas (venezolana, nicaragüense y cubana) y el despliegue militar chino en torno a Taiwán. Pero también debe considerarse entre estas agresiones, a las “democracias autoritarias”; formas en las que coinciden, más allá de las diferencias ideológicas, Javier Milei (Argentina) y Luis Arce (Bolivia). 

En todo ello, lo común es el cercenamiento del ejercicio de los derechos, así como la destrucción de las instituciones correspondientes. Se comprende que la libertad supone el ejercicio de tales derechos y con ello, la preservación de la dignidad humana. Esto quiere decir que libertad, derechos y dignidad son elementos de la potestad soberana del ser humano, en una sociedad civilizada. 

Con ello entramos al tema de la composición de la libertad. Imaginemos a la libertad como un arco, en una de cuyas puntas se encuentran las libertades individuales y en la otra, las libertades colectivas; correlativamente, añadamos, los derechos individuales y los derechos colectivos. (Esta metáfora, en realidad, la tomamos del ensayo del Dr. Luis H. Antezana, referido a los procesos ideológicos en Bolivia, 1935 – 1979; quien a su vez se inspiró en el trabajo de Jean-Pierre Faye, en torno a los lenguajes totalitarios.) 

Cada punta activa diferentes dispositivos, con los que la libertad resulta cuestionada. Así, por ejemplo, en la punta de las libertades individuales, su relación con las libertades colectivas se manifiesta por medio del sobredimensionamiento de las libertades individuales, provocando el virtual desconocimiento a las libertades colectivas. Se trata de una “fuga”, ante las demandas colectivas. Éstas, a su vez, desde su punta, tienden a rebasar la libertad misma, en lo referido al componente individual. Aquí hablaríamos no de una fuga sino de un “rebalsamiento”; algo que también lesiona a la libertad como tal. 

En todos los casos, la libertad resulta cuestionada, tanto en su carácter individual como en su carácter colectivo, porque es una parcialidad la que termina sobreponiéndose y por medio de ello, se impone a la totalidad social. De esa forma, no únicamente se anulan las libertades individuales, sino se destruye la libertad como un todo, por cuanto se la priva de la constitución de una voluntad general a partir del acuerdo que las voluntades individuales pudieran alcanzar. Se priva al individuo de la potestad de autodeterminarse (que es el sentido último de la libertad), en el marco del respeto al derecho, que respalda a la voluntad general alcanzada. 

Lo que se encuentra en disputa, por parte de los gobernantes, por la sociedad y por los sistemas de representación política, es la capacidad que emerge de esa potestad. La muestra más evidente de esa disputa está dada por la invasión rusa a Ucrania, aunque no menos evidente resultan las dictaduras de Cuba, Venezuela o Nicaragua, al igual que los Estados islámicos. Todos ellos disputan a las sociedades el derecho al ejercicio de la libertad. Pero también están, dijimos, los gobiernos formalmente democráticos, como el de Argentina o el de Bolivia, que cercenan la libertad por medio del atropello, el engaño y el escamoteo a los derechos. 

Al margen de los gobiernos, en la disputa a la libertad, tenemos -por más sorprendente que suene-, a sectores de la propia ciudadanía. Trump, Milei o el MAS, representan a esos sectores ciudadanos. Aquí hablamos de sociedades divididas, en definitiva, no por ideologías o credos religiosos, sino en torno al principio de la libertad. Esta primera conclusión no encubre el hecho que la afectación a la libertad conlleva diversos grados de la agresión, desde los más evidentes hasta los más encubiertos. 

Está claro, finalmente, que la experiencia histórica que vive el mundo en esta materia, demanda la recreación conceptual de la noción “libertad”, para posibilitar la complementación de sus dos puntas. Sin el cumplimiento de esta obligación en el ámbito teórico, es no sólo inútil sino riesgoso intentar reformas de los sistemas institucionales de la democracia, para fortalecer el ejercicio de los derechos y la vigencia de la libertad. 

El autor es sociólogo y escritor