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20 de julio de 2020 16:29

Jim Humble, pasó de buscar oro a crear una "iglesia" del dióxido de cloro como cura "milagrosa"

Se autonombró “obispo” y con el pasar del tiempo propició la apertura de sedes de su iglesia en diversas partes del mundo, sobre todo en Latinoamérica, donde para su mejor despliegue se carecen de leyes específicas de medicamentos o sanciones.

IMG_6625-e1441113095657 Jim Humble, esparció el discurso que el dióxido cura más de 120 enfermedades. Foto. RRSS
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La Paz, 20 de julio (ANF).- Jim Humble es un nombre para muchos desconocido, pero se trata del primer hombre en difundir por el mundo que el dióxido de cloro es capaz de curar diferentes enfermedades, incluso el cáncer y el autismo. Lo llamó la “cura milagrosa”. 

Este norteamericano trabajó en el área de minería buscando oro. Su versión y discurso sobre el dióxido generó tal credulidad en la gente que en algunas regiones, particularmente de Sudamérica, como en Bolivia, usan este producto industrial como alternativa de tratamiento del coronavirus (Covid-19).

“El dióxido de cloro se está usando desde hace bastantes años como un medicamento, pero es un reactivo industrial, así que difícilmente va a curar una enfermedad, y menos oxigenar las células, como dicen. Después de tantos años no existe aún una investigación científica que demuestre alguna efectividad”, dijo en entrevista con ANF, el científico y médico boliviano, Roger Carvajal.

De acuerdo a su libro The Miracle Mineral Solution of the 21st Century (La solución mineral milagrosa del siglo XXI), en 1996, Humble, con conocimientos en minería, fue contratado para extraer oro de unas minas en Guyana.

Y al igual que ocurre en toda operación minera, durante este trabajo en las selvas tropicales parte de sus trabajadores enfermó de malaria. En el lugar no se contaba con medicinas o atención médica; lo único que tenía era una sustancia conocida en ese momento como “oxígeno estabilizado”, que llevaba siempre en sus viajes para potabilizar el agua.

Este elemento del oxígeno estabilizado era clorito de sodio, que, al ser desestabilizado, se convierte en dióxido de cloro, pero él asegura en su libro que en ese momento no lo sabía. Así que se lo dio de beber a los enfermos. Y, pocas horas más tarde, afirma que sanaron.

Comenzó así el discurso de lo que denominaron “el descubrimiento del mineral milagroso”.

El dióxido se convirtió en una “religión”

Había descubierto un “mineral milagroso”, dijo. Y al hablar de un “milagro”, hizo lo que muchos hacen, convirtió el negocio del dióxido de cloro en una religión de la salud integral y le  llamó “Iglesia de Salud y Sanación Génesis II”.

Escritores y periodistas  que han investigado acerca de esta iglesia aseguran que Jim Humble la fundó para evitarse líos con las autoridades norteamericanas: “al ser una iglesia –con sede, además, en República Dominicana–, podía ofrecer el clorito de sodio como un ‘sacramento’ a sus fieles sin problemas. Para darle mayor misticismo al asunto”, detallan algunos de los textos periodísticos de esos años.

Se autonombró “obispo” y con el pasar del tiempo propició la apertura de sedes de su iglesia en diversas partes del mundo, sobre todo en Latinoamérica, donde para su mejor despliegue se carecen de leyes específicas  de medicamentos o sanciones.

Y al igual que las iglesias, el pastor fue “evangelizando” con este “medicamento” y multiplicando sus voces de defensa y promoción para su uso ante enfermedades, sin tener hasta hoy un estudio científico comprobado.

Pasaron solo unos meses para que su iglesia proclame que la Solución Mineral Milagrosa (MMS, por sus siglas en inglés) podía curar más de 120 enfermedades, entre ellas el cáncer, la diabetes y el autismo; hoy, este mismo grupo enarbola el elemento como la “esperanza” de sanación del coronavirus (Covid-19).

En medio de la desesperación, sistemas de salud colapsados, desatención de autoridades y los índices de letalidad, en Bolivia se comenzó a utilizar este producto como tratamiento para la enfermedad.

Seguidores de Jim Humble  y el otro “gurú” del dióxido, Andreas Kalcker, implementaron en Bolivia mecanismos de promoción e incentivo de este producto industrial, que con éxito logró incluso que medios de comunicación y universidades lo cataloguen como medicamento efectivo.

A esto se unieron comunicadores, autoridades, y representantes de sectores sociales para pedir al Estado que se incorpore el dióxido en los protocolos de atención contra el Covid-19, algo que no ocurre en otros países de la región.

Recientemente, el Ministerio de Salud advirtió que los promotores de estos procedimientos “experimentales y no científicos” serán procesados por atentar contra la salud pública.

//CSC



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