Opinión

8 de agosto de 2018 12:47

2019, año para el suicidio político


El suicidio político está llamando a las puertas de Bolivia y algunas de sus potenciales víctimas, contra lo que dicta la más elemental razón democrática, empiezan a pugnar con incomprensible entusiasmo por dar el paso definitivo a su expiración.

En un caso, se trata claramente de que aquellos que se han declarado “dueños de la fiesta del poder” ansían prolongar los placeres conseguidos en un carnaval que imaginan  interminable so pretexto de que están divirtiendo a todo el pueblo. En el otro, están más bien quienes le temen al siempre incierto futuro y se encuentran a punto de aferrarse a lo que creen puede ser una posibilidad de abandonar la periferia.

Penosa situación la de ambos, incapaces de comprender que el que avizoran como el momento de su resurgimiento será más bien, en las condiciones actuales, el que precipite su ruina, pues no va a ser otro el alcance práctico del engañoso proceso electoral que el oficialismo pretende llevar adelante en 2019, contra viento y marea, y que ciertos personajes de la “oposición” parecieran deseosos de legitimar a la mayor brevedad posible.

El gobierno del llamado “Movimiento al Socialismo” mantiene hasta ahora su convencimiento –tozudez, se diría– respecto a que su candidato ha sido habilitado en buena ley y que sólo resta que entren en escena sus eventuales contendores y se proceda a efectuar la convocatoria correspondiente. Ese diseño da por descartado que el Tribunal Supremo Electoral simplemente se sumará a las genuflexiones de los demás órganos del Estado, lo que hoy convierte a esta instancia en el último reducto de la legalidad posible y creíble.

El grupo gobernante no tiene conciencia en absoluto de que ya violó la Constitución y se muestra predispuesto a volver a quebrantarla todas las veces que le sea necesario. Se le ha olvidado que la ciudadanía le viene pasando factura desde el “gasolinazo” y la represión anti-indígena de 2010-2011, hechos que iluminaron a tiempo el verdadero carácter del esquema político que reditúa con la figura y el discurso que fabricó para Evo Morales.

A su vez, miembros de algunas organizaciones políticas que en más de una década no lograron consistencia, incidencia ni proyección, así como no pocos de sus allegados, buscan persuadir(se) sobre que la fórmula para salvar la democracia y a sí mismos sería participar en los comicios presidenciales que debiera haber el próximo año.

Estos dos sectores de suicidas coinciden, además de en la intención de auto-eliminarse, en la idea de que si no van a las elecciones habrán cometido el mayor error político de sus vidas; lo cierto, empero, es que el país se halla en una situación en la cual los hechos están por ocurrir justamente a la inversa.

Si el gobierno persiste en una cuarta ilegal e ilegítima posibilidad de reelección de su candidato consumará su máximo desprecio por la soberanía popular y la Constitución, en tanto que si los otros se someten a ese aciago juego serán cómplices del mayor atropello registrado en democracia contra la democracia. Tales hechos, por supuesto, nada más acelerarán la transición ya iniciada y que advierte con la expulsión de oportunistas y traidores.

Así, mientras la ciudadanía sabe que las circunstancias no corresponden a las del “error venezolano” (elecciones legales con ausencia opositora) y observa el riesgo de estar muy cerca del “error nicaragüense” (oposición participante en una votación amañada), los suicidas escriben con gran afán sus cartas de despedida.

Erick R. Torrico Villanueva es especialista en Comunicación y análisis político.